DÍA 14 DE
AGOSTO
| . | SAN
MAXIMILIANO MARÍA KOLBE . Nació cerca de Lodz
(Polonia) en 1894. Ingresó en los Franciscanos Conventuales,
estudió en Roma y allí recibió la ordenación
sacerdotal. Pronto, encendido en el amor a la Madre de Dios, fundó la
asociación «Milicia de la Inmaculada» que propagó con
entusiasmo con varias publicaciones y a cuyo servicio fundó la
«Ciudad de la Inmaculada». En 1930 marchó como misionero a
Japón, donde se esforzó por extender la fe cristiana bajo el
patrocinio de la misma Virgen Inmaculada. Vuelto a Polonia en 1936,
intensificó la publicación y difusión de revistas
marianas. Desencadenada la II Guerra Mundial, fue detenido por los nazis e
internado en el campo de concentración de Oswiecim o Auschwitz
(Cracovia, Polonia), donde lo destinaron a un trabajo tan penoso como el de
trasportar cadáveres al crematorio. Y allí murió el 14 de
agosto de 1941, tras haberse ofrecido voluntariamente a sustituir a un padre de
familia condenado a la muerte por hambre. Juan Pablo II lo canonizó en
1982 y decretó que se le venerase también como mártir.-
Oración : Oh Dios,
que al mártir san Maximiliano María Kolbe, apóstol de la
Inmaculada, le llenaste de celo por las almas y de amor al prójimo;
concédenos, por su intercesión, trabajar generosamente por tu
gloria en el servicio de los hombres y tener el valor de asemejarnos a tu Hijo,
incluso hasta en la muerte. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén. SANTOS DOMINGO IBÁÑEZ DE
ERQUICIA y FRANCISCO SHOYEMON. Son dos mártires dominicos, el
primero español y el segundo japonés, que sufrieron en Nagasaki
(Japón), el 14 de agosto de 1633, el tormento de la hoya y la horca:
colgados por los pies, con los cuerpos pendientes e inmovilizados, quedaban sus
cabezas metidas en una hoya llena de inmundicias nauseabundas que los iban
asfixiando lentamente. Domingo nació en Régil
(Guipúzcoa, España) el año 1589. De muy joven
ingresó en los Dominicos, se ofreció para ir a las misiones de
Oriente y en 1611 se embarcó para Filipinas. Allí recibió
la ordenación sacerdotal y estuvo trabajando hasta que, en 1623,
marchó a Japón, donde desarrolló su apostolado en la
clandestinidad y en medio de grandes peligros por la persecución a que
estaban sometidos los cristianos. Este ministerio duró diez años,
pues a mediados de 1633 fue arrestado y luego martirizado. Francisco era
un cristiano japonés que se unió al P. Domingo como catequista y
compañero en su trabajo misionero. Lo arrestaron por ser colaborador de
los misioneros. En la cárcel pidió al P. Domingo que lo admitiera
en la Orden como hermano lego, y quedó inscrito como novicio.
Compartió la suerte de su padre espiritual. BEATO SANTOS BRANCORSINI DE MONTEFABBRI.
Nació en Montefabbri (Urbino, Italia) el año 1343. Recibió
una esmerada educación. Inició la carrera militar siguiendo las
costumbres de aquel tiempo y la familia lo envió a Urbino para que
estudiara jurisprudencia. Una riña casual con un amigo íntimo
originó un incidente de armas y en legítima defensa hirió
al amigo, que luego murió. Este hecho le llevó, el año
1362, a abrazar la vida religiosa en la Orden franciscana como hermano lego.
Pronto destacó por su vida y virtudes, su oración y su
penitencia, por lo que los superiores le confiaron la formación de los
novicios laicos. Además ejerció el oficio de limosnero y de
cocinero. De él se cuentan muchas anécdotas y hechos maravillosos
en favor sobre todo de los pobres y enfermos que acudían al convento.
Profesó una singular devoción a la Eucaristía y a la
Virgen. Murió el 14 de agosto de 1394 en el eremitorio de Scotaneto
(Mombaroccio, Marcas). BEATA
ISABEL RENZI. Nació en Saludecio (Emilia-Romaña, Italia) el
año 1786. A los nueve años entró en el monasterio de
clarisas de Mondaino como educanda y más tarde profesó en las
agustinas de Pietrarubbia. Cuando Napoleón suprimió los conventos
en 1810, volvió a su casa. En 1824 entró a trabajar en el
«Conservatorio» de Coriano, una escuela para la educación de
las muchachas más pobres. Hubo un intento de unir el Conservatorio con
la obra de las Canosianas, y santa Magdalena de Canosa visitó Coriano,
pero ésta misma aconsejó a Isabel que siguiera al frente del
Conservatorio. A partir del mismo fundó Isabel en 1828 la
Congregación de las Maestras Pías de la Dolorosa y puso todo su
empeño en que las niñas pobres recibieran en las escuelas una
formación humana y catequística. Isabel dedicó el resto de
su vida a la formación de sus hermanas y a la consolidación de su
instituto. Murió en Coriano el año 1859. BEATOS BERNARDO DE VISANTOÑA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES,
Capuchinos. El 21-VII-1936, al inicio de la persecución religiosa en
España, los milicianos asaltaron el convento capuchino de Gijón
(Asturias) y detuvieron a sus religiosos. El 14 de agosto de 1936,
después de 24 días de dura prisión, en la que los frailes rezaron y
consolaron a sus compañeros de infortunio, los llevaron al cementerio de
Jove (Asturias) y los fusilaron mientras ellos gritaban: «¡Viva Cristo
Rey!», «Os perdonamos». Después rociaron con gasolina los cadáveres y
les prendieron fuego; al enterrarlos echaron cal sobre ellos. Bernardo de Visantoña
nació en Visantoña (La Coruña) en 1878. Hizo su primera profesión en
1901. Después de su ordenación sacerdotal en 1909, lo !
enviaron a Roma para ampliar estudios. A su regreso, se dedicó a la
docencia en sus casas de formación y ejerció cargos de autoridad,
incluido el de superior provincial de Castilla de 1919 a 1922. Arcángel de Valdavida
nació en Valdavida (León) el año 1882. Profesó en 1900 y recibió la
ordenación sacerdotal en 1909. En 1912 marchó a las misiones de América
(Venezuela, Puerto Rico y Cuba). De regreso a España, enfermo de la
vista, su apostolado se limitó al confesonario. Ildefonso de Armellada
nació en Armellada (León) en 1874. Estudió en el seminario de Astorga y
se ordenó sacerdote en 1900. Dos años después ingresó en los capuchinos
y profesó en 1903. Se dedicó luego a la enseñanza y a la predicación, y
le confiaron cargos de autoridad conventual. Alejo de Terradillos
nació en Terradillos (León) el año 1874. Vistió el hábito capuchino
como hermano laico en 1906. En 1934 lo destinaron a Gijón, donde le
confiaron el oficio d!
e portero. Eusebio de Saludes nació en Salude!
s de Castroponce (León) en 1885. Profesó como hermano laico en 1908.
Estuvo en Cuba de 1919 a 1927. Grandemente imposibilitado para el
trabajo, regresó a España. Cuando lo detuvieron, yacía en un jergón sin
poder apenas sostenerse de pie. Beatificados el 13-X-2013. [Más información]
* * *
San Antonio Primaldo y
compañeros mártires, también llamados
«Mártires de Otranto». El verano de 1480, las tropas
turcas se presentaron ante el puerto de Otranto (Apulia, Italia) y asaltaron la
ciudad; murieron el arzobispo y multitud de sacerdotes, religiosos y seglares.
Vencida la ciudad, el general turco hizo que le presentaran a los varones
mayores de 15 años, que fueron en total unos 800. Les conminó a
abrazar el Islam con amenazas de muerte o, por el contrario, grandes promesas.
Capitaneados y exhortados por Antonio Primaldo, un anciano de oficio tejedor,
todos se mantuvieron firmes en su fe en Cristo y fueron decapitados. Esto
sucedía el 14 de agosto de 1480. Canonizados el año 2013.
San Arnulfo de Soissons.
Nació en Flandes hacia el año 1040 y, siguiendo su
tradición familiar, abrazó la carrera militar. Más tarde
abandonó las armas y el mundo, y se hizo monje en el monasterio de
Soissons, del que sería elegido abad. En atención a sus talentos
y virtudes, el Concilio de Meaux lo nombró obispo de Soissons el
año 1080. En su tarea episcopal se esforzó en buscar la paz y la
concordia. Murió el año 1087 en el monasterio de Oudenbourg que
él mismo había fundado años antes.
San Eusebio de Roma. Clérigo
romano que fundó la basílica que lleva su nombre en el monte
Esquilino de Roma.
San Fachanan (o Fachtna). Obispo y
abad de Ross (Irlanda) que fundó en este lugar un monasterio,
célebre por la enseñanza de las ciencias divinas y humanas. Su
vida se sitúa en el siglo VI.
San Marcelo de Apamea. Obispo de
Apamea en Siria, que fue martirizado el año 390 por los paganos
enfurecidos porque había destruido un templo dedicado a
Júpiter.
San Ursicino. Sufrió el
martirio en la provincia romana del Ilírico (en la actual Croacia) a
principios del siglo IV.
Beatos Antonio Primaldo y
compañeros mártires, también llamados
«Mártires de Otranto». El verano de 1480, las tropas
turcas se presentaron ante el puerto de Otranto (Apulia, Italia) y asaltaron la
ciudad; murieron el arzobispo y multitud de sacerdotes, religiosos y seglares.
Vencida la ciudad, el general turco hizo que le presentaran a los varones
mayores de 15 años, que fueron en total unos 800. Les conminó a
abrazar el Islam con amenazas de muerte o, por el contrario, grandes promesas.
Capitaneados y exhortados por Antonio Primaldo, un anciano de oficio tejedor,
todos se mantuvieron firmes en su fe en Cristo y fueron decapitados. Esto
sucedía el 14 de agosto de 1480.
Beatos Eliseo María Camargo y 3 compañeros mártires,
Carmelitas Calzados. Estos cuatro religiosos laicos pertenecían a la
comunidad de la Orden Carmelitana de Hinojosa del Duque (Córdoba). El 14
de agosto de 1936 los milicianos asaltaron por segunda vez el convento,
y allí mismo mataron a los hermanos Antonio y Pedro, mientras se
llevaban a la cárcel a los hermanos Eliseo y José María; a estos,
después de maltratarlos y vejarlos, los fusilaron aquel mismo día por la
noche en las afueras de Hinojosa. Eliseo María Camargo
nació Osuna (Sevilla) en 1887; de joven ejerció el oficio de lampista y
en 1919 hizo su primera profesión; era el cocinero del convento. José María Ruiz
nació en Osuna (Sevilla) el año 1902 en una familia humilde,
trabajadora y buena; hizo su profesión temporal en 1921; se ocupó de la
sacristía y ayudaba en la cocina. Antonio María Martín
nació en El Saucejo (Sevilla!
) en 1887 de una familia de jornaleros del campo; muertos sus padres,
abrazó la vida religiosa e hizo su primera profesión en 1926; era el
portero del convento, humilde, sencillo y servicial. Pedro Velasco
nació en Minas de Riotinto (Huelva) en 1892; de joven trabajó como
zapatero; en 1933 solicitó el ingreso en la Orden como postulante, se le
aceptó, y en esa condición le sorprendió el martirio.- Beatificados el
13-X-2013.
Beato Félix Yuste Cava.
Nació en Chulilla (Valencia, España) el año 1887.
Estudió en el seminario de Valencia y completó estudios en Roma,
donde se ordenó de sacerdote en 1910. Hizo en la Universidad Gregoriana
los doctorados en Filosofía, Teología y Derecho Canónico.
Vuelto a Valencia, trabajó en el seminario y en varias parroquias, la
última la de San Juan y San Vicente de la capital, en las que
brilló por su inteligencia y humildad. Durante la persecución
religiosa de 1936, se refugió, junto con un hermano suyo sacerdote, en
casa de otro hermano. Los anarquistas arrestaron a los dos sacerdotes, y al
día siguiente, 14 de agosto de 1936, los fusilaron en El Saler,
término municipal de Valencia.
Beato Jocundo Bonet. Nació en Tarragona el año 1875. Tuvo que
interrumpir el seminario para hacer el servicio militar en Cuba. De nuevo
en Tarragona, fue ordenado sacerdote en 1900. Ejerció el ministerio en su
ciudad natal y en Reus. Era caritativo y generoso, amante de la liturgia,
muy devoto del Sagrado Corazón y de la Virgen, atendía el confesonario,
visitaba a los enfermos, dirigía una escuela para obreros pobres. Al estallar
la persecución religiosa, rehusó ausentarse de su parroquia. El 14 de
agosto de 1936, lo detuvieron los milicianos y lo asesinaron en la carretera
de Alcolea, en Reus. Beatificado el 13-X-2013.
Beato José García Librán.
Nació en Herreruela de Oropesa (Toledo) en 1909. Fue ordenado sacerdote
el 23 de septiembre de 1933. Lo nombraron párroco de Gavilanes en 1935.
Destacó por su preparación intelectual, su bondad y su intensa vida
espiritual; visitaba con frecuencia a los enfermos y los socorría si
eran pobres. Cuando estalló la persecución religiosa, creía él que no lo
denunciarían y siguió en Gavilanes; después se refugió con su hermano
Serafín en una casa apartada del pueblo. El 14 de agosto de 1936 los dos
fueron torturados y asesinados por los milicianos en el pueblo vecino
de Pedro Bernardo (Ávila). Beatificado el 13-X-2013.
Beata María Patrocinio de San
José. Nació en Bigas (Barcelona) en 1903. A los 13
años, al fallecer su padre, dejó la escuela y se dedicó a
los quehaceres domésticos y a ayudar a sus hermanos en las faenas
agrícolas. Tuvo un noviazgo breve. En 1929, vencida la oposición
de sus familiares, ingresó en el monasterio de la Presentación de
las Carmelitas de clausura de Vic. El 21-VII-1936 tuvo que disolverse la
comunidad a causa de la persecución religiosa. Fue asesinada la noche
del 13 al 14 de agosto de 1936, cerca de la parroquia de San Martín de
Riudeperas (Barcelona), en el km 4 de la carretera de Vic a San Hilario.
Beato Mario Ros Ezcurra. Nació en Lezáun (Navarra) en 1910.
Profesó en la Congregación de los Sagrados Corazones en 1929, y,
ordenado sacerdote en 1935, lo enviaron a su colegio de Madrid para
encargarse de la sección de los pequeños, donde realizó su actividad
apostólica. Al iniciarse la persecución religiosa de 1936, se refugió en la
pensión de unos tíos suyos; allí celebraba la misa todos los días y repartía
la comunión. Detenido y apresado en la checa de Bellas Artes, declaró que
era religioso y, con toda discreción, dio la absolución a compañeros de
infortunio. Fue fusilado el 14 de agosto de 1936 a las afueras de Madrid.
Beatificado el 13-X-2013.
Beato Ricardo Atanes. Nació en Cualedro (Orense) en 1875.
Profesó en los Paúles en 1893. Ordenado sacerdote en 1899, lo enviaron a
México donde trabajó en un seminario y en la catequesis de los indios
mayas. En 1914 pasó a USA para atender a la colonia mexicana. Volvió a
España en 1924 y su último destino fue Gijón. Era un místico auténtico y
profundo; siempre destacó por su amabilidad con los pobres. En la
persecución religiosa de 1936, lo identificaron como sacerdote y lo
llevaron a una checa en la que lo torturaron sin piedad. Pasó luego a otras
cárceles. El 14 de agosto de 1936 lo fusilaron junto con otros presos en el
cementerio de Gijón (Asturias). Beatificado el 13-X-2013.
Beato Vicente Rubiols
Castelló. Nació en Gandía (Valencia, España) el
año 1874. Estudió en el seminario de Valencia y se ordenó
de sacerdote en 1894. Desempeñó el ministerio parroquial en
varios sitios hasta que en 1898 tomó posesión del curato de La
Pobla Llarga, en el que permaneció hasta su martirio. Era un hombre
bondadoso, lleno de celo apostólico, amante de la liturgia, caritativo y
limosnero, centrado en su ministerio sacerdotal. Ya antes de julio de 1936 tuvo
que dejar su parroquia al instalarse en el pueblo el Frente Popular. El 14 de
agosto de 1936 lo arrestaron unos milicianos, que lo fusilaron en el
término municipal de Picassent (Valencia) mientras él gritaba:
«¡Viva Jesús sacramentado!».
* * *
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PARA TENER EL
ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento
bíblico:
San Pablo escribió desde la
prisión a los Filipenses: -Para mí la vida es Cristo, y la
muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí
trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las
dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual,
ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne
es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me
quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de
vuestra fe (Flp 1,21-25).
Pensamiento
franciscano:
Dice el Señor en el Evangelio: El
que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo
mío; y: El que quiera salvar su vida, la perderá. Deja
todo lo que posee y pierde su cuerpo el hombre que se ofrece a sí mismo
todo entero a la obediencia en manos de su prelado. Y si alguna vez el
súbdito ve cosas mejores y más útiles para su alma que
aquellas que le ordena el prelado, sacrifique voluntariamente sus cosas a Dios,
y aplíquese en cambio a cumplir con obras lo que manda el prelado. Pues
ésta es la obediencia caritativa, porque satisface a Dios y al
prójimo (Adm 3,1-6).
Orar con la
Iglesia:
En la fiesta de san Maximiliano
María Kolbe, mártir de Cristo, oremos a Dios nuestro
Padre.
-Por la Iglesia: para que se sienta
fortalecida con el testimonio de los mártires.
-Por los que sufren persecución,
humillaciones o discriminación por su fidelidad al Evangelio: para que
salgan fortalecidos de la prueba.
-Por los que se dedican al servicio de los
demás con gran riesgo de sus vidas: para que su generosidad venza
nuestro egoísmo.
-Por las víctimas de las guerras,
del odio o del terrorismo: para que su sangre derramada no sea
inútil.
-Por todos los cristianos: para que el
testimonio de los mártires nos reconforte en las pruebas de cada
día.
Oración:
Escucha, Señor, nuestras
súplicas por la intercesión de san Maximiliano, cuya sangre
derramada por Cristo clama a ti en nuestro favor. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.
* * *
SAN MAXIMILIANO
MARÍA KOLBE
De la Catequesis de S. S. Benedicto XVI en la audiencia general del 13 de agosto de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Quien ora no pierde nunca la esperanza, aun
cuando se llegue a encontrar en situaciones difíciles e incluso
humanamente desesperadas. Esto nos enseña la sagrada Escritura y de esto
da testimonio la historia de la Iglesia. En efecto, ¡cuántos
ejemplos podríamos citar de situaciones en las que precisamente la
oración ha sido la que ha sostenido el camino de los santos y del pueblo
cristiano! Entre los testimonios de nuestra época quiero citar el de dos
santos cuya memoria celebramos en estos días: Teresa Benedicta de la
Cruz, Edith Stein, cuya fiesta celebramos el 9 de agosto, y Maximiliano
María Kolbe al que recordaremos mañana, 14 de agosto, vigilia de
la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.
Ambos concluyeron su vida terrena con el martirio en el campo de
concentración de Auschwitz. Aparentemente su existencia se podría
considerar una derrota, pero precisamente en su martirio resplandece el fulgor
del amor que vence las tinieblas del egoísmo y del odio.
A san Maximiliano Kolbe se le atribuyen las
siguientes palabras que habría pronunciado en el pleno furor de la
persecución nazi: «El odio no es una fuerza creativa: lo es
sólo el amor». El generoso ofrecimiento que hizo de sí en
cambio de un compañero de prisión, ofrecimiento que
culminó con la muerte en el búnker del hambre, el 14 de agosto de
1941, fue una prueba heroica de amor.
«¡Ave María!»: fue
la última invocación salida de los labios de san Maximiliano
María Kolbe mientras ofrecía su brazo al que lo mataba con una
inyección de ácido fénico. Es conmovedor constatar que
acudir humilde y confiadamente a la Virgen es siempre fuente de valor y
serenidad. Mientras nos preparamos a celebrar la solemnidad de la
Asunción, que es una de las fiestas marianas más arraigadas en la
tradición cristiana, renovemos nuestra confianza en Aquella que desde el
cielo vela con amor materno sobre nosotros en todo momento. Esto es lo que
decimos en la oración familiar del avemaría, pidiéndole
que ruegue por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte».
Saludo cordialmente a los peregrinos de
lengua española. Os invito a contemplar con fervor el testimonio de San
Maximiliano María Kolbe. Siguiendo sus huellas, acoged con humildad la
Palabra de Jesucristo, meditadla cada día y llevadla a la
práctica con valentía y constancia. A ejemplo suyo
también, poneos bajo el dulce amparo de la Virgen María, rezando
el Santo Rosario y confiando siempre en su amor de Madre. Que Dios os
bendiga.
(A los peregrinos polacos) Mañana se
celebra la memoria de san Maximiliano María Kolbe. El acto de amor
heroico y la muerte del mártir será siempre signo del triunfo de
la fuerza de Dios y la nobleza del hombre sobre la inmensidad del mal. Pidamos
por su intercesión el don de la paz en el mundo. Que Dios os bendiga a
vosotros y a vuestras familias.
* * *
EL IDEAL DE LA VIDA
APOSTÓLICA
ES LA SALVACIÓN Y SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS De las cartas de san Maximiliano María Kolbe
Me llena de gozo, querido hermano, el celo
que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se
da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo
diverso, no sólo a los laicos, sino también a los religiosos. Con
todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas
limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece,
esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la
mayor gloria posible.
La gloria de Dios consiste en la
salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su
muerte en la cruz. La salvación y la santificación más
perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime
de nuestra vida apostólica.
Cuál sea el mejor camino para rendir
a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el
mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque
él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y sólo
él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para
rendirle la mayor gloria posible. ¿Y cómo nos manifiesta Dios su
propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra.
La obediencia, y sólo la santa
obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores
pueden equivocarse pero nosotros, obedeciendo, no nos equivocamos nunca. Se da
una excepción: cuando el superior manda algo que, con toda claridad y
sin ninguna duda, es pecado, aunque éste sea insignificante; porque, en
este caso, el superior no sería el representante de Dios.
Dios, y solamente Dios infinito, infalible,
santísimo y clemente, es nuestro Señor, nuestro creador y Padre,
principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea
él vale tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo,
redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación.
Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra,
nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia sí y quiere, por medio
nuestro, atraer el mayor número posible de almas y unirlas a sí
del modo más íntimo y personal.
Querido hermano, piensa qué grande
es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por
medio de la obediencia, nosotros nos alzamos por encima de nuestra
pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más
aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no
puede resistir ninguna criatura, nos hacemos más fuertes que todas
ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la
obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos.
Éste y sólo éste es el
camino de la sabiduría y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la
mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor, Jesús nos
lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta años de
su vida escondida son descritos así por la sagrada Escritura: Y les
estaba sujeto. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda
de Jesús, leemos con frecuencia en la misma sagrada Escritura que
él había venido a la tierra para cumplir la voluntad del
Padre.
Amemos sin límites a nuestro buen
Padre: amor que se demuestra a través de la obediencia y se ejercita,
sobre todo, cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro
más bello y auténtico donde se puede aprender y profundizar este
amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho más fácilmente
de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la
economía de la misericordia.
La voluntad de María, no hay duda
alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto,
consagrándonos a ella, somos también como ella, en las manos de
Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por
María; dejémonos llevar por ella y estemos, bajo su
dirección, tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y
proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo;
ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.
* * *
SAN MAXIMILIANO
MARÍA KOLBE (1894-1941)
De la Homilía de Juan Pablo II en su canonización (10-X-82)
«Nadie tiene amor más grande
que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).
Hacia finales de julio de 1941,
después que los prisioneros destinados a morir de hambre, habían
sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano
María Kolbe, se presentó espontáneamente,
declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de
ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después
de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una
inyección mortal, el 14 de agosto de 1941. Todo esto sucedía en
el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), donde fueron
asesinados durante la última guerra unos cuatro millones de personas,
entre ellas la Sierva de Dios Edith Stein, la carmelita sor Teresa Benedicta de
la Cruz.
El padre Maximiliano Kolbe, prisionero del
campo de concentración, reivindicó, en el lugar de la muerte, el
derecho a la vida de un hombre inocente, uno de los cuatro millones. Este
hombre (Franciszek Gajowniczek) vive todavía y está aquí
presente entre nosotros. El padre Kolbe reivindicó su derecho a la vida,
declarando la disponibilidad de ir él mismo a la muerte en su lugar, ya
que ese hombre era un padre de familia y su vida era necesaria para sus seres
queridos. De este modo, el padre Maximiliano María Kolbe reafirmó
así el derecho exclusivo del Creador sobre la vida del hombre inocente y
dio testimonio de Cristo y del amor. Así, escribe, en efecto, el
Apóstol Juan: «En esto hemos conocido la caridad: en que Él
dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros
hermanos» (1 Jn 3,16).
Maximiliano se preparó a este
sacrificio definitivo siguiendo a Cristo desde los primeros años de su
vida en Polonia. De aquellos años data el sueño arcano de dos
coronas: una blanca y otra roja, entre las que nuestro santo no elige, sino que
acepta las dos. Desde los años de su juventud estaba invadido por un
gran amor a Cristo y por el deseo del martirio.
Este amor y este deseo lo
acompañaron en el camino de su vocación franciscana y sacerdotal,
para la que se preparó en Polonia y en Roma. Este amor y este deseo lo
siguieron a través de todos los lugares de su servicio sacerdotal y
franciscano en Polonia, y en su servicio misionero en Japón.
La inspiración de toda su vida fue
la Inmaculada, a la que confiaba su amor por Cristo y su deseo del martirio. En
el misterio de la Inmaculada Concepción se desvelaba a los ojos de su
alma aquel mundo maravilloso y sobrenatural de la gracia de Dios ofrecida al
hombre. La fe y las obras de toda la vida del padre Maximiliano indican que
entendía su colaboración con la gracia como una milicia bajo el
signo de la Inmaculada Concepción. La característica mariana es
particularmente expresiva en la vida y en la santidad del padre Kolbe. Con esta
señal quedó marcado todo su apostolado, tanto en su patria como
en las misiones. En Polonia y en Japón fueron centro de este apostolado
las especiales ciudades de la Inmaculada.
Estamos en la hora del rezo del
Ángelus, la oración que recuerda el misterio de la
Encarnación del Verbo en el seno purísimo de María
Santísima. Y lo haremos con las inspiradas palabras del nuevo Santo,
Maximiliano María Kolbe, apóstol infatigable de la
devoción a la Inmaculada: «Al cumplirse el tiempo de la venida de
Cristo, Dios Uno y Trino crea exclusivamente para Sí a la Virgen
Inmaculada, la colma de gracia y habita en Ella ("El Señor es
contigo"). Y esta Virgen Santísima con su propia humildad cautiva
de tal manera su Corazón, que Dios Padre le da por Hijo a su propio Hijo
Unigénito; Dios Hijo desciende a su seno virginal, mientras Dios
Espíritu Santo plasma en Ella el cuerpo santísimo del
Hombre-Dios. Y el Verbo se hizo carne como fruto del amor de Dios y de la
Inmaculada».
María es el don maravilloso que
Cristo ha hecho a la Iglesia y a la humanidad. «Para atraer a las almas y
transformarlas mediante el amor -dice también el nuevo Santo-, Cristo
manifestó el propio amor iluminado, el propio Corazón inflamado
de amor por las almas, un amor que le ha impulsado a subir a la cruz, a
permanecer con nosotros en la Eucaristía y a entrar en nuestras almas y
a dejarnos en testamento su propia Madre como Madre nuestra».
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SANTOS DOMINGO IBÁÑEZ DE
ERQUICIA y FRANCISCO SHOYEMON. Son dos mártires dominicos, el
primero español y el segundo japonés, que sufrieron en Nagasaki
(Japón), el 14 de agosto de 1633, el tormento de la hoya y la horca:
colgados por los pies, con los cuerpos pendientes e inmovilizados, quedaban sus
cabezas metidas en una hoya llena de inmundicias nauseabundas que los iban
asfixiando lentamente. Domingo nació en Régil
(Guipúzcoa, España) el año 1589. De muy joven
ingresó en los Dominicos, se ofreció para ir a las misiones de
Oriente y en 1611 se embarcó para Filipinas. Allí recibió
la ordenación sacerdotal y estuvo trabajando hasta que, en 1623,
marchó a Japón, donde desarrolló su apostolado en la
clandestinidad y en medio de grandes peligros por la persecución a que
estaban sometidos los cristianos. Este ministerio duró diez años,
pues a mediados de 1633 fue arrestado y luego martirizado. Francisco era
un cristiano japonés que se unió al P. Domingo como catequista y
compañero en su trabajo misionero. Lo arrestaron por ser colaborador de
los misioneros. En la cárcel pidió al P. Domingo que lo admitiera
en la Orden como hermano lego, y quedó inscrito como novicio.
Compartió la suerte de su padre espiritual.
BEATA
ISABEL RENZI. Nació en Saludecio (Emilia-Romaña, Italia) el
año 1786. A los nueve años entró en el monasterio de
clarisas de Mondaino como educanda y más tarde profesó en las
agustinas de Pietrarubbia. Cuando Napoleón suprimió los conventos
en 1810, volvió a su casa. En 1824 entró a trabajar en el
«Conservatorio» de Coriano, una escuela para la educación de
las muchachas más pobres. Hubo un intento de unir el Conservatorio con
la obra de las Canosianas, y santa Magdalena de Canosa visitó Coriano,
pero ésta misma aconsejó a Isabel que siguiera al frente del
Conservatorio. A partir del mismo fundó Isabel en 1828 la
Congregación de las Maestras Pías de la Dolorosa y puso todo su
empeño en que las niñas pobres recibieran en las escuelas una
formación humana y catequística. Isabel dedicó el resto de
su vida a la formación de sus hermanas y a la consolidación de su
instituto. Murió en Coriano el año 1859.
BEATOS BERNARDO DE VISANTOÑA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES,
Capuchinos. El 21-VII-1936, al inicio de la persecución religiosa en
España, los milicianos asaltaron el convento capuchino de Gijón
(Asturias) y detuvieron a sus religiosos. El 14 de agosto de 1936,
después de 24 días de dura prisión, en la que los frailes rezaron y
consolaron a sus compañeros de infortunio, los llevaron al cementerio de
Jove (Asturias) y los fusilaron mientras ellos gritaban: «¡Viva Cristo
Rey!», «Os perdonamos». Después rociaron con gasolina los cadáveres y
les prendieron fuego; al enterrarlos echaron cal sobre ellos. Bernardo de Visantoña
nació en Visantoña (La Coruña) en 1878. Hizo su primera profesión en
1901. Después de su ordenación sacerdotal en 1909, lo !
enviaron a Roma para ampliar estudios. A su regreso, se dedicó a la
docencia en sus casas de formación y ejerció cargos de autoridad,
incluido el de superior provincial de Castilla de 1919 a 1922. Arcángel de Valdavida
nació en Valdavida (León) el año 1882. Profesó en 1900 y recibió la
ordenación sacerdotal en 1909. En 1912 marchó a las misiones de América
(Venezuela, Puerto Rico y Cuba). De regreso a España, enfermo de la
vista, su apostolado se limitó al confesonario. Ildefonso de Armellada
nació en Armellada (León) en 1874. Estudió en el seminario de Astorga y
se ordenó sacerdote en 1900. Dos años después ingresó en los capuchinos
y profesó en 1903. Se dedicó luego a la enseñanza y a la predicación, y
le confiaron cargos de autoridad conventual. Alejo de Terradillos
nació en Terradillos (León) el año 1874. Vistió el hábito capuchino
como hermano laico en 1906. En 1934 lo destinaron a Gijón, donde le
confiaron el oficio d!
e portero. Eusebio de Saludes nació en Salude!
s de Castroponce (León) en 1885. Profesó como hermano laico en 1908.
Estuvo en Cuba de 1919 a 1927. Grandemente imposibilitado para el
trabajo, regresó a España. Cuando lo detuvieron, yacía en un jergón sin
poder apenas sostenerse de pie. Beatificados el 13-X-2013. [

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