Comparto una nota muy linda por Camilo Genta publicada en la pagina de la Iglesia Católica De Montevideo
Digamos la verdad, no conocía nada sobre el Padre Martín Lasarte.
Apenas un par de artículos, un par de fotos antes de reunirme con él y
poca cosa más. Ah sí, sabía que era salesiano y que había compartido
parte de su etapa de noviciado con el Cardenal Daniel Sturla. Nada más.
Por eso en la mañana de aquel jueves en la entrada del Colegio Juan
XXIII la espera se me hizo larga. Las recepcionistas no lo encontraban:
que estaba con unos jóvenes, que lo vieron en una clase, que estaba
dando una charla, en concreto nada… y los minutos pasaban. Hasta que
desde una de las puertas que da al patio, una cara sonriente me sale al
encuentro. Ante tal recibimiento cualquier rastro de impaciencia se
disipó, y he aquí la primera nota de este sacerdote salesiano misionero:
la sonrisa.
Me hizo pasar por el patio que estaba desierto en ese momento (algo
extraño en un colegio salesiano pensé) buscando un salón para poder
conversar tranquilos. Todo esto a una velocidad considerable y mientras
nos íbamos presentando, segunda nota: no pierde el tiempo. Comenzamos
hablar, prendo el grabador y largo la primera pregunta, de ahí en más
casi 50 minutos de experiencias de un misionero en África, pero sobre
todo de un sacerdote que entregó toda su vida a Dios. Tercera nota: toda
experiencia es lugar de encuentro con Jesucristo.
El clima de familia
“Todo comienza con la familia”, así explica el Padre Martín su
vocación. Una familia muy católica, ya desde sus abuelos, que le van
dando sus primeras “semillas de vida cristina”. Luego de pasar por los
Maristas en primaria y secundaria, el bachillerato lo realiza en el
Colegio Juan XXIII, “no por grandes aspiraciones religiosas, sino porque
mis hermanas venían acá”, relata. Y continúa “Un colegio de moda,
chicas bonitas, motivaciones muy profundas”, bromea. Y destaca :“Pero
realmente me impactó mucho el clima de familia, la personalización, la
presencia de los salesianos con los jóvenes”.
Reconoce en ese acompañamiento al Padre Felix Irureta “Un hombre muy
simple… El primer día que llego, ya en la puerta me saluda :“Martín,
¿cómo estás?”. Ya sabía todos los nombres, ya se había estudiado todas
las caras, las fotos, todo ese tipo de detalles de presencia con los
jóvenes” y además “tenía una gran profundidad espiritual ”.
Su vida como religioso no era tan clara; antes de entrar al colegio
“Ni sabía lo que eran los salesianos”. Pero, nuevamente, las
experiencias no son en vano “Justamente en el primer año pierdo a mi
padre, pero también desde el colegio encuentro eso de Don Bosco esa
paternidad de los salesianos. Son todos elementos que van marcando
mucho”. Entonces, el momento decisivo: “ya en 6° año estaba haciendo
ingeniería y llega un misionero Milan Zednicek que todavía está en
Angola, y se hace una invitación para ir a las misiones. Ahí se despertó
en mí un gran entusiasmo y comenzó todo un proceso”. El Padre Lazarte
deduce que “ Tú le vas dando la mano a Dios, y Dios te va agarrando
todo”, y sonríe nuevamente.
De esperas y concreciones
“En mí primero se despertó esa pasión por África y después entré en
la congregación. Luego comencé con la formación”, dice el Padre Martín.
Ya en la formación como salesiano “comenzamos esa experiencia linda,
cuando estábamos en el noviciado con Daniel Sturla y Joselo, en el
movimiento Tacurú. Después hice el tirocinio en Talleres Don Bosco, una
experiencia muy linda de dos años duros, con los pupilos. De mis alumnos
en los talleres ahora hay tres salesianos, una experiencia hermosa”.
Su espera cada vez se hacía más larga “yo siempre estaba esperando
para irme de misión y la cosa no venía, hasta que en el periodo que
debía estudiar teología me tocó hacerlo en Brasil (aunque empecé aquí en
Uruguay y la terminé en Roma), precisamente para estudiar el
portugués”. Tuvo que ser paciente para que “luego ya como diácono me
mandaran, ahora sí, para Angola”.
Era un momento muy difícil para ese país que estaba en medio de una
guerra que duró 27 años, pero el padre Lasarte cuenta cada momento, cada
experiencia, como una realidad que le permite acercarse a Dios y a su
vez trasmitirlo a los demás. “Me acuerdo que cuando llegué comíamos una
vez por día, estábamos en Lwena, al este de Angola, una ciudad sitiada
por la guerrilla. En ese momento el comunismo era muy duro.
Interrogatorios en cualquier momento, porque pensaban que uno podía ser
un espía sudafricano y además muchas restricciones”, rememora.
No quedarse quieto
Luego de un periodo en Roma para estudiar Sagradas Escrituras regresa
a Luanda, capital de Angola, para pocos meses después volver a Lwena ya
como párroco. Allí “me tocó el final de la guerra; atender los campos
de desplazados internos, que la gente durante la guerra se iba junto a
la ciudad para recibir ayuda humanitaria. Trabajábamos con las Naciones
Unidas, con el plan Alimentar. Ya terminada la guerra teníamos también
otros dos problemas: los campamentos de los ex militares de las
guerrillas con sus familias (miles de personas en esos acuartelamientos)
en un trabajo humanitario y pastoral”.
La
zona donde trabajaba, su parroquia, tenía una extensión de 90000
kilómetros cuadrados y la población católica era apenas del 5%. Ante esa
realidad “teníamos que cortar los árboles, hacer puentes en los ríos.
Una experiencia muy linda de fundar comunidades rurales y en Lwena, la
capital de la provincia de Moxico, muchas actividades (proyectos de
saneamiento y agua, formación profesional, una red de escuelas,
alfabetización, etc.)”. Como si fuese algo de todos los días, una tarea
más, comenta “había que hacer una reconstrucción del país”.
De allí volvió a la capital angoleña, Luanda. Trabajó con “la
pastoral juvenil, en las escuelas, enseñando en el seminario, acompañar
al voluntariado (siempre teníamos unos 30 o 40 voluntarios
internacionales). La pastoral salesiana en Luanda tenía mucha vitalidad,
algunas parroquias tenían 5000 o 6000 chicos en la catequesis, grupos
juveniles con 1600 o 2000 jóvenes”. Pero para el Padre Martín trabajar
en la “pastoral universitaria y darle un sentido de transformación del
país, desde el punto de vista profesional de estos jóvenes” fue muy
gratificante.
Allá y acá
Le pregunto sobre los cambios, como es la sociedad angoleña respecto a
la nuestra, su fe, su forma de encarar la vida. “Me acuerdo que cuando
llegué, en el año 90, me paran los militares con ametralladoras que era
una cosa muy común. Y uno de los militares me dice: “Padre, ¿tiene un
Rosario?” Un pueblo profundamente religioso, entonces el primer choque
es la religiosidad profunda de ese pueblo”. No puede evitar la
comparación con nuestra realidad “una cosa que choca al llegar es cómo
se habla de religión, el conductor del taxi te habla de la Iglesia a la
que va como la cosa más natural. Aquí tenés que dar una vuelta “bueno,
vamos a tocar el tema de la trascendencia… y no sé qué” y allá, a lo
lejos, tirar alguna palabrita”.
Otro elemento es la alegría. En ese momento se descuelga con la
siguiente frase “una cosa es sufrir y otra cosa es ser triste”. Y no
puedo evitar reflexionar sobre la fe de este hombre, que tuvo que
enterrar tanta gente, que vio a un país destruido, que seguramente lloró
viendo inenarrables situaciones, y que te recibe con una sonrisa. Y no
puedo evitar reflexionar sobre nuestra fe, nuestra forma de vivir
nuestra cotidianidad, como mucho con una mueca. Entonces como una
bofetada lo escucho decir “justamente una característica de nosotros los
rioplatenses es la tristeza: el síndrome del tuvimos y eramos. La
nostalgia, el pesimismo, el “y bueno…”. Te encuentras con una cultura en
el sufrimiento, el hambre, la persecución, la muerte; pero con una
capacidad de sonreír, llena de niños, de jóvenes, con un porcentaje
enorme de gente joven. Se respira esperanza, futuro”.
También le pregunto por los desafíos terminada la guerra hace ya unos
años, y el Padre Lasarte me habla de nuevos desafíos, tal vez aún
peores que la guerra. “El tema de la invasión de sectas (tema que se da
también en América Latina), la manipulación religiosa y claro el tema de
las familias destrozadas por la guerra, que condicionan mucho el tema
de la evangelización actualmente”, y a estos que ya de por sí darían
para mucho se suma el consumismo. “Después que terminó la guerra, el
país tenía tasas de crecimiento anual del 18%: las más altas del mundo.
Entonces como en todo lugar, empieza el bienestar, uno ya empieza a
pensar en otras cosas: cosas lícitas y cosas que son de estricto
consumismo” nos comenta.
La misión es en todo lugar
Me quedaban pocos minutos y le pido que me cuente que experiencias de
Angola nos pueden venir bien aquí: “una experiencia muy linda del
catecumenado y un gran itinerario de la fe. Se hace un buen camino de
catecumenado para adultos son cuatro años de preparación antes de
recibir los sacramentos”. Y subraya “el Bautismo tiene que responder a
la fe, y si falta la fe en una familia, en una comunidad; bueno, vamos a
esperar que estén dadas las condiciones. Si no se banaliza algo que es
muy precioso”.
Además el Padre Martín comentó que “otra experiencia, al menos
nuestra salesiana, es el asociacionismo juvenil. Cuando los jóvenes
están en el catecumenado, antes de recibir los sacramentos, tienen que
estar en un grupo juvenil”. Argumentó que “lo qué pasa, es que los
sacramentos de iniciación cristiana terminan siendo los sacramentos de
finalización cristiana”.
Otra es la experiencia de los laicos. El Padre Lasarte afirma que ha
“conocido comunidades que durante más de treinta años no conocieron
sacerdotes; estaba la fe en la comunidad, estaba en las celebraciones
del domingo, estaba en los bautismos. ¿Por qué? Porque estaban los
catequistas, y los catequistas en África son una especie de diáconos
permanentes de la comunidad, es el laico que la anima, la reúne para
rezar. Es el protagonismo de los laicos en la evangelización. Lástima
que se recogen pocos testimonios y se escribe poco. Pero los testimonios
de santidad, de martirio, de fe” son enormes.
No se deja de asombrar de la centralidad de la familia en la realidad
africana: La eclesiología africana es la Iglesia familia. Justamente en
un contexto donde uno oye familia “y bueno, es un concepto cultural
variable, que depende de mi opciones”. Precisamente el concepto de
familia es la base de todo en África, la familia alargada más que nada”.
Por último resume. “El gran problema de la Iglesia muchas veces no es
el secularismo que ataca de afuera, sino la Iglesia secularizada; el
mal mayor es ese, nosotros mismos que no creemos en nuestras riquezas.
Pedimos perdón por tener que anunciar el Evangelio, tenemos que dar
cuarenta vueltas tartamudeando para decir algo de la Iglesia o de Dios”.
Suena el timbre del recreo, es como la señal: fin de la entrevista.
Le agradezco por el tiempo, me saluda como si nos conociéramos de toda
la vida, y no dudo que de alguna forma sea así. Con una sonrisa se
ofrece para acompañarme hasta la entrada, pero veo que es muy requerido y
enfilo solo hacia la puerta. Doy tres pasos y veo hacia atrás solo para
corroborar una sospecha: el Padre Martín ya se perdió entre la multitud
de jóvenes con una sonrisa, sin perder un segundo, buscando una nueva
experiencia de encuentro con Jesús.
Enlace
http://icm.org.uy/coraje-anunciar-siempre/