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sábado, 13 de mayo de 2017

Año Franciscano

Año Franciscano
DÍA 14 DE MAYO

SAN MATÍAS. Apóstol, elegido en sustitución de Judas Iscariote. Después de la Ascensión del Señor, Pedro propuso a los hermanos: «Hace falta que se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor». Propusieron dos nombres: José, llamado Barsabás, y Matías. Rezaron al Señor diciendo: «Tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este servicio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas». Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles (Hch 1,15-26). Nada más sabemos de cierto sobre su vida.- Oración: Oh Dios, que quisiste agregar a san Matías al colegio de los apóstoles, concédenos, por sus ruegos, que podamos alegrarnos de tu predilección al ser contados entre tus elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SANTA TEODORA GUÉRIN. Nació el año 1798 en Étables (Bretaña, Francia). A los 25 años ingresó en las Hermanas de la Providencia y se dedicó a la educación de los niños y al cuidado de los pobres, enfermos y moribundos. En 1840 la enviaron, al frente de otras compañeras, a Estados Unidos para establecer un convento y fundar escuelas en una región agreste de la Diócesis de Vincennes, en el Estado de Indiana. Llegaron a la sede de su misión, la aldea de Saint Mary of the Woods, aquel mismo año y se establecieron en una pequeña cabaña de troncos que hacía las veces de capilla. Pasaron frío y hambre, muchas calamidades y contratiempos: en la Eucaristía encontraban consuelo y fuerzas. Era de naturaleza compasiva y, aun en medio de tantas dificultades, confió siempre en la divina providencia, preocupándose con solicitud de la naciente comunidad, que se afianzó y creció, y llegó a independizarse y constituirse en una nueva congregación. La madre Teodora fundó academias, escuelas y orfanatos por toda Indiana. Murió el 14 de mayo de 1856 en Saint Mary of the Woods (USA). La canonizó Benedicto XVI el año 2006.

SANTA MARÍA DOMINICA MAZZARELLO. Nació en Mornese (Piemonte, Italia) el 9 de mayo de 1837 en el seno de una familia humilde. En 1860 azotó el país una epidemia de tifus y ella, atendiendo a contagiados, contrajo la enfermedad. Quedó tan debilitada, que ya no pudo trabajar en el campo. Abrió un pequeño taller de costura para las muchachas de Mornese, con miras no sólo laborales sino también de apostolado. A ella y a otras jóvenes, el párroco las invitó a consagrarse como «Hijas de la Inmaculada», y, en octubre de 1867, empezaron a vivir en comunidad para buscar la perfección cristiana. En 1864 Don Bosco fue a Mornese y se encontró María Dominica. Se estableció entre los dos una perfecta sintonía espiritual y pedagógica, que en 1872 dio origen a la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora para la educación de las niñas y jóvenes pobres. En 1879 la casa madre se trasladó a Nizza Monferrato, y allí murió nuestra santa el 14 de mayo de 1881. Fue fidelísima a Don Bosco, y sobresalió por su humildad, prudencia y caridad.- Oración: Padre, fuente de todo bien, que nos ofreces en santa María Dominica un modelo luminoso de vida cristiana y religiosa por su humildad profunda y su ardiente caridad; concédenos que, con sencillez de espíritu, demos cada día testimonio de tu amor de padre. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

* * *

San Abrúnculo. Fue obispo de Langres, pero Gundebaldo, rey de los burgundios, que profesaban el arrianismo, lo expulsó de su sede. Entonces marchó a Clermont-Ferrand (Aquitania, Francia), y lo pusieron al frente de aquella Iglesia. Murió el año 488.

San Cartago. Nació en el actual condado de Kerry en Irlanda hacia el año 555. Se ordenó de sacerdote y se retiró al desierto de Kiltulagh para llevar vida eremítica. De allí pasó al monasterio de Bangor. El año 595 fundó el monasterio de Rahan y escribió una regla para el mismo; florecieron las vocaciones. Más tarde fundó el famoso monasterio de Lismore, en torno al cual se formó la ciudad de Lismore Castle, de la que fue el primer obispo. Murió allí el año 638.

San Eremberto. Nació en Villioncourt (Francia) hacia el año 615 de familia rica. En su juventud estuvo en la corte con sucesivos reyes. Optó luego por la vida religiosa e ingresó en el monasterio de Fontenelle. Lo nombraron obispo de Toulouse y tuvo que marchar a su diócesis, pero el año 651 renunció a su oficio pastoral y, tras estar algún tiempo en su tierra natal, volvió al monasterio de Fontenelle, donde murió el año 672.

Santos Félix y Fortunato. Sufrieron el martirio en Aquileya, en la actual región de Friuli (Italia), a principios del siglo IV.

San Galo. Fue obispo de Clermont-Ferrand (Aquitania-Francia). Era un hombre humilde y pacífico, tío de san Gregorio de Tours. Murió el año 551.

San Isidoro. Fue martirizado en la isla de Chio del mar Egeo en un año incierto del siglo III. Según la tradición, condenado por ser cristiano, lo arrojaron en un pozo, en el que murió ahogado.

Santas Justa y Heredina. Fueron martirizadas en la isla de Cerdeña (Italia) a finales del siglo III o principios del siglo IV.

San Máximo. Sufrió el martirio en la provincia romana de Asia, en la actual Turquía, hacia el año 250, durante la persecución del emperador Decio. Dice la tradición que fue lapidado.

San Miguel Garicoitz. Nació en Ibarre (Pirineos franceses) el año 1797, en el seno de una familia humilde. Primero cuidó el rebaño de un señor del lugar, luego empezó a estudiar con el párroco de Saint-Palais y en 1819 entró en el seminario de Dax. Ordenado de sacerdote en 1823, lo enviaron pronto como profesor de filosofía al seminario mayor de Bétharram. Viendo la falta de preparación y la desorientación de parte del clero, decidió fundar un instituto de sacerdotes que fueran colaboradores del clero en las parroquias, colegios y seminarios; quería vitalizar así a un clero empobrecido. Para ello fundó en 1835 la Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús. Murió en Bétharram, cerca de Pau, el año 1863.

San Poncio. Nació en Roma, era una persona culta, se convirtió al cristianismo al presenciar la liturgia de los cristianos y se bautizó en tiempo del papa san Ponciano. Muertos sus padres, a los que había convertido, distribuyó sus bienes entre los pobres, abandonó Roma y se retiró a Cimiez (hoy barrio de Niza), donde lo identificaron y, por negarse a adorar a los dioses, lo decapitaron el año 258.

San Víctor y Santa Corona. Víctor era un soldado cristiano, oriundo de Cilicia, al que sometieron, a causa de su fe, a terribles tormentos. Mientras lo torturaban, la joven esposa de un compañero de armas, también ella cristiana, lo confortaba y animaba. La arrestaron, la interrogaron y la colgaron entre dos árboles; después la descuartizaron. Al joven soldado Víctor, en cambio, lo decapitaron. Todo esto sucedió en una fecha desconocida del siglo III en la provincia romana de Siria.

Beato Gil de Vaozela. Nació en Vaozela (Portugal) hacia el año 1187, hijo del gobernador de Coimbra. Estudió medicina en París, donde parece que fue profesor, y en Toledo química y alquimia. Se aficionó a la nigromancia y a magia negra. Tocado por la gracia quiso cambiar de vida y se propuso volver a casa. En Palencia optó por abrazar la vida religiosa y en 1224 ingresó en los dominicos, entre los que ejerció cargos de autoridad y promovió la observancia. Agradecido a Dios por la gracia de la conversión, abrazó una vida de rígida penitencia. Ordenado de sacerdote, ejerció con fervor el ministerio de la predicación, en el que convirtió a muchos. Pasó sus últimos años en Santarem (Portugal) donde murió en 1265.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico :

Dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,12-15).

Pensamiento franciscano :

Dice san Francisco en su Regla: «Cuando veamos u oigamos decir o hacer el mal o blasfemar contra Dios, nosotros bendigamos y hagamos el bien y alabemos a Dios, que es bendito por los siglos» (1 R 17,19).

Orar con la Iglesia :

Elevemos confiados nuestras súplicas al Padre, por las necesidades de la Iglesia y de todos los hombres.

-Por la santa Iglesia: para que viva en la unidad, la libertad y la paz, necesarias para llevar a cabo su misión en todo el mundo.

-Por el santo pueblo de Dios: para que el dueño de la mies multiplique los ministros de Cristo, servidores del Evangelio.

-Por las necesidades de la evangelización misionera: para que no falten jóvenes y adultos decididos a entregar sus vidas a esta noble tarea.

-Por las comunidades cristianas: para que vivan en su interior y difundan a su alrededor la herencia que nos dejó el Señor resucitado.

Oración: Escucha, Señor, las súplicas de tu Iglesia, para que se realice cuanto antes el deseo de Jesús: que haya un solo rebaño y un solo Pastor. Por el mismo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

* * *

SAN MATÍAS, APÓSTOL
De la catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del miércoles 18-X-2006

Queridos hermanos y hermanas:

Después de Pascua, Matías fue elegido para ocupar el lugar del traidor, Judas Iscariote. En la Iglesia de Jerusalén la comunidad presentó a dos discípulos; y después echaron suertes: «José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y Matías» (Hch 1,23).

Precisamente este último fue el escogido y de este modo «fue agregado al número de los doce Apóstoles» (Hch 1,26). No sabemos nada más de él, salvo que fue testigo de la vida pública de Jesús (cf. Hch 1,21-22), siéndole fiel hasta el final. A la grandeza de su fidelidad se añadió después la llamada divina a tomar el lugar de Judas, como para compensar su traición.

De aquí sacamos una última lección: aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

* * *

MUÉSTRANOS, SEÑOR, A CUÁL HAS ELEGIDO
San Juan Crisóstomo, Homilía 3 (1.2.3)
sobre el libro de los Hechos de los apóstoles

Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (cf. Hch 1,15ss). Pedro, a quien se había encomendado el rebaño de Cristo, es el primero en hablar, llevado de su fervor y de su primacía dentro del grupo: Hermanos, tenemos que elegir de entre nosotros. Acepta el parecer de los reunidos, y al mismo tiempo honra a los que son elegidos, e impide la envidia que se podía insinuar.

¿No tenía Pedro facultad para elegir a quienes quisiera? La tenía, sin duda, pero se abstiene de usarla, para no dar la impresión de que obra por favoritismo. Por otra parte, Pedro aún no había recibido el Espíritu Santo. Propusieron -dice el texto sagrado- dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. No es Pedro quien propone los candidatos, sino todos los asistentes. Lo que sí hace Pedro es recordar la profecía, dando a entender que la elección no es cosa suya. Su oficio es el de intérprete, no el de quien impone un precepto.

Hace falta, por tanto, que uno de los que nos acompañaron. Fijaos qué interés tiene en que los candidatos sean testigos oculares, aunque aún no hubiera venido el Espíritu.

Uno de los que nos acompañaron -precisa- mientras convivió con nosotros el Señor Jesús. Se refiere a los que han convivido con él, y no a los que sólo han sido discípulos suyos. Es sabido, en efecto, que eran muchos los que lo seguían desde el principio. Y, así, vemos que dice el Evangelio: Era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.

Y prosigue: Mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba. Con razón señala este punto de partida, ya que los hechos anteriores nadie los conocía por experiencia, sino que los enseñó el Espíritu Santo.

Luego continúa diciendo: Hasta el día de su ascensión, y: Como testigo de la resurrección de Jesús. No dice: «Testigo de las demás cosas», sino: Testigo de la resurrección de Jesús. Pues merecía mayor fe quien podía decir: «El que comía, bebía y fue crucificado, este mismo ha resucitado». No era necesario ser testigo del período anterior ni del siguiente, ni de los milagros, sino sólo de la resurrección. Pues aquellos otros hechos habían sido públicos y manifiestos, en cambio, la resurrección se había verificado en secreto y sólo estos testigos la conocían.

Todos rezan, diciendo: Señor, tú penetras el corazón de todos, muéstranos. «Tú, no nosotros». Llaman con razón al que penetra todos los corazones, pues él solo era quien había de hacer la elección. Le exponen su petición con toda confianza, dada la necesidad de la elección. No dicen: «Elige», sino muéstranos a cuál has elegido, pues saben que todo ha sido prefijado por Dios. Echaron suertes. No se creían dignos de hacer por sí mismos la elección, y por eso prefieren atenerse a una señal.

* * *

HIZO EL SEÑOR LO QUE ÉL MISMO HABÍA ENSEÑADO:
LOS APÓSTOLES, LO QUE HABÍAN APRENDIDO DE ÉL
San Agustín, Comentario sobre el salmo 56,1

Acabamos de oír en el evangelio (Jn 15,9-17), hermanos, cuánto nos ama el Señor y Salvador nuestro Jesucristo, Dios con el Padre y hombre con nosotros, nacido de nosotros y ahora ya a la derecha del Padre. Habéis oído cuánto nos ama. Pues la medida de su amor él mismo la declaró y nos la indicó a nosotros al decirnos que su mandato consistía en que nos amásemos unos a otros. Y para que no anduviéramos indagando, indecisos y perplejos, hasta qué punto debemos amarnos mutuamente, y cuál deba ser la medida perfecta del amor agradable a Dios -perfecta es la medida que no conoce otra mayor-, él mismo nos la explicitó, nos la enseñó, y dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Hizo él lo que él mismo había enseñado; los apóstoles hicieron lo que habían aprendido de él y nos intimaron a imitarles. Hagámoslo también nosotros. Pues si bien no somos lo que él en cuanto nos creó, somos lo que él en cuanto por nosotros se encarnó. Y si sólo lo hubiera hecho él quizá nadie de nosotros debería tener la audacia de imitarlo, pues él era hombre, pero sin dejar de ser Dios. Pero en cuanto hombre, los siervos imitaron al Señor, los discípulos al Maestro, y lo hicieron asimismo los que nos precedieron en la familia de Dios, que son nuestros padres, pero también consiervos nuestros. Dios no nos hubiera mandado hacerlo, de saber que el hombre era incapaz de realizarlo.

¿Te dejas abatir por el precepto al considerar tu debilidad? Que su ejemplo te conforte. ¿Es que el ejemplo te parece también demasiado para ti? El que nos dio ejemplo está pronto a prestarnos al mismo tiempo la ayuda. Oigamos su voz en este salmo 56. Pues una circunstancia feliz y la divina disposición han hecho que este salmo sintonizara con el evangelio de hoy que nos inculca el amor de Cristo, que dio su vida por nosotros, para que también nosotros demos nuestras vidas por los hermanos. Concordó y sintonizó con este salmo 56, para que viéramos cómo nuestro Señor dio su vida por nosotros, ya que este salmo canta su pasión.

Y que el Cristo total es a la vez cabeza y cuerpo, es cosa que estoy seguro que conocéis perfectamente: la cabeza es nuestro Salvador en persona, que padeció bajo Poncio Pilato y que ahora -una vez resucitado de entre los muertos- está sentado a la derecha del Padre. Su cuerpo es la Iglesia: y no esta o aquella Iglesia, sino la Iglesia extendida por toda la redondez de la tierra; ni sólo la Iglesia compuesta por los hombres que actualmente existen peregrinando en la tierra, sino la Iglesia a la que también pertenecen los que nos precedieron y los que nos seguirán hasta el fin de los tiempos.

La Iglesia universal formada por la totalidad de los fieles, por ser todos los fieles miembros de Cristo, tiene por cabeza a aquel que, estando ya en el cielo, gobierna a su cuerpo; y aunque separado en la visión, está muy compenetrado en la caridad. Y como el Cristo total es cabeza y cuerpo, en todos los salmos hemos de tal modo oír las voces de la cabeza, que escuchemos a la vez las voces del cuerpo. Pues no quiso hablar separadamente, porque no quiso estar separado. Por eso dijo: Y sabed que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo. Si está con nosotros habla en nosotros, habla de nosotros, habla por medio de nosotros, porque también nosotros hablamos en él. Y por eso hablamos la verdad porque hablamos en él.

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LA PIEDAD ECLESIAL DE SAN FRANCISCO
por Kajetan Esser, OFM

La Santa Madre Iglesia. La palabra y sus ministros

Sería pedir demasiado a san Francisco, que se autotitulaba «ignorante e indocto», una presentación teológicamente formulada de su concepción de la Iglesia. Él encontraba a la Iglesia, la descubría, ante todo y sobre todo en su devoción práctica. Para él la Iglesia es la casa del Señor, a cuyo servicio se sentía llamado por Dios. Por otra parte, en su conciencia de creyente, hay otra realidad que emerge más fuerte y que está en el origen de todo: la Iglesia es siempre para él la santa Madre, que con la palabra y los sacramentos transmite la vida a los hombres, y los guía sobre la tierra como representantes de Cristo.

Francisco, al igual que muchos hombres de aquel tiempo, religiosamente tan inquieto, que estaban apasionados por Dios, vivía en contacto inmediato, del todo nuevo y personal, con la palabra de Dios en la sagrada Escritura, especialmente con el evangelio. «Aunque este hombre bienaventurado no había hecho estudios científicos, con todo, aprendiendo de Dios la sabiduría que viene de lo alto e ilustrado con las iluminaciones de la luz eterna, poseía un sentido no vulgar de las Escrituras. Efectivamente, su ingenio, limpio de toda mancha, penetraba hasta lo más escondido de los misterios, y su afecto de amante entraba donde la ciencia de los maestros no llegaba a entrar» (2 Cel 102). «La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el santo evangelio y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras» (1 Cel 84).

En este encuentro carismático con la palabra y la vida del Señor descubrió su vocación particular: «Nadie me mostraba qué debía hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debía vivir según la forma del santo evangelio» (Test 14). Con la inmediatez absoluta del encuentro y con la conciencia de su misión particular -precisamente en oposición a las formas heréticas de los movimientos religiosos de su tiempo- Francisco se sabe íntimamente unido a la Iglesia.

Sólo los clérigos de la Iglesia anuncian la Palabra de Dios y sólo ellos deben ejercer este ministerio. Francisco quiere que ellos y todos los teólogos, los que administran la altísima Palabra de Dios, sean estimados y honrados como quienes «nos administran espíritu y vida» (Test 13). Por eso en el momento decisivo de su conversión pidió que el sacerdote le explicara más exactamente la palabra de Dios escuchada en el evangelio de la misa. Fue la palabra del sacerdote la que le confirmó ante todo que la llamada, sentida en su corazón, venía de Dios. Y desde aquel momento comenzó a practicar la obediencia que se le pedía, de una forma plena e incondicionalmente. Reconocía con la misma actitud de fe: «Desde el día de mi conversión, el Señor puso en boca del obispo de Asís su palabra, con que me aconsejó acertadamente y me confortó en el servicio de Cristo nuestro Señor» (EP 10). Francisco buscaba personalmente la palabra de Dios, pero con perspicacia de creyente se sentía ligado a ella cuando era transmitida por la Iglesia, que se le mostraba en forma indisoluble y concreta en sus servidores consagrados.

Francisco ama y aprecia altamente la vida según la forma del santo evangelio, pero no al margen de la fe de la santa madre Iglesia: «Pensaba que, entre todas las cosas y sobre todas ellas, se había de guardar, venerar e imitar la fe de la santa Iglesia romana, en la cual solamente se encuentra la salvación de cuantos han de salvarse». Esta convicción condicionaba su respeto y veneración a los sacerdotes y a todos los ministros de la Iglesia. Por eso prosigue el texto: «Veneraba a los sacerdotes, y su afecto era grandísimo para toda la jerarquía eclesiástica» (1 Cel 62). Por amor de la fe y del ministerio, Francisco exigía esta misma veneración incluso respecto de los sacerdotes pecadores públicos: «Y no quiero advertir pecado en ellos, porque miro en ellos al Hijo de Dios y son mis señores». Lo que a él le importa es que los sacerdotes vivan según la forma de la santa Iglesia romana y hayan recibido de ella su consagración. Consideraba tan importante esta actitud estrictamente de fe, que de ella hacía depender la bendición o la maldición para el hombre.

[Cf. el texto completo en http://www.franciscanos.org/iglesia/esserk1.html]

sábado, 17 de septiembre de 2016

Año Cristiano Franciscano DÍA 18 DE SEPTIEMBRE

                                      Año Cristiano Franciscano

DÍA 18 DE SEPTIEMBRE

 


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SAN JOSÉ DE COPERTINO . Nació el año 1603 en Copertino, pueblo del sur de Italia, de familia pobre y honrada. Desde joven mostró tener muy escasas las dotes intelectuales y las habilidades manuales. Superando muchas dificultades ingresó en la Orden de los franciscanos conventuales y sólo gracias a la fuerte ayuda de Dios llegó al presbiterado. Tras su ordenación sacerdotal se entregó de lleno al sagrado ministerio, inflamado en celo de las almas. Adornado de carismas singulares, éxtasis y levitaciones, por lo que es conocido como el «Santo de los vuelos», los superiores tuvieron que cambiarlo con frecuencia de un convento a otro, huyendo del fanatismo popular. Descolló por su obediencia, humildad, paciencia y caridad para con los necesitados de Dios. Manifestó ardiente devoción a los misterios de la vida de Cristo, en especial la Eucaristía, y a la Madre de Dios. Sus biógrafos dicen que lograba transmitir su santa y franciscana alegría mediante el modo de orar, enriquecido por atractivas composiciones musicales y versos populares que entusiasmaban a sus oyentes, reavivando su devoción. Murió en Ósimo (Marcas) en 1663.- Oración: Dios de misericordia, que con admirable sabiduría has querido que tu Hijo, al ser levantado de la tierra, atrajera todas las cosas hacia él, concédenos, por intercesión de san José de Copertino, tender a la perfección que nos has propuesto en la persona de tu Hijo, y vernos libres de la malicia de este mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
BEATOS AMBROSIO MARÍA DE TORRENTE Y CUATRO COMPAÑEROS, MÁRTIRES. Todos ellos eran naturales de Torrent, provincia de Valencia en España, Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores, los dos primeros sacerdotes y los otros tres hermanos laicos. Fueron fusilados por los milicianos el 18 de septiembre de 1936 en Montserrat (Valencia), y beatificados por Juan Pablo II en 2001 entre los mártires amigonianos y otros muchos. Ambrosio (en el siglo, Salvador Chuliá Ferrandis) nació en 1866 y, siendo ya diácono, ingresó en los Terciarios Capuchinos. Tenía una amplia cultura y, por su carácter, era más proclive a obedecer que a mandar. En su ministerio destacó como consejero, director espiritual y confesor. A la hora de afrontar el martirio, demostró una gran entereza animando a sus compañeros y perdonando a sus verdugos. Valentín María de Torrente (en el siglo, Vicente Jaunzarás Gómez) nació en 1896. Entró de joven en los Terciarios Capuchinos, con los que se había educado. Ordenado de sacerdote, ejerció su ministerio preferentemente en centros de su Congregación, dedicados a la ayuda de la juventud desorientada. Era un gran pedagogo, de recia personalidad y carácter alegre. Francisco María de Torrente (en el siglo, Justo Lerma Martínez) nació en 1886, desde pequeño estuvo relacionado con los Terciarios Capuchinos y en 1905 vistió su hábito como hermano laico. En los colegios de Yuste y Madrid puso de manifiesto sus grandes dotes pedagógicas. Fue un religioso trabajador, sencillo, piadoso. Recaredo María de Torrente (en el siglo, José María López Mora) nació el año 1874, e ingresó en los amigonianos en 1889 como hermano laico. En el apostolado en diversas escuelas, demostró sus dotes naturales para la educación de la juventud desadaptada. Los últimos años de su vida se centró en el catecismo y la escuela para niños pobres, las visitas a los enfermos y los encarcelados. Modesto María de Torrente (en el siglo, Vicente Gay Zarzo) nació el año 1885. En 1903 vistió el hábito de Terciario Capuchino como hermano laico. Alternó primero los trabajos de albañilería con la atención a los jóvenes postulantes. Luego se dedicó a la enseñanza de las primeras letras a los niños y a la administración de la casa. Sus virtudes características fueron la obediencia y la laboriosidad.
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Santa Ariadna


 Fue martirizada en Prymnesso de Frigia (Turquía) en una fecha desconocida de los primeros siglos de la Iglesia.
Santo Domingo Trach. Nació en Ngai-Voi (Vietnam) el año 1792, profesó en la Orden de Predicadores o Dominicos en 1825 y, una vez ordenado de sacerdote, estuvo ejerciendo su apostolado catorce años en distintos distritos y fue director espiritual del seminario. Cuando se desató la persecución religiosa, siguió trabajando en la clandestinidad, en medio de grandes peligros. Lo detuvieron y no consiguieron, a pesar de las amenazas y torturas, que apostatara ni que pisara la cruz. Lo condenaron a muerte y lo decapitaron en la ciudad de Nam Dinh (Vietnam) el 18 de septiembre de 1840.
San Eumenio. Obispo de Gortina, en la isla de Creta, en el siglo VII.
San Eustorgio. Fue obispo de Milán antes del año 355. San Atanasio elogió su confesión de la verdadera fe contra la herejía arriana.
San Ferreolo de Limoges. Fue obispo de Limoges (Francia) y murió el año 591. Libró de un inminente peligro de muerte a Marcos, refrendario del rey Childeberto, a quien el pueblo quería matar.
San Ferreolo de Vienne. Según la tradición, era tribuno romano en Vienne (Francia) y, en tiempo de persecución, se negó a detener a los cristianos. Detenido por orden del prefecto, fue cruelmente azotado y encarcelado. Consiguió escaparse, pero fue capturado por sus perseguidores y luego decapitado. Su vida se sitúa en el siglo III.
San Océano. Sufrió el martirio en Nicomedia de Bitinia (Turquía), en una fecha desconocida de la antigüedad cristiana.
Santa Ricarda. Nació hacia el año 840, hija del duque de Alsacia. Contrajo matrimonio con Carlos el Gordo, que sería rey de Francia y Alemania, y emperador en el 881. Era piadosa y bondadosa, fomentó la vida monacal, ayudó a los monasterios y fundó el de Andlau en Alsacia (Francia). Víctima de una calumnia y después viuda, se retiró al monasterio que había fundado, integrándose en la vida de comunidad y haciendo obras de misericordia a favor de los pobres. Murió el 18 de septiembre parece que del año 895.
San Senario. Obispo de Avranches (Baja Normandía, Francia) en el siglo VI.
Beato Carlos Eraña Guruceta. Nació en Aozaraza-Arachavaleta, provincia de Guipúzcoa en España, el año 1884. Ingresó en la Compañía de María (Marianistas) y en 1903 emitió sus primeros votos. Obtuvo el título de maestro y a partir de 1904 se entregó a la educción cristiana en diversos centros marianistas, y más tarde fue director. Se ganó el afecto y estima de los alumnos y de sus familias, y cuidó la formación de los jóvenes profesores marianistas. La persecución religiosa de 1936 le sorprendió en el Colegio del Pilar de Madrid. Vivió un mes en un ambiente de persecución abierta, hasta que lo detuvieron los milicianos. En la madrugada del 18 de agosto de 1936 lo fusilaron en Alarcos, cerca de Ciudad Real.
Beatos David Okelo y Gildo Irwa. Eran dos jóvenes cristianos ugandeses. David nació en 1902, hijo de padres paganos, pero se convirtió al cristianismo y se bautizó en 1916; luego se ofreció para catequista. Gildo nació en 1906, hijo de padres paganos, fue catecúmeno desde niño y se bautizó en 1916; se fue a vivir con los misioneros, que le encomendaron el ministerio de la catequesis junto con David. Los dos se desvivieron en su labor evangelizadora con los jóvenes y catecúmenos que les encomendaron los misioneros hasta que, el 18 de septiembre de 1918, los mataron con sus lanzas los paganos en la aldea de Paimol, cerca de la misión de Kalongi (Uganda). Fueron beatificados el año 2002.
Beatos Fernando García Sendra y José García Mas. Los dos eran sacerdotes seculares de la diócesis de Valencia (España). Fernando nació en Pego (Alicante) en 1905. De pequeño entró en el seminario franciscano de Benissa (Alicante), pero tuvo que volver a casa por una enfermedad. Entró más tarde en el seminario diocesano de Valencia y se ordenó de sacerdote en 1931. Era un sacerdote celoso y padre para todos, enamorado de la Eucaristía, de la Virgen y de san José. Llegada la persecución religiosa, se retiró a casa de sus padres. Lo detuvieron el 18 de septiembre de 1936 y lo fusilaron en «La Pedrera», término de Gandía (Valencia); no murió en el acto, y después lo remataron los milicianos. José nació en Pego el año 1896. También se educó en los franciscanos y fue seminarista en Benissa, hasta que la enfermedad lo devolvió a su casa. Ingresó en el seminario diocesano de Valencia y recibió la ordenación sacerdotal en 1923. Después de ejercer el ministerio en otros destinos, lo nombraron capellán de la iglesia del Ecce-Homo de Pego, máxima devoción del pueblo. Destacó en particular por su atención a los pobres y enfermos. Lo detuvieron y en la cárcel se encontró con otros sacerdotes y religiosos. Lo asesinaron junto con el beato Fernando.
Beato José Kut. Nació en Slawin (Polonia) el año 1905. En 1924 ingresó en el seminario diocesano de Poznan y se ordenó de sacerdote en 1929. Ejerció el ministerio en varias parroquias. Era un sacerdote muy celoso y responsable. Llegada la guerra, su casa fue objeto de un brutal atentado por parte de un grupo de alemanes. Como él no se retiró de la parroquia, lo arrestaron el 6 de octubre de 1941, lo torturaron y lo llevaron al campo de exterminio de Dachau (Alemania), donde murió de miseria y extenuación el 18 de septiembre de 1942.
Beato Salvador Fernández Pérez. Nació en San Pedro de Creciente (Pontevedra, España) el año 1870. En 1891 hizo la profesión religiosa en los Salesianos de Don Bosco, y en 1896 recibió la ordenación sacerdotal. De carácter jovial, entusiasta, servicial, ejerció el sagrado ministerio con celo y espíritu de sacrificio. Al comenzar la persecución religiosa en julio de 1936 fue maltratado y detenido en Madrid. Puesto en libertad, buscó refugio. El 18 de septiembre de 1936 fue reconocido como sacerdote, detenido y fusilado en la capital de España.

                                                               

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:
Dijo Jesús a la gente y a sus discípulos: «El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvara» (Mc 8,34-35).

Pensamiento franciscano:
Dice san Francisco en su Testamento: «A todos los sacerdotes quiero temer, amar y honrar como a mis señores. Y no quiero en ellos considerar pecado, porque discierno en ellos al Hijo de Dios, y son señores míos. Y lo hago por esto, porque nada veo corporalmente en este siglo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo Cuerpo y su santísima Sangre, que ellos reciben y ellos solos administran a los otros» (Test 8-10).

Orar con la Iglesia:
Invoquemos a Dios, el Padre de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, y presentémosle humildes y confiados nuestras súplicas.
-Padre santo, que te revelaste en el Verbo encarnado, haz que cada día conozcamos mejor a tu Hijo, Dios y hombre verdadero.
-Padre celestial, que alimentas a las aves del cielo y engalanas la hierba del campo, da a todos los hombres el pan de cada día.
-Creador de todas las cosas, que nos has encomendado el cuidado tu obra, concede a los trabajadores disfrutar dignamente del fruto de su trabajo.
-Dios de bondad, que quieres la santificación y felicidad de todos tus hijos, concede abundante paz y misericordia a cuantos sufren.
Oración: Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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CREER EN JESÚS Y SEGUIRLO

Benedicto XVI, Ángelus del día 13-IX-2009
Queridos hermanos y hermanas:
En este domingo XXIV del tiempo ordinario (Ciclo B) la Palabra de Dios nos interpela con dos cuestiones cruciales que resumiría así: «¿Quién es para ti Jesús de Nazaret?». Y a continuación: «¿Tu fe se traduce en obras o no?». El primer interrogante lo encontramos en el Evangelio de hoy, cuando Jesús pregunta a sus discípulos: «Vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc 8,29). La respuesta de Pedro es clara e inmediata: «Tú eres el Cristo», esto es, el Mesías, el consagrado de Dios enviado a salvar a su pueblo. Así pues, Pedro y los demás Apóstoles, a diferencia de la mayor parte de la gente, creen que Jesús no es sólo un gran maestro o un profeta, sino mucho más. Tienen fe: creen que en él está presente y actúa Dios.
Inmediatamente después de esta profesión de fe, sin embargo, cuando Jesús por primera vez anuncia abiertamente que tendrá que padecer y morir, el propio Pedro se opone a la perspectiva de sufrimiento y de muerte. Entonces Jesús tiene que reprocharle con fuerza para hacerle comprender que no basta creer que él es Dios, sino que, impulsados por la caridad, es necesario seguirlo por su mismo camino, el de la cruz (cf. Mc 8,31-33). Jesús no vino a enseñarnos una filosofía, sino a mostrarnos una senda; más aún, la senda que conduce a la vida.
Esta senda es el amor, que es la expresión de la verdadera fe. Si uno ama al prójimo con corazón puro y generoso, quiere decir que conoce verdaderamente a Dios. En cambio, si alguien dice que tiene fe, pero no ama a los hermanos, no es un verdadero creyente. Dios no habita en él. Lo afirma claramente Santiago en la segunda lectura de la misa de este domingo: «La fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (Sant 2,17). Al respecto me agrada citar un escrito de san Juan Crisóstomo, uno de los grandes Padres de la Iglesia que el calendario litúrgico nos invita hoy a recordar. Justamente comentando el pasaje citado de la carta de Santiago, escribe: «Uno puede incluso tener una recta fe en el Padre y en el Hijo, así como en el Espíritu Santo, pero si carece de una vida recta, su fe no le servirá para la salvación. Así que cuando lees en el Evangelio: "Esta es la vida eterna: que te conozcan ti, el único Dios verdadero" (Jn 17,3), no pienses que este versículo basta para salvarnos: se necesitan una vida y un comportamiento purísimos».
Queridos amigos, mañana celebraremos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y al día siguiente la Virgen de los Dolores. La Virgen María, que creyó en la Palabra del Señor, no perdió su fe en Dios cuando vio a su Hijo rechazado, ultrajado y crucificado. Antes bien, permaneció junto a Jesús, sufriendo y orando, hasta el final. Y vio el alba radiante de su Resurrección. Aprendamos de ella a testimoniar nuestra fe con una vida de humilde servicio, dispuestos a sufrir en carne propia por permanecer fieles al Evangelio de la caridad y de la verdad, seguros de que nada de cuanto hagamos se pierde.
En el Evangelio proclamado este domingo hemos escuchado a san Pedro hacer una especial profesión de fe en Jesús: «Tú eres el Mesías». A lo que el Señor añade que su mesianismo y su misión redentora tienen que ir unidos al sacrificio de la cruz. Os invito hermanos a acoger con un corazón bien dispuesto el misterio pascual de Cristo, que nos une íntimamente a su Persona, en el amor desinteresado a los hermanos y en el servicio humilde a nuestro prójimo.
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LA PERFECCIÓN CONSISTE EN EL AMOR DE DIOS
De las máximas de san José de Copertino
A toda persona piadosa le corresponde amar a Dios sobre todas las cosas, alabarle con sus palabras y distinguirse con el buen ejemplo. Quien desee emprender la vida de piedad o religiosa, sepa que sólo llegará a la perfección si logra el amor de Dios. Quien posee la caridad, aunque sea ignorante, se enriquece; careciendo de ella, nunca será feliz. Aprendamos del sol, que con los mismos rayos da verdor a las plantas y a la fronda de los árboles, manteniéndolos, sin embargo, a cada uno de ellos en su propia naturaleza: así la gracia de Dios, con la misma luz embellece al hombre con la perfección moral y también le enciende en el amor de caridad, haciéndole grato a sus ojos, y, sin dañar su naturaleza humana, le sublima.
Por otra parte, poseemos la voluntad, que el hombre puede ejercer a su pleno albedrío y que recibió su don gratuito del mismo Dios desde la creación, pero de la que tendrá que rendir estrecha cuenta a su Señor. Siempre que el hombre se ejercita en actos de virtud, ayudado de la divina gracia, de la que procede todo bien, tenga presente esto: que ejerciendo el pleno dominio de su libertad complace a Dios, pero, si renuncia a su voluntad para colocarse en los brazos amorosos del Señor, le agrada más y se perfecciona en mayor escala.
Como árbol fértil, que cultivado con esmero produce abundantes frutos, así también el hombre, esforzándose cuidadosamente en seguir las huellas de Cristo, cosechará obras consumadas de santidad y se enriquecerá de virtudes cristianas, que servirán a su vez de ejemplo y aliento al prójimo en el servicio de Dios. Es provechoso saber que es un signo especial de predilección, que Dios concede a los que ama, el soportar con valentía y por su amor las adversidades y contratiempos que ofrece la vida presente. Nuestro Señor Jesucristo fue el modelo perfecto, que sufrió acerbísimos dolores por nosotros, y nos dio ejemplo acabado, queriendo también asociarnos a su pasión con los nuestros. No olvides tampoco: si quieres ser oro, sólo la tribulación purifica las escorias; si hierro, también el sufrimiento desprende el orín.
Contempla las aves del cielo: para alimentarse necesitan bajar al suelo, pero se remontan pronto con vuelo veloz hacia las alturas. Del mismo modo, los siervos de Dios, cuando la necesidad les urja, que se ocupen de los asuntos de este mundo, pero a condición de que sepan elevarse cuanto antes con la mente hacia su Señor para alabarle y glorificarle. Fíjate de nuevo en las aves, las cuales también pisan tierras encenagadas, pero lo hacen con tanto cuidado que consiguen no enfangarse en ellas. De la misma forma, el hombre, que no se manche en lo que pueda inquietar el alma; manteniendo incontaminados los afectos del corazón, elévela hacia lo alto, y con santa operación glorifique al Altísimo Señor.
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«LOS SIERVOS DE DIOS
HONREN A LOS CLÉRIGOS» (I)

por Kajetan Esser, OFM
En la vida de nuestro padre san Francisco destaca fuertemente su voluntad de vivir siguiendo en todo la forma del santo evangelio. Francisco quiso vivir la forma de vida que con su palabra y su vida entera nos proclamó Cristo, el Hombre-Dios. Y lo que nos ha ido explicando Francisco en sus Admoniciones no es otra cosa que «la vida del evangelio de Jesucristo» (1 R Pról 2). En ellas nos ha indicado desde distintos puntos de vista cómo el espíritu del evangelio debe penetrar, modelar y perfeccionar nuestra vida de cada día. Lo ha hecho, además, con un carisma arrebatador.
Pero, a diferencia de muchos contemporáneos suyos que también sentían una honda preocupación religiosa, Francisco no quiso vivir esta forma de vida a su arbitrio, según su propio criterio. Dichos contemporáneos estaban, sin duda, animados por un ideal, pero la pasión y el aferramiento a sus propias ideas los puso en conflicto con la Iglesia, de la que terminaron separándose. Francisco era conocedor de tales conflictos. Sus escritos, incluido su Testamento, nos muestran nítidamente cómo previó la posibilidad de que este peligro se infiltrara entre sus frailes. Por eso procuró muchas veces, y con gran solicitud, prevenirles del mismo.
Impulsado por esta inquietud coloca, para su vida y la de sus hermanos, junto a la «forma del santo evangelio» que Dios le había revelado (Test 14), la «forma de la santa Iglesia romana». En respuesta a la llamada de Dios quiere «seguir las huellas de nuestro Señor Jesucristo» (1 R 1,1); pero también quiere seguir «las huellas venerandas» de la santa madre Iglesia (2 Cel 24). Como los cátaros de su tiempo, quiere vivir una vida según la forma evangélica; pero, a diferencia de ellos, quiere vivirla en la Iglesia y de acuerdo con la misma. La Admonición 26 es una expresión muy elocuente de esta preocupación de Francisco.
Antes que nada, indiquemos algo importante. Es evidente que Francisco no vivió después del concilio Vaticano II, sino en la baja Edad Media. Por eso, está firmemente persuadido de que la Iglesia es la madre que nos da la vida, la madre que nos instruye con la Palabra de Dios, la madre a la que debemos profesar una obediencia filial. Por eso, la madre Iglesia se le hace visible sobre todo en los acontecimientos sacramentales, en los sacerdotes, administradores de los misterios de Dios, en los «clérigos», como suele llamarlos en general. Su actitud hacia los «clérigos» preserva y pone en práctica su veneración y amor a la madre Iglesia. Su actitud hacia los «clérigos» confirma su obediencia y sumisión a la Iglesia. De ahí su obediencia al papa, así como al cardenal protector, por ser el representante del papa, su «papa» como él lo llamaba; de ahí su profundísima veneración a los obispos y sacerdotes. En estrecha unión con todos ellos y, por tanto, con la Iglesia es como Francisco quiere «observar el santo evangelio de nuestro señor Jesucristo», «siempre sumisos y sujetos a los pies de la misma santa Iglesia, firmes en la fe católica» (2 R 12,4). De esta gran preocupación suya es de lo que trata en la Admonición 26.
La «Iglesia», por tanto, no es para él algo etéreo, inconcreto y genérico, no es algo intangible y, en definitiva, inasible. Para Francisco la Iglesia se hace carne viva en los intermediarios de la salvación establecidos por Dios: los «clérigos». Por eso afirma:
Dichoso el siervo que mantiene la fe en los clérigos que viven verdaderamente según la forma de la Iglesia romana. Y ¡ay de aquellos que los desprecian! (Adm 26,1-2).

                                                                 

domingo, 21 de agosto de 2016

Año Franciscano: Día 21 de agosto‏

SAN PÍO X, papa de 1903 a 1914. [Murió el 20 de agosto y su memoria se celebra el 21 del mismo mes]. José Sarto, que ese era su nombre de pila, nació en Riese (Treviso, Italia) el año 1835, de familia campesina. Estudió en el seminario de Padua y se ordenó de sacerdote en 1858. Ejerció diversos ministerios en su diócesis hasta que, en 1884, fue nombrado obispo de Mantua, y más tarde patriarca de Venecia. En 1903 fue elegido papa. Adoptó como lema de su pontificado «Instaurar todas las cosas en Cristo», consigna que, llevada a la práctica con espíritu de sencillez, pobreza y fortaleza, dio grandes frutos: impulsó la lectura de la Sagrada Escritura en lengua vulgar, alentó la participación en las celebraciones litúrgicas para las que renovó los libros y la música, promovió la ación misionera de los laicos, fomentó la primera comunión en edad temprana, publicó su Catecismo predicado antes por él mismo, simplificó la organización de la Curia, atajó los errores de su tiempo, combatió el modernismo. Murió en Roma el 20 de agosto de 1914.- Oración: Señor, Dios nuestro, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa san Pío de sabiduría divina y fortaleza apostólica, concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
BEATA VICTORIA RASOAMANARIVO. Nació en Antananarivo, capital de Madagascar, el año 1848, en el seno de una familia pagana. Estaba emparentada con la familia real y era hija del comandante en jefe del ejército. En 1863 se convirtió al catolicismo y se bautizó. Al año siguiente la dieron en matrimonio a un hombre pagano, noble y rico, pero violento y de malas costumbres. Ella no quiso divorciarse, perdonó sus infidelidades y lo trató siempre con respeto y amor, y así consiguió que, en su lecho de muerte, se convirtiera y se bautizara. Fue protectora de la Iglesia, «padre y madre» para la comunidad católica, y colaboradora de los misioneros. Y cuando éstos fueron expulsados en 1883, socorrió con toda solicitud a los cristianos y defendió a la Iglesia ante las autoridades públicas. Murió en Antananarivo el 21 de agosto de 1894. Fue una mujer de profunda religiosidad, que pasaba muchas horas en la iglesia y se dedicó a innumerables obras de caridad en favor de los pobres, los prisioneros, los abandonados, los leprosos.
BEATO BRUNO ZEMBOL. Nació el año 1905 en Letownia, diócesis de Cracovia (Polonia), de padres campesinos. A los 17 años ingresó en los Franciscanos; terminada su formación y hecho el noviciado, profesó la Regla de San Francisco, como hermano laico, en 1928. Estuvo destinado en varios conventos, en los que ejerció sobre todo el oficio de cocinero. Tuvo como lema de su vida las palabas de san Francisco: «Grandes cosas prometimos, mayores nos están prometidas». En noviembre de 1937, los nazis lo arrestaron en Chelm Lubelski y lo encarcelaron en Lublin. A mitad de junio de 1940 lo confinaron en el campo de concentración de Sachsenhausen, y en diciembre del mismo año lo llevaron al de Dachau (Alemania), donde murió el 21 de agosto de 1942 agotado por las condiciones inhumanas del campo y las torturas. Es uno de los 108 Mártires de la II Guerra Mundial (1940-43) beatificados por Juan Pablo II en 1999.
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Santos Agatónico, Zótico y compañeros mártires. Según la tradición, Agatónico, Zótico y otros muchos cristianos sufrieron el martirio en diversos lugares de Tracia (en la actual Turquía) en el siglo III.
Santa Basa y sus hijos, mártires. Conmemoración de santa Basa y sus tres hijos, Teognio, Agapio y Pistio, que sufrieron el martirio durante la persecución de Diocleciano en el siglo IV. El de la madre tuvo lugar en la isla de Alone, y el de los hijos en Edesa, en la antigua Siria.
Santos Bernardo (Ahmed), María (Zaida) y Gracia (Zoraida). Son tres hermanos, naturales de Carlet (Valencia, España), que se convirtieron del Islam al Cristianismo. Bernardo, en un viaje a Cataluña, se convirtió y profesó como monje en el monasterio cisterciense de Poblet. Vuelto a su tierra natal, consiguió convertir a la fe cristiana a sus dos hermanas. Los tres fueron martirizados en Alcira (Valencia) el 21 de agosto de 1180.
Santa Ciríaca de Roma. Dama romana de gran religiosidad, que dio su nombre al cementerio de la Vía Tiburtina en el Campo Verano, que ella misma había cedido a la Iglesia. Siglo III/IV.
San Cuadrado. Obispo y mártir de Útica en África (en la actual Túnez). Ante la persecución, exhortó a sus fieles a afrontar con entereza el martirio y, en efecto, un grupo numeroso de ellos, clérigos y laicos, dieron fiel testimonio de Cristo y fueron martirizados (cf. día 18). Días después, también el obispo fue sacrificado como represalia contra la fe cristiana. Era el año 258.
San Euprepio. Primer obispo de la ciudad de Verona (Italia) en el siglo III/IV.
San José Dang Dinh (Nien) Vien. Nación en Tien-Chu (Vietnam) el año 1787 en el seno de una familia cristiana. Estudió en el seminario de Luc-Thuy y recibió la ordenación sacerdotal en 1821. Ejerció el ministerio en la comunidad de Dong-Bai, con mucha cautela ante la persecución religiosa del emperador Minh Mang, y con gran celo y provecho, hasta que lo arrestaron en 1838 por unas cartas, de carácter netamente religioso, que le interceptaron. Le exigieron que delatara al obispo y que apostatara pisoteando la cruz. Él se mantuvo firme en la fe a pesar de las torturas. Lo decapitaron en Hung-Yen 21 de agosto de 1838.
San Luxorio. Sufrió el martirio en Fordingiano, población de la isla de Cerdeña (Italia), en el siglo IV.
San Privado. Era obispo de Gévaudan, actual diócesis de Mende (Francia), cuando tuvo lugar la invasión de los alamanes, que perseguían a los cristianos. Privado se escondió en una gruta y se dedicó a la oración y el ayuno, implorando la misericordia de Dios. Cuando lo detuvieron, se negó a pedir a la guarnición de Grèce que se rindiera, a delatar a la comunidad cristiana y a adorar a los ídolos. Lo azotaron con tal crueldad, que murió poco después. Era el año 407.
San Sidonio Apolinar. Nació el año 431 en Lyon (Francia), en el seno de una familia rica de rango senatorial. Estudió en Lyon y Arlés. Contrajo matrimonio con Papialina, hijo del emperador Avito, y tuvieron cuatro hijos. El año 468 lo hicieron prefecto de la ciudad de Roma. Volvió a la Galia y en el 471 fue elegido obispo de Clermont-Ferrand (Auvernia). Era un hombre versado en las ciencias sagradas y profanas, que nos dejó poemas y cartas. Como verdadero padre de todos y doctor insigne, procuró el bien de sus fieles, y se opuso al rey arriano Eurico, que lo confinó junto a Carcasona. Murió hacia el año 479.
Beato Jorge Camilo García, Marista. Nació en Cuadros (León) en 1916. Emitió sus primeros votos el 15-VIII-1935 y enseguida lo destinaron al colegio San José de la calle Fuencarral de Madrid, donde se encargó de los alumnos más pequeños. Cuando los milicianos asaltaron el colegio el 20-VII-1936, estaba en cama, enfermo de tifus; no obstante, lo encarcelaron. A principios de 1937 lo dejaron en libertad. Tuvo que hacer el servicio militar; estando en un cuartel de Hortaleza, los jefes militares descubrieron que era un religioso y lo fusilaron el 21 de agosto de 1937 en el patio del cuartel. Tenía 21 años. Beatificado el 13-X-2013.
Beatos Juan Cuscó y Pedro Sadurní. Los dos eran miembros de la congregación Hijos de la Sagrada Familia, sacerdotes, competentes y apreciados profesores y educadores en diversos centros suyos. Cuando estalló la persecución religiosa, estaban de familia en el colegio San José, de Tremp (Lérida), del que el P. Juan era superior y director. Intentaron cruzar la frontera para marchar a Roma, pero fueron detenidos y encarcelados. El 21 de agosto de 1936 fueron asesinados en el cementerio de Lérida. Juan Cuscó nació en La Granada del Penedés (Barcelona) en 1872. Además de poseer excelentes cualidades pedagógicas, era buen confesor y director de almas. Pedro Sadurní nació en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) en 1883. Dotado de un talento privilegiado, fue muy estimado como profesor de ciencias. Beatificados el 13-X-2013.
Beato Juan Vernet. Nació en Vilella Alta (Tarragona) en 1899. Ingresó en el seminario de Tarragona a los doce años, en 1921 hizo el servicio militar en África, fue ordenado sacerdote en 1926. Ejerció su ministerio en varios destinos, siendo último el de La Morera de Montsant. Afrontó con serenidad y valor la persecución religiosa, abandonado en las manos de Dios. Tuvo que marchar a su pueblo y refugiarse en una casita de campo con otro sacerdote. El 21 de agosto de 1936, cuando se dirigían a Montblanc, fueron detenidos los dos sacerdotes y asesinados con saña en Juncosa (Lérida). Beatificado el 13-X-2013.
Beato Ladislao Findysz. Nació en Polonia el año 1907. De joven ingresó en el seminario de Przemysl y recibió la ordenación sacerdotal en 1932. Ejerció su ministerio en sucesivas parroquias hasta llegar a la de San Pedro y San Pablo de Nowy Zmigrog. En octubre de 1944 fue expulsado con todos los habitantes del pueblo por los nazis. Regresó al año siguiente y se dedicó a reorganizar su feligresía y a ayudar a los necesitados. Las nuevas autoridades, comunistas, empezaron a molestarlo en 1952 y en noviembre de 1963 lo detuvieron y lo condenaron a dos años y medio de reclusión. En muy mal estado de salud se le permitió volver a casa, en la que murió el 21 de agosto de 1964. Fue beatificado como mártir el año 2005.
Beato Ramón Peiró Victori. Nació en Aiguafreda (Barcelona) el año 1891. Huérfano de padre, ingresó con su hermano, el beato mártir Miguel Peiró, en un Colegio de los Padres de la Sagrada Familia. En 1907 vistió el hábito de los Dominicos. Recibió la ordenación sacerdotal en 1915. Trabajó en varios centros dedicados a la formación de los futuros dominicos. Desde finales de 1927 estuvo su convento de Barcelona. Dirigió asociaciones, atendió a diferentes comunidades de religiosas, inculcó en los jóvenes la devoción a la Eucaristía y a la Virgen, era afable y sencillo con todos. En la guerra civil, lo detuvieron los milicianos, que lo fusilaron en el paraje «El Morrot», en la zona del puerto de Barcelona, el 21 de agosto de 1936.
Beato Salvador Estrugo Solves. Nació en Bellreguat, provincia de Valencia en España, el año 1862, en el seno de una familia de labradores. Ingresó de niño en el seminario de Valencia y recibió la ordenación sacerdotal en 1888. Ejerció el ministerio parroquial en varios pueblos y, a partir de 1931, fue capellán del Hospital de Alberique. A raíz de la persecución religiosa de 1936, quedó como único sacerdote en el pueblo, y con mucha discreción estuvo atendiendo a los feligreses, hasta que el 10 de agosto de 1936, fiesta de San Lorenzo, Patrón de Alberique, lo detuvieron los milicianos y lo condujeron a la cárcel, y allí lo asesinaron.

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
Dijo Jesús a Pedro en la Última Cena: -¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22,31-32).
Pensamiento franciscano:
Dice santa Clara en su Regla: -Las hermanas estén firmemente obligadas a tener siempre como gobernador, protector y corrector nuestro, al cardenal de la santa Iglesia Romana que haya sido asignado a los Hermanos Menores por el señor Papa, para que, siempre súbditas y sujetas a los pies de la misma santa Iglesia, estables en la fe católica, guardemos perpetuamente la pobreza y la humildad de nuestro Señor Jesucristo y de su santísima Madre y el santo Evangelio, que firmemente hemos prometido (RCl 12,12-13).
Orar con la Iglesia:
Oremos al Señor, nuestro Dios, en la conmemoración de san Pío X, papa.
-Por la Iglesia, necesitada siempre de reforma en sus instituciones y de conversión en sus miembros.
-Por los presbíteros, colaboradores de los obispos, responsables de la misión pastoral en las diócesis.
-Por los laicos comprometidos en la acción misionera de la Iglesia.
-Por la multitud de los bautizados que viven al margen de la fe y de la Iglesia.
-Por todos los creyentes, llamados a participar en la solicitud pastoral de la Iglesia.
Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas, que hoy te dirigimos confiando en la valiosa intercesión de san Pío X, y concédenos lo que te pedimos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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SANTOS A LOS QUE INVOCAR E IMITAR
Catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del 20 de agosto de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Cada día la Iglesia ofrece a nuestra consideración uno o más santos y beatos a los que invocar e imitar. En esta semana, por ejemplo, recordamos algunos muy apreciados por la devoción popular. San Juan Eudes (19), que frente al rigorismo de los jansenistas -en el siglo XVII- promovió una tierna devoción, cuyas fuentes inagotables indicó en los sagrados Corazones de Jesús y de María.
San Bernardo de Claraval (20), a quien el Papa Pío VIII llamó «doctor melifluo» porque destacaba en «hacer destilar de los textos bíblicos el sentido que se encontraba escondido en ellos». A este místico, deseoso de vivir sumergido en el «valle luminoso» de la contemplación, los acontecimientos lo llevaron a viajar por Europa para servir a la Iglesia en las necesidades de su tiempo y para defender la fe cristiana. Ha sido definido también como «doctor mariano», no porque haya escrito muchísimo sobre la Virgen, sino porque supo captar su papel esencial en la Iglesia, presentándola como el modelo perfecto de la vida monástica y de todas las demás formas de vida cristiana.
San Pío X (21), que vivió en un periodo histórico atormentado. De él Juan Pablo II dijo, cuando visitó su pueblo natal en 1985: «Luchó y sufrió por la libertad de la Iglesia, y por esta libertad se manifestó dispuesto a sacrificar privilegios y honores, a afrontar incomprensión y escarnios, puesto que valoraba esta libertad como garantía última para la integridad y la coherencia de la fe».
Santa María Reina (22), memoria instituida por el siervo de Dios Pío XII en el año 1954, y que la renovación litúrgica impulsada por el concilio Vaticano II puso como complemento de la festividad de la Asunción, ya que ambos privilegios forman un único misterio.
Y santa Rosa de Lima (23), la primera santa canonizada del continente latinoamericano, del que es patrona principal. Santa Rosa solía repetir: «Si los hombres supieran qué es vivir en gracia, no se asustarían de ningún sufrimiento y aguantarían con gusto cualquier pena, porque la gracia es fruto de la paciencia». Murió a los 31 años, en 1617, tras una breve existencia llena de privaciones y sufrimiento, en la fiesta del apóstol san Bartolomé, del que era muy devota porque había sufrido un martirio particularmente doloroso.
Así pues, queridos hermanos y hermanas, día tras día la Iglesia nos ofrece la posibilidad de caminar en compañía de los santos. Hans Urs von Balthasar escribió que los santos constituyen el comentario más importante del Evangelio, su actualización en la vida diaria; por eso representan para nosotros un camino real de acceso a Jesús. El escritor francés Jean Guitton los describía como «los colores del espectro en relación con la luz», porque cada uno de ellos refleja, con tonalidades y acentos propios, la luz de la santidad de Dios. ¡Qué importante y provechoso es, por tanto, el empeño por cultivar el conocimiento y la devoción de los santos, así como la meditación diaria de la palabra de Dios y el amor filial a la Virgen!
El período de vacaciones constituye un tiempo útil para repasar la biografía y los escritos de algunos santos o santas en particular, pero cada día del año nos ofrece la oportunidad de familiarizarnos con nuestros patronos celestiales. Su experiencia humana y espiritual muestra que la santidad no es un lujo, no es un privilegio de unos pocos, una meta imposible para un hombre normal; en realidad, es el destino común de todos los hombres llamados a ser hijos de Dios, la vocación universal de todos los bautizados. La santidad se ofrece a todos; naturalmente no todos los santos son iguales: de hecho, como he dicho, son el espectro de la luz divina. Y no es necesariamente un gran santo el que posee carismas extraordinarios. En efecto, hay muchísimos cuyo nombre sólo Dios conoce, porque en la tierra han llevado una vida aparentemente muy normal.
Precisamente estos santos «normales» son los santos que Dios quiere habitualmente. Su ejemplo testifica que sólo cuando se está en contacto con el Señor se llena uno de su paz y de su alegría y se es capaz de difundir por doquier serenidad, esperanza y optimismo. Considerando la variedad de sus carismas, Bernanos, gran escritor francés a quien siempre fascinó la idea de los santos -cita a muchos en sus novelas- destaca que «cada vida de santo es como un nuevo florecimiento de primavera».
Que esto nos suceda también a nosotros. Así pues, dejémonos atraer por la fascinación sobrenatural de la santidad. Que nos obtenga esta gracia María, la Reina de todos los santos, Madre y refugio de los pecadores.
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LA VOZ DE LA IGLESIA QUE RESUENA DULCEMENTE
San Pío X, Constitución apostólica «Divino Afflatu»
Es un hecho demostrado que los salmos, compuestos por inspiración divina, cuya colección forma parte de las sagradas Escrituras, ya desde los orígenes de la Iglesia sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre, y que además, por una costumbre heredada del antiguo Testamento, alcanzaron un lugar importante en la sagrada liturgia y en el Oficio divino. De ahí nació lo que san Basilio llama «la voz de la Iglesia», y la salmodia, calificada por nuestro antecesor Urbano VIII como «hija de la himnodia que se canta asiduamente ante el trono de Dios y del Cordero», y que, según el dicho de san Atanasio, enseña, sobre todo a las personas dedicadas al culto divino, «cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas» para ensalzarlo. Con relación a este tema, dice bellamente san Agustín: «Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo».
Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes. En efecto, «si bien es verdad que toda Escritura, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, inspirada por Dios es útil para enseñar, según está escrito, sin embargo, el libro de los salmos, como el paraíso en el que se hallan (los frutos) de todos los demás (libros sagrados), prorrumpe en cánticos y, al salmodiar, pone de manifiesto sus propios frutos junto con aquellos otros». Estas palabras son también de san Atanasio, quien añade asimismo: «A mi modo de ver, los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esta sensación los recitan». San Agustín dice en el libro de sus Confesiones: «¡Cuánto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaba dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien».
En efecto, ¿quién dejará de conmoverse ante aquellas frecuentes expresiones de los salmos en las que se ensalza de un modo tan elevado la inmensa majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad o clemencia y todos sus demás infinitos atributos, dignos de alabanza? ¿En quién no encontrarán eco aquellos sentimientos de acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios, o aquellas humildes y confiadas súplicas por los que se espera recibir, o aquellos lamentos del alma que llora sus pecados? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor al descubrir la imagen esbozada de Cristo redentor, de quien san Agustín «oía la voz en todos los salmos, ora salmodiando, ora gimiendo, ora alegre por la esperanza, ora suspirando por la realidad»?
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LA DEVOCIÓN MARIANA DE SAN FRANCISCO
6. VIVENCIA DE LA PIEDAD MARIANA
por Kajetan Esser, ofm
Las biografías destacan con acentos particulares la predilección de Francisco por los lugares marianos, por las iglesias puestas bajo la protección de la Virgen. Tres de estas iglesitas las restauró personalmente. La más significativa e importante para la vida futura de Francisco y de su orden fue la ermita de Santa María de los Angeles, cerca de Asís, llamada Porciúncula. El santo no se cansaba de contárselo a sus hermanos: «Solía decir que por revelación de Dios sabía que la Virgen santísima amaba con especial amor aquella iglesia entre todas las construidas en su honor a lo ancho del mundo, y por eso el santo la amaba más que a todas» (2 Cel 19). Este relato resalta inequívocamente que Francisco se afanaba con infantil sencillez en amar todo lo que sabía que María amaba. Y este amor era particularmente premiado precisamente en la Porciúncula. Por eso, lleno de confianza llevó a sus doce primeros hermanos a esta iglesita, «con el fin de que allí donde, por los méritos de la madre de Dios, había tenido su origen la orden de los menores, recibiera también -con su auxilio- un renovado incremento» (LM 4,5). Y aquí fijó su primera residencia, por su entrañable amor a la Madre bendita del Salvador. Y cuando se sintió morir, se hizo conducir allá, para morir «donde por mediación de la Virgen madre de Dios había concebido el espíritu de perfección y de gracia» (Lm 7,3).
Por así decirlo, quiso pasar toda su vida en la casa de María, para encontrarse siempre cerca de su solicitud maternal. Y lo deseó también para sus seguidores. Por eso, ya moribundo, recomendó de modo especialísimo a sus hermanos este lugar santo: «Mirad, hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro» (1 Cel 106; cf. LM 2,8).
Sintiéndose muy íntimamente vinculado a la Madre de Dios y tan profundamente obligado con ella a lo largo de su vida, se mostraba particularmente agradecido: «Le tributaba peculiarmente alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana» (2 Cel 198). Como lo demuestran las rúbricas para el Oficio de la pasión, diariamente rezaba especiales «salmos a santa María» (OfP introducción), muy probablemente el así llamado Officium parvum beatae Mariae Virginis, compuesto ya en el siglo XII y que con frecuencia se rezaba juntamente con las horas canónicas. Enseñaba a sus hermanos a decir también el Ave María, en la forma breve de la edad media, cuando rezaban el Pater noster. Debían meditar particularmente las alegrías de María, «para que Cristo les concediese un día las alegrías eternas».
Parece que entre todas las fiestas de la Virgen, Francisco tenía predilección por la de la Asunción. Acostumbraba prepararse a ella con un ayuno especial de cuarenta días. Puede que se deba a él el que los hermanos de la penitencia (los terciarios) estuvieran dispensados de la abstinencia este día, como ocurría en las fiestas más grandes, si coincidía con alguno de los días que según la regla fueran de abstinencia. En esta fiesta debía prevalecer la alegría por el honor concedido a María.
Poseído por la más completa confianza en la Virgen, Francisco realizó obras maravillosas. Así, cierto día cogió unas migas de pan, las amasó con un poco de aceite tomado de la lámpara que «ardía junto al altar de la Virgen» y se lo mandó a un enfermo, que «por la fuerza de Cristo» curó perfectamente (LM 4,8). Se apareció también a una señora, aquejada por los dolores de un parto dificilísimo, y le dijo que rezara la «Salve, Regina misericordiae». Mientras la rezaba, dio felizmente a luz un niño (3 Cel 106). Aunque estos relatos pudieran ser dejados de lado por legendarios, demuestran cuando menos hasta qué punto los contemporáneos de Francisco apreciaban su confianza en María y con qué delicadeza la han asociado a su imagen.
La piedad mariana de Francisco, acuñada en muchos detalles por la corriente de la tradición cristiana, pero nacida especialmente de la espiritualidad de este gran santo, fue recogida vitalmente por su orden, y transmitida a través de los siglos. Si un examen más amplio y una reflexión más profunda han aportado algunas novedades y han introducido algunas diferencias, con todo permanecen como columnas firmes aquellas verdades que Francisco transmitió con tanta convicción a los hermanos menores: María es la madre de Jesús, y, como tal, es el instrumento escogido por la Trinidad para su obra de salvación; María es la «Señora pobre», y, como tal, la protectora de la orden. Su culto en la historia es la actualización de una corta y admirable oración compuesta por Tomás de Celano: «¡Ea, abogada de los pobres!, cumple en nosotros tu misión de tutora hasta el día señalado por el Padre» (2 Cel 198).
 

Fuente http://www.franciscanos.org/agnofranciscano/m08/dia0821.html

domingo, 14 de agosto de 2016

AÑO FRANCISCANO- DÍA 14 DE AGOSTO

DÍA 14 DE AGOSTO

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SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE . Nació cerca de Lodz (Polonia) en 1894. Ingresó en los Franciscanos Conventuales, estudió en Roma y allí recibió la ordenación sacerdotal. Pronto, encendido en el amor a la Madre de Dios, fundó la asociación «Milicia de la Inmaculada» que propagó con entusiasmo con varias publicaciones y a cuyo servicio fundó la «Ciudad de la Inmaculada». En 1930 marchó como misionero a Japón, donde se esforzó por extender la fe cristiana bajo el patrocinio de la misma Virgen Inmaculada. Vuelto a Polonia en 1936, intensificó la publicación y difusión de revistas marianas. Desencadenada la II Guerra Mundial, fue detenido por los nazis e internado en el campo de concentración de Oswiecim o Auschwitz (Cracovia, Polonia), donde lo destinaron a un trabajo tan penoso como el de trasportar cadáveres al crematorio. Y allí murió el 14 de agosto de 1941, tras haberse ofrecido voluntariamente a sustituir a un padre de familia condenado a la muerte por hambre. Juan Pablo II lo canonizó en 1982 y decretó que se le venerase también como mártir.- Oración : Oh Dios, que al mártir san Maximiliano María Kolbe, apóstol de la Inmaculada, le llenaste de celo por las almas y de amor al prójimo; concédenos, por su intercesión, trabajar generosamente por tu gloria en el servicio de los hombres y tener el valor de asemejarnos a tu Hijo, incluso hasta en la muerte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SANTOS DOMINGO IBÁÑEZ DE ERQUICIA y FRANCISCO SHOYEMON. Son dos mártires dominicos, el primero español y el segundo japonés, que sufrieron en Nagasaki (Japón), el 14 de agosto de 1633, el tormento de la hoya y la horca: colgados por los pies, con los cuerpos pendientes e inmovilizados, quedaban sus cabezas metidas en una hoya llena de inmundicias nauseabundas que los iban asfixiando lentamente. Domingo nació en Régil (Guipúzcoa, España) el año 1589. De muy joven ingresó en los Dominicos, se ofreció para ir a las misiones de Oriente y en 1611 se embarcó para Filipinas. Allí recibió la ordenación sacerdotal y estuvo trabajando hasta que, en 1623, marchó a Japón, donde desarrolló su apostolado en la clandestinidad y en medio de grandes peligros por la persecución a que estaban sometidos los cristianos. Este ministerio duró diez años, pues a mediados de 1633 fue arrestado y luego martirizado. Francisco era un cristiano japonés que se unió al P. Domingo como catequista y compañero en su trabajo misionero. Lo arrestaron por ser colaborador de los misioneros. En la cárcel pidió al P. Domingo que lo admitiera en la Orden como hermano lego, y quedó inscrito como novicio. Compartió la suerte de su padre espiritual.
BEATO SANTOS BRANCORSINI DE MONTEFABBRI. Nació en Montefabbri (Urbino, Italia) el año 1343. Recibió una esmerada educación. Inició la carrera militar siguiendo las costumbres de aquel tiempo y la familia lo envió a Urbino para que estudiara jurisprudencia. Una riña casual con un amigo íntimo originó un incidente de armas y en legítima defensa hirió al amigo, que luego murió. Este hecho le llevó, el año 1362, a abrazar la vida religiosa en la Orden franciscana como hermano lego. Pronto destacó por su vida y virtudes, su oración y su penitencia, por lo que los superiores le confiaron la formación de los novicios laicos. Además ejerció el oficio de limosnero y de cocinero. De él se cuentan muchas anécdotas y hechos maravillosos en favor sobre todo de los pobres y enfermos que acudían al convento. Profesó una singular devoción a la Eucaristía y a la Virgen. Murió el 14 de agosto de 1394 en el eremitorio de Scotaneto (Mombaroccio, Marcas).
BEATA ISABEL RENZI. Nació en Saludecio (Emilia-Romaña, Italia) el año 1786. A los nueve años entró en el monasterio de clarisas de Mondaino como educanda y más tarde profesó en las agustinas de Pietrarubbia. Cuando Napoleón suprimió los conventos en 1810, volvió a su casa. En 1824 entró a trabajar en el «Conservatorio» de Coriano, una escuela para la educación de las muchachas más pobres. Hubo un intento de unir el Conservatorio con la obra de las Canosianas, y santa Magdalena de Canosa visitó Coriano, pero ésta misma aconsejó a Isabel que siguiera al frente del Conservatorio. A partir del mismo fundó Isabel en 1828 la Congregación de las Maestras Pías de la Dolorosa y puso todo su empeño en que las niñas pobres recibieran en las escuelas una formación humana y catequística. Isabel dedicó el resto de su vida a la formación de sus hermanas y a la consolidación de su instituto. Murió en Coriano el año 1859.
BEATOS BERARDO DE VISANTOÑA Y COMPAÑEROS MÁRTIRESBEATOS BERNARDO DE VISANTOÑA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES, Capuchinos. El 21-VII-1936, al inicio de la persecución religiosa en España, los milicianos asaltaron el convento capuchino de Gijón (Asturias) y detuvieron a sus religiosos. El 14 de agosto de 1936, después de 24 días de dura prisión, en la que los frailes rezaron y consolaron a sus compañeros de infortunio, los llevaron al cementerio de Jove (Asturias) y los fusilaron mientras ellos gritaban: «¡Viva Cristo Rey!», «Os perdonamos». Después rociaron con gasolina los cadáveres y les prendieron fuego; al enterrarlos echaron cal sobre ellos. Bernardo de Visantoña nació en Visantoña (La Coruña) en 1878. Hizo su primera profesión en 1901. Después de su ordenación sacerdotal en 1909, lo ! enviaron a Roma para ampliar estudios. A su regreso, se dedicó a la docencia en sus casas de formación y ejerció cargos de autoridad, incluido el de superior provincial de Castilla de 1919 a 1922. Arcángel de Valdavida nació en Valdavida (León) el año 1882. Profesó en 1900 y recibió la ordenación sacerdotal en 1909. En 1912 marchó a las misiones de América (Venezuela, Puerto Rico y Cuba). De regreso a España, enfermo de la vista, su apostolado se limitó al confesonario. Ildefonso de Armellada nació en Armellada (León) en 1874. Estudió en el seminario de Astorga y se ordenó sacerdote en 1900. Dos años después ingresó en los capuchinos y profesó en 1903. Se dedicó luego a la enseñanza y a la predicación, y le confiaron cargos de autoridad conventual. Alejo de Terradillos nació en Terradillos (León) el año 1874. Vistió el hábito capuchino como hermano laico en 1906. En 1934 lo destinaron a Gijón, donde le confiaron el oficio d! e portero. Eusebio de Saludes nació en Salude! s de Castroponce (León) en 1885. Profesó como hermano laico en 1908. Estuvo en Cuba de 1919 a 1927. Grandemente imposibilitado para el trabajo, regresó a España. Cuando lo detuvieron, yacía en un jergón sin poder apenas sostenerse de pie. Beatificados el 13-X-2013. [Más información]
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San Antonio Primaldo y compañeros mártires, también llamados «Mártires de Otranto». El verano de 1480, las tropas turcas se presentaron ante el puerto de Otranto (Apulia, Italia) y asaltaron la ciudad; murieron el arzobispo y multitud de sacerdotes, religiosos y seglares. Vencida la ciudad, el general turco hizo que le presentaran a los varones mayores de 15 años, que fueron en total unos 800. Les conminó a abrazar el Islam con amenazas de muerte o, por el contrario, grandes promesas. Capitaneados y exhortados por Antonio Primaldo, un anciano de oficio tejedor, todos se mantuvieron firmes en su fe en Cristo y fueron decapitados. Esto sucedía el 14 de agosto de 1480. Canonizados el año 2013.
San Arnulfo de Soissons. Nació en Flandes hacia el año 1040 y, siguiendo su tradición familiar, abrazó la carrera militar. Más tarde abandonó las armas y el mundo, y se hizo monje en el monasterio de Soissons, del que sería elegido abad. En atención a sus talentos y virtudes, el Concilio de Meaux lo nombró obispo de Soissons el año 1080. En su tarea episcopal se esforzó en buscar la paz y la concordia. Murió el año 1087 en el monasterio de Oudenbourg que él mismo había fundado años antes.
San Eusebio de Roma. Clérigo romano que fundó la basílica que lleva su nombre en el monte Esquilino de Roma.
San Fachanan (o Fachtna). Obispo y abad de Ross (Irlanda) que fundó en este lugar un monasterio, célebre por la enseñanza de las ciencias divinas y humanas. Su vida se sitúa en el siglo VI.
San Marcelo de Apamea. Obispo de Apamea en Siria, que fue martirizado el año 390 por los paganos enfurecidos porque había destruido un templo dedicado a Júpiter.
San Ursicino. Sufrió el martirio en la provincia romana del Ilírico (en la actual Croacia) a principios del siglo IV.
Beatos Antonio Primaldo y compañeros mártires, también llamados «Mártires de Otranto». El verano de 1480, las tropas turcas se presentaron ante el puerto de Otranto (Apulia, Italia) y asaltaron la ciudad; murieron el arzobispo y multitud de sacerdotes, religiosos y seglares. Vencida la ciudad, el general turco hizo que le presentaran a los varones mayores de 15 años, que fueron en total unos 800. Les conminó a abrazar el Islam con amenazas de muerte o, por el contrario, grandes promesas. Capitaneados y exhortados por Antonio Primaldo, un anciano de oficio tejedor, todos se mantuvieron firmes en su fe en Cristo y fueron decapitados. Esto sucedía el 14 de agosto de 1480.
Beatos Eliseo María Camargo y 3 compañeros mártires, Carmelitas Calzados. Estos cuatro religiosos laicos pertenecían a la comunidad de la Orden Carmelitana de Hinojosa del Duque (Córdoba). El 14 de agosto de 1936 los milicianos asaltaron por segunda vez el convento, y allí mismo mataron a los hermanos Antonio y Pedro, mientras se llevaban a la cárcel a los hermanos Eliseo y José María; a estos, después de maltratarlos y vejarlos, los fusilaron aquel mismo día por la noche en las afueras de Hinojosa. Eliseo María Camargo nació Osuna (Sevilla) en 1887; de joven ejerció el oficio de lampista y en 1919 hizo su primera profesión; era el cocinero del convento. José María Ruiz nació en Osuna (Sevilla) el año 1902 en una familia humilde, trabajadora y buena; hizo su profesión temporal en 1921; se ocupó de la sacristía y ayudaba en la cocina. Antonio María Martín nació en El Saucejo (Sevilla! ) en 1887 de una familia de jornaleros del campo; muertos sus padres, abrazó la vida religiosa e hizo su primera profesión en 1926; era el portero del convento, humilde, sencillo y servicial. Pedro Velasco nació en Minas de Riotinto (Huelva) en 1892; de joven trabajó como zapatero; en 1933 solicitó el ingreso en la Orden como postulante, se le aceptó, y en esa condición le sorprendió el martirio.- Beatificados el 13-X-2013.
Beato Félix Yuste Cava. Nació en Chulilla (Valencia, España) el año 1887. Estudió en el seminario de Valencia y completó estudios en Roma, donde se ordenó de sacerdote en 1910. Hizo en la Universidad Gregoriana los doctorados en Filosofía, Teología y Derecho Canónico. Vuelto a Valencia, trabajó en el seminario y en varias parroquias, la última la de San Juan y San Vicente de la capital, en las que brilló por su inteligencia y humildad. Durante la persecución religiosa de 1936, se refugió, junto con un hermano suyo sacerdote, en casa de otro hermano. Los anarquistas arrestaron a los dos sacerdotes, y al día siguiente, 14 de agosto de 1936, los fusilaron en El Saler, término municipal de Valencia.
Beato Jocundo Bonet. Nació en Tarragona el año 1875. Tuvo que interrumpir el seminario para hacer el servicio militar en Cuba. De nuevo en Tarragona, fue ordenado sacerdote en 1900. Ejerció el ministerio en su ciudad natal y en Reus. Era caritativo y generoso, amante de la liturgia, muy devoto del Sagrado Corazón y de la Virgen, atendía el confesonario, visitaba a los enfermos, dirigía una escuela para obreros pobres. Al estallar la persecución religiosa, rehusó ausentarse de su parroquia. El 14 de agosto de 1936, lo detuvieron los milicianos y lo asesinaron en la carretera de Alcolea, en Reus. Beatificado el 13-X-2013.
Beato José García Librán. Nació en Herreruela de Oropesa (Toledo) en 1909. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1933. Lo nombraron párroco de Gavilanes en 1935. Destacó por su preparación intelectual, su bondad y su intensa vida espiritual; visitaba con frecuencia a los enfermos y los socorría si eran pobres. Cuando estalló la persecución religiosa, creía él que no lo denunciarían y siguió en Gavilanes; después se refugió con su hermano Serafín en una casa apartada del pueblo. El 14 de agosto de 1936 los dos fueron torturados y asesinados por los milicianos en el pueblo vecino de Pedro Bernardo (Ávila). Beatificado el 13-X-2013.
Beata María Patrocinio de San José. Nació en Bigas (Barcelona) en 1903. A los 13 años, al fallecer su padre, dejó la escuela y se dedicó a los quehaceres domésticos y a ayudar a sus hermanos en las faenas agrícolas. Tuvo un noviazgo breve. En 1929, vencida la oposición de sus familiares, ingresó en el monasterio de la Presentación de las Carmelitas de clausura de Vic. El 21-VII-1936 tuvo que disolverse la comunidad a causa de la persecución religiosa. Fue asesinada la noche del 13 al 14 de agosto de 1936, cerca de la parroquia de San Martín de Riudeperas (Barcelona), en el km 4 de la carretera de Vic a San Hilario.
Beato Mario Ros Ezcurra. Nació en Lezáun (Navarra) en 1910. Profesó en la Congregación de los Sagrados Corazones en 1929, y, ordenado sacerdote en 1935, lo enviaron a su colegio de Madrid para encargarse de la sección de los pequeños, donde realizó su actividad apostólica. Al iniciarse la persecución religiosa de 1936, se refugió en la pensión de unos tíos suyos; allí celebraba la misa todos los días y repartía la comunión. Detenido y apresado en la checa de Bellas Artes, declaró que era religioso y, con toda discreción, dio la absolución a compañeros de infortunio. Fue fusilado el 14 de agosto de 1936 a las afueras de Madrid. Beatificado el 13-X-2013.
Beato Ricardo Atanes. Nació en Cualedro (Orense) en 1875. Profesó en los Paúles en 1893. Ordenado sacerdote en 1899, lo enviaron a México donde trabajó en un seminario y en la catequesis de los indios mayas. En 1914 pasó a USA para atender a la colonia mexicana. Volvió a España en 1924 y su último destino fue Gijón. Era un místico auténtico y profundo; siempre destacó por su amabilidad con los pobres. En la persecución religiosa de 1936, lo identificaron como sacerdote y lo llevaron a una checa en la que lo torturaron sin piedad. Pasó luego a otras cárceles. El 14 de agosto de 1936 lo fusilaron junto con otros presos en el cementerio de Gijón (Asturias). Beatificado el 13-X-2013.
Beato Vicente Rubiols Castelló. Nació en Gandía (Valencia, España) el año 1874. Estudió en el seminario de Valencia y se ordenó de sacerdote en 1894. Desempeñó el ministerio parroquial en varios sitios hasta que en 1898 tomó posesión del curato de La Pobla Llarga, en el que permaneció hasta su martirio. Era un hombre bondadoso, lleno de celo apostólico, amante de la liturgia, caritativo y limosnero, centrado en su ministerio sacerdotal. Ya antes de julio de 1936 tuvo que dejar su parroquia al instalarse en el pueblo el Frente Popular. El 14 de agosto de 1936 lo arrestaron unos milicianos, que lo fusilaron en el término municipal de Picassent (Valencia) mientras él gritaba: «¡Viva Jesús sacramentado!».

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
San Pablo escribió desde la prisión a los Filipenses: -Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe (Flp 1,21-25).
Pensamiento franciscano:
Dice el Señor en el Evangelio: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío; y: El que quiera salvar su vida, la perderá. Deja todo lo que posee y pierde su cuerpo el hombre que se ofrece a sí mismo todo entero a la obediencia en manos de su prelado. Y si alguna vez el súbdito ve cosas mejores y más útiles para su alma que aquellas que le ordena el prelado, sacrifique voluntariamente sus cosas a Dios, y aplíquese en cambio a cumplir con obras lo que manda el prelado. Pues ésta es la obediencia caritativa, porque satisface a Dios y al prójimo (Adm 3,1-6).
Orar con la Iglesia:
En la fiesta de san Maximiliano María Kolbe, mártir de Cristo, oremos a Dios nuestro Padre.
-Por la Iglesia: para que se sienta fortalecida con el testimonio de los mártires.
-Por los que sufren persecución, humillaciones o discriminación por su fidelidad al Evangelio: para que salgan fortalecidos de la prueba.
-Por los que se dedican al servicio de los demás con gran riesgo de sus vidas: para que su generosidad venza nuestro egoísmo.
-Por las víctimas de las guerras, del odio o del terrorismo: para que su sangre derramada no sea inútil.
-Por todos los cristianos: para que el testimonio de los mártires nos reconforte en las pruebas de cada día.
Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas por la intercesión de san Maximiliano, cuya sangre derramada por Cristo clama a ti en nuestro favor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE
De la Catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del 13 de agosto de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Quien ora no pierde nunca la esperanza, aun cuando se llegue a encontrar en situaciones difíciles e incluso humanamente desesperadas. Esto nos enseña la sagrada Escritura y de esto da testimonio la historia de la Iglesia. En efecto, ¡cuántos ejemplos podríamos citar de situaciones en las que precisamente la oración ha sido la que ha sostenido el camino de los santos y del pueblo cristiano! Entre los testimonios de nuestra época quiero citar el de dos santos cuya memoria celebramos en estos días: Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, cuya fiesta celebramos el 9 de agosto, y Maximiliano María Kolbe al que recordaremos mañana, 14 de agosto, vigilia de la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. Ambos concluyeron su vida terrena con el martirio en el campo de concentración de Auschwitz. Aparentemente su existencia se podría considerar una derrota, pero precisamente en su martirio resplandece el fulgor del amor que vence las tinieblas del egoísmo y del odio.
A san Maximiliano Kolbe se le atribuyen las siguientes palabras que habría pronunciado en el pleno furor de la persecución nazi: «El odio no es una fuerza creativa: lo es sólo el amor». El generoso ofrecimiento que hizo de sí en cambio de un compañero de prisión, ofrecimiento que culminó con la muerte en el búnker del hambre, el 14 de agosto de 1941, fue una prueba heroica de amor.
«¡Ave María!»: fue la última invocación salida de los labios de san Maximiliano María Kolbe mientras ofrecía su brazo al que lo mataba con una inyección de ácido fénico. Es conmovedor constatar que acudir humilde y confiadamente a la Virgen es siempre fuente de valor y serenidad. Mientras nos preparamos a celebrar la solemnidad de la Asunción, que es una de las fiestas marianas más arraigadas en la tradición cristiana, renovemos nuestra confianza en Aquella que desde el cielo vela con amor materno sobre nosotros en todo momento. Esto es lo que decimos en la oración familiar del avemaría, pidiéndole que ruegue por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte».
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Os invito a contemplar con fervor el testimonio de San Maximiliano María Kolbe. Siguiendo sus huellas, acoged con humildad la Palabra de Jesucristo, meditadla cada día y llevadla a la práctica con valentía y constancia. A ejemplo suyo también, poneos bajo el dulce amparo de la Virgen María, rezando el Santo Rosario y confiando siempre en su amor de Madre. Que Dios os bendiga.
(A los peregrinos polacos) Mañana se celebra la memoria de san Maximiliano María Kolbe. El acto de amor heroico y la muerte del mártir será siempre signo del triunfo de la fuerza de Dios y la nobleza del hombre sobre la inmensidad del mal. Pidamos por su intercesión el don de la paz en el mundo. Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.
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EL IDEAL DE LA VIDA APOSTÓLICA
ES LA SALVACIÓN Y SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS

De las cartas de san Maximiliano María Kolbe
Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no sólo a los laicos, sino también a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece, esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible.
La gloria de Dios consiste en la salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvación y la santificación más perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime de nuestra vida apostólica.
Cuál sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y sólo él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. ¿Y cómo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra.
La obediencia, y sólo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse pero nosotros, obedeciendo, no nos equivocamos nunca. Se da una excepción: cuando el superior manda algo que, con toda claridad y sin ninguna duda, es pecado, aunque éste sea insignificante; porque, en este caso, el superior no sería el representante de Dios.
Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santísimo y clemente, es nuestro Señor, nuestro creador y Padre, principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea él vale tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación. Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra, nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia sí y quiere, por medio nuestro, atraer el mayor número posible de almas y unirlas a sí del modo más íntimo y personal.
Querido hermano, piensa qué grande es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia, nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, nos hacemos más fuertes que todas ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos.
Éste y sólo éste es el camino de la sabiduría y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor, Jesús nos lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta años de su vida escondida son descritos así por la sagrada Escritura: Y les estaba sujeto. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda de Jesús, leemos con frecuencia en la misma sagrada Escritura que él había venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre.
Amemos sin límites a nuestro buen Padre: amor que se demuestra a través de la obediencia y se ejercita, sobre todo, cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro más bello y auténtico donde se puede aprender y profundizar este amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho más fácilmente de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la economía de la misericordia.
La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella y estemos, bajo su dirección, tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.
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SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE (1894-1941)
De la Homilía de Juan Pablo II en su canonización (10-X-82)
«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).
Hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941. Todo esto sucedía en el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), donde fueron asesinados durante la última guerra unos cuatro millones de personas, entre ellas la Sierva de Dios Edith Stein, la carmelita sor Teresa Benedicta de la Cruz.
El padre Maximiliano Kolbe, prisionero del campo de concentración, reivindicó, en el lugar de la muerte, el derecho a la vida de un hombre inocente, uno de los cuatro millones. Este hombre (Franciszek Gajowniczek) vive todavía y está aquí presente entre nosotros. El padre Kolbe reivindicó su derecho a la vida, declarando la disponibilidad de ir él mismo a la muerte en su lugar, ya que ese hombre era un padre de familia y su vida era necesaria para sus seres queridos. De este modo, el padre Maximiliano María Kolbe reafirmó así el derecho exclusivo del Creador sobre la vida del hombre inocente y dio testimonio de Cristo y del amor. Así, escribe, en efecto, el Apóstol Juan: «En esto hemos conocido la caridad: en que Él dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos» (1 Jn 3,16).
Maximiliano se preparó a este sacrificio definitivo siguiendo a Cristo desde los primeros años de su vida en Polonia. De aquellos años data el sueño arcano de dos coronas: una blanca y otra roja, entre las que nuestro santo no elige, sino que acepta las dos. Desde los años de su juventud estaba invadido por un gran amor a Cristo y por el deseo del martirio.
Este amor y este deseo lo acompañaron en el camino de su vocación franciscana y sacerdotal, para la que se preparó en Polonia y en Roma. Este amor y este deseo lo siguieron a través de todos los lugares de su servicio sacerdotal y franciscano en Polonia, y en su servicio misionero en Japón.
La inspiración de toda su vida fue la Inmaculada, a la que confiaba su amor por Cristo y su deseo del martirio. En el misterio de la Inmaculada Concepción se desvelaba a los ojos de su alma aquel mundo maravilloso y sobrenatural de la gracia de Dios ofrecida al hombre. La fe y las obras de toda la vida del padre Maximiliano indican que entendía su colaboración con la gracia como una milicia bajo el signo de la Inmaculada Concepción. La característica mariana es particularmente expresiva en la vida y en la santidad del padre Kolbe. Con esta señal quedó marcado todo su apostolado, tanto en su patria como en las misiones. En Polonia y en Japón fueron centro de este apostolado las especiales ciudades de la Inmaculada.
Estamos en la hora del rezo del Ángelus, la oración que recuerda el misterio de la Encarnación del Verbo en el seno purísimo de María Santísima. Y lo haremos con las inspiradas palabras del nuevo Santo, Maximiliano María Kolbe, apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada: «Al cumplirse el tiempo de la venida de Cristo, Dios Uno y Trino crea exclusivamente para Sí a la Virgen Inmaculada, la colma de gracia y habita en Ella ("El Señor es contigo"). Y esta Virgen Santísima con su propia humildad cautiva de tal manera su Corazón, que Dios Padre le da por Hijo a su propio Hijo Unigénito; Dios Hijo desciende a su seno virginal, mientras Dios Espíritu Santo plasma en Ella el cuerpo santísimo del Hombre-Dios. Y el Verbo se hizo carne como fruto del amor de Dios y de la Inmaculada».
María es el don maravilloso que Cristo ha hecho a la Iglesia y a la humanidad. «Para atraer a las almas y transformarlas mediante el amor -dice también el nuevo Santo-, Cristo manifestó el propio amor iluminado, el propio Corazón inflamado de amor por las almas, un amor que le ha impulsado a subir a la cruz, a permanecer con nosotros en la Eucaristía y a entrar en nuestras almas y a dejarnos en testamento su propia Madre como Madre nuestra».