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domingo, 14 de agosto de 2016

AÑO FRANCISCANO- DÍA 14 DE AGOSTO

DÍA 14 DE AGOSTO

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SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE . Nació cerca de Lodz (Polonia) en 1894. Ingresó en los Franciscanos Conventuales, estudió en Roma y allí recibió la ordenación sacerdotal. Pronto, encendido en el amor a la Madre de Dios, fundó la asociación «Milicia de la Inmaculada» que propagó con entusiasmo con varias publicaciones y a cuyo servicio fundó la «Ciudad de la Inmaculada». En 1930 marchó como misionero a Japón, donde se esforzó por extender la fe cristiana bajo el patrocinio de la misma Virgen Inmaculada. Vuelto a Polonia en 1936, intensificó la publicación y difusión de revistas marianas. Desencadenada la II Guerra Mundial, fue detenido por los nazis e internado en el campo de concentración de Oswiecim o Auschwitz (Cracovia, Polonia), donde lo destinaron a un trabajo tan penoso como el de trasportar cadáveres al crematorio. Y allí murió el 14 de agosto de 1941, tras haberse ofrecido voluntariamente a sustituir a un padre de familia condenado a la muerte por hambre. Juan Pablo II lo canonizó en 1982 y decretó que se le venerase también como mártir.- Oración : Oh Dios, que al mártir san Maximiliano María Kolbe, apóstol de la Inmaculada, le llenaste de celo por las almas y de amor al prójimo; concédenos, por su intercesión, trabajar generosamente por tu gloria en el servicio de los hombres y tener el valor de asemejarnos a tu Hijo, incluso hasta en la muerte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SANTOS DOMINGO IBÁÑEZ DE ERQUICIA y FRANCISCO SHOYEMON. Son dos mártires dominicos, el primero español y el segundo japonés, que sufrieron en Nagasaki (Japón), el 14 de agosto de 1633, el tormento de la hoya y la horca: colgados por los pies, con los cuerpos pendientes e inmovilizados, quedaban sus cabezas metidas en una hoya llena de inmundicias nauseabundas que los iban asfixiando lentamente. Domingo nació en Régil (Guipúzcoa, España) el año 1589. De muy joven ingresó en los Dominicos, se ofreció para ir a las misiones de Oriente y en 1611 se embarcó para Filipinas. Allí recibió la ordenación sacerdotal y estuvo trabajando hasta que, en 1623, marchó a Japón, donde desarrolló su apostolado en la clandestinidad y en medio de grandes peligros por la persecución a que estaban sometidos los cristianos. Este ministerio duró diez años, pues a mediados de 1633 fue arrestado y luego martirizado. Francisco era un cristiano japonés que se unió al P. Domingo como catequista y compañero en su trabajo misionero. Lo arrestaron por ser colaborador de los misioneros. En la cárcel pidió al P. Domingo que lo admitiera en la Orden como hermano lego, y quedó inscrito como novicio. Compartió la suerte de su padre espiritual.
BEATO SANTOS BRANCORSINI DE MONTEFABBRI. Nació en Montefabbri (Urbino, Italia) el año 1343. Recibió una esmerada educación. Inició la carrera militar siguiendo las costumbres de aquel tiempo y la familia lo envió a Urbino para que estudiara jurisprudencia. Una riña casual con un amigo íntimo originó un incidente de armas y en legítima defensa hirió al amigo, que luego murió. Este hecho le llevó, el año 1362, a abrazar la vida religiosa en la Orden franciscana como hermano lego. Pronto destacó por su vida y virtudes, su oración y su penitencia, por lo que los superiores le confiaron la formación de los novicios laicos. Además ejerció el oficio de limosnero y de cocinero. De él se cuentan muchas anécdotas y hechos maravillosos en favor sobre todo de los pobres y enfermos que acudían al convento. Profesó una singular devoción a la Eucaristía y a la Virgen. Murió el 14 de agosto de 1394 en el eremitorio de Scotaneto (Mombaroccio, Marcas).
BEATA ISABEL RENZI. Nació en Saludecio (Emilia-Romaña, Italia) el año 1786. A los nueve años entró en el monasterio de clarisas de Mondaino como educanda y más tarde profesó en las agustinas de Pietrarubbia. Cuando Napoleón suprimió los conventos en 1810, volvió a su casa. En 1824 entró a trabajar en el «Conservatorio» de Coriano, una escuela para la educación de las muchachas más pobres. Hubo un intento de unir el Conservatorio con la obra de las Canosianas, y santa Magdalena de Canosa visitó Coriano, pero ésta misma aconsejó a Isabel que siguiera al frente del Conservatorio. A partir del mismo fundó Isabel en 1828 la Congregación de las Maestras Pías de la Dolorosa y puso todo su empeño en que las niñas pobres recibieran en las escuelas una formación humana y catequística. Isabel dedicó el resto de su vida a la formación de sus hermanas y a la consolidación de su instituto. Murió en Coriano el año 1859.
BEATOS BERARDO DE VISANTOÑA Y COMPAÑEROS MÁRTIRESBEATOS BERNARDO DE VISANTOÑA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES, Capuchinos. El 21-VII-1936, al inicio de la persecución religiosa en España, los milicianos asaltaron el convento capuchino de Gijón (Asturias) y detuvieron a sus religiosos. El 14 de agosto de 1936, después de 24 días de dura prisión, en la que los frailes rezaron y consolaron a sus compañeros de infortunio, los llevaron al cementerio de Jove (Asturias) y los fusilaron mientras ellos gritaban: «¡Viva Cristo Rey!», «Os perdonamos». Después rociaron con gasolina los cadáveres y les prendieron fuego; al enterrarlos echaron cal sobre ellos. Bernardo de Visantoña nació en Visantoña (La Coruña) en 1878. Hizo su primera profesión en 1901. Después de su ordenación sacerdotal en 1909, lo ! enviaron a Roma para ampliar estudios. A su regreso, se dedicó a la docencia en sus casas de formación y ejerció cargos de autoridad, incluido el de superior provincial de Castilla de 1919 a 1922. Arcángel de Valdavida nació en Valdavida (León) el año 1882. Profesó en 1900 y recibió la ordenación sacerdotal en 1909. En 1912 marchó a las misiones de América (Venezuela, Puerto Rico y Cuba). De regreso a España, enfermo de la vista, su apostolado se limitó al confesonario. Ildefonso de Armellada nació en Armellada (León) en 1874. Estudió en el seminario de Astorga y se ordenó sacerdote en 1900. Dos años después ingresó en los capuchinos y profesó en 1903. Se dedicó luego a la enseñanza y a la predicación, y le confiaron cargos de autoridad conventual. Alejo de Terradillos nació en Terradillos (León) el año 1874. Vistió el hábito capuchino como hermano laico en 1906. En 1934 lo destinaron a Gijón, donde le confiaron el oficio d! e portero. Eusebio de Saludes nació en Salude! s de Castroponce (León) en 1885. Profesó como hermano laico en 1908. Estuvo en Cuba de 1919 a 1927. Grandemente imposibilitado para el trabajo, regresó a España. Cuando lo detuvieron, yacía en un jergón sin poder apenas sostenerse de pie. Beatificados el 13-X-2013. [Más información]
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San Antonio Primaldo y compañeros mártires, también llamados «Mártires de Otranto». El verano de 1480, las tropas turcas se presentaron ante el puerto de Otranto (Apulia, Italia) y asaltaron la ciudad; murieron el arzobispo y multitud de sacerdotes, religiosos y seglares. Vencida la ciudad, el general turco hizo que le presentaran a los varones mayores de 15 años, que fueron en total unos 800. Les conminó a abrazar el Islam con amenazas de muerte o, por el contrario, grandes promesas. Capitaneados y exhortados por Antonio Primaldo, un anciano de oficio tejedor, todos se mantuvieron firmes en su fe en Cristo y fueron decapitados. Esto sucedía el 14 de agosto de 1480. Canonizados el año 2013.
San Arnulfo de Soissons. Nació en Flandes hacia el año 1040 y, siguiendo su tradición familiar, abrazó la carrera militar. Más tarde abandonó las armas y el mundo, y se hizo monje en el monasterio de Soissons, del que sería elegido abad. En atención a sus talentos y virtudes, el Concilio de Meaux lo nombró obispo de Soissons el año 1080. En su tarea episcopal se esforzó en buscar la paz y la concordia. Murió el año 1087 en el monasterio de Oudenbourg que él mismo había fundado años antes.
San Eusebio de Roma. Clérigo romano que fundó la basílica que lleva su nombre en el monte Esquilino de Roma.
San Fachanan (o Fachtna). Obispo y abad de Ross (Irlanda) que fundó en este lugar un monasterio, célebre por la enseñanza de las ciencias divinas y humanas. Su vida se sitúa en el siglo VI.
San Marcelo de Apamea. Obispo de Apamea en Siria, que fue martirizado el año 390 por los paganos enfurecidos porque había destruido un templo dedicado a Júpiter.
San Ursicino. Sufrió el martirio en la provincia romana del Ilírico (en la actual Croacia) a principios del siglo IV.
Beatos Antonio Primaldo y compañeros mártires, también llamados «Mártires de Otranto». El verano de 1480, las tropas turcas se presentaron ante el puerto de Otranto (Apulia, Italia) y asaltaron la ciudad; murieron el arzobispo y multitud de sacerdotes, religiosos y seglares. Vencida la ciudad, el general turco hizo que le presentaran a los varones mayores de 15 años, que fueron en total unos 800. Les conminó a abrazar el Islam con amenazas de muerte o, por el contrario, grandes promesas. Capitaneados y exhortados por Antonio Primaldo, un anciano de oficio tejedor, todos se mantuvieron firmes en su fe en Cristo y fueron decapitados. Esto sucedía el 14 de agosto de 1480.
Beatos Eliseo María Camargo y 3 compañeros mártires, Carmelitas Calzados. Estos cuatro religiosos laicos pertenecían a la comunidad de la Orden Carmelitana de Hinojosa del Duque (Córdoba). El 14 de agosto de 1936 los milicianos asaltaron por segunda vez el convento, y allí mismo mataron a los hermanos Antonio y Pedro, mientras se llevaban a la cárcel a los hermanos Eliseo y José María; a estos, después de maltratarlos y vejarlos, los fusilaron aquel mismo día por la noche en las afueras de Hinojosa. Eliseo María Camargo nació Osuna (Sevilla) en 1887; de joven ejerció el oficio de lampista y en 1919 hizo su primera profesión; era el cocinero del convento. José María Ruiz nació en Osuna (Sevilla) el año 1902 en una familia humilde, trabajadora y buena; hizo su profesión temporal en 1921; se ocupó de la sacristía y ayudaba en la cocina. Antonio María Martín nació en El Saucejo (Sevilla! ) en 1887 de una familia de jornaleros del campo; muertos sus padres, abrazó la vida religiosa e hizo su primera profesión en 1926; era el portero del convento, humilde, sencillo y servicial. Pedro Velasco nació en Minas de Riotinto (Huelva) en 1892; de joven trabajó como zapatero; en 1933 solicitó el ingreso en la Orden como postulante, se le aceptó, y en esa condición le sorprendió el martirio.- Beatificados el 13-X-2013.
Beato Félix Yuste Cava. Nació en Chulilla (Valencia, España) el año 1887. Estudió en el seminario de Valencia y completó estudios en Roma, donde se ordenó de sacerdote en 1910. Hizo en la Universidad Gregoriana los doctorados en Filosofía, Teología y Derecho Canónico. Vuelto a Valencia, trabajó en el seminario y en varias parroquias, la última la de San Juan y San Vicente de la capital, en las que brilló por su inteligencia y humildad. Durante la persecución religiosa de 1936, se refugió, junto con un hermano suyo sacerdote, en casa de otro hermano. Los anarquistas arrestaron a los dos sacerdotes, y al día siguiente, 14 de agosto de 1936, los fusilaron en El Saler, término municipal de Valencia.
Beato Jocundo Bonet. Nació en Tarragona el año 1875. Tuvo que interrumpir el seminario para hacer el servicio militar en Cuba. De nuevo en Tarragona, fue ordenado sacerdote en 1900. Ejerció el ministerio en su ciudad natal y en Reus. Era caritativo y generoso, amante de la liturgia, muy devoto del Sagrado Corazón y de la Virgen, atendía el confesonario, visitaba a los enfermos, dirigía una escuela para obreros pobres. Al estallar la persecución religiosa, rehusó ausentarse de su parroquia. El 14 de agosto de 1936, lo detuvieron los milicianos y lo asesinaron en la carretera de Alcolea, en Reus. Beatificado el 13-X-2013.
Beato José García Librán. Nació en Herreruela de Oropesa (Toledo) en 1909. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1933. Lo nombraron párroco de Gavilanes en 1935. Destacó por su preparación intelectual, su bondad y su intensa vida espiritual; visitaba con frecuencia a los enfermos y los socorría si eran pobres. Cuando estalló la persecución religiosa, creía él que no lo denunciarían y siguió en Gavilanes; después se refugió con su hermano Serafín en una casa apartada del pueblo. El 14 de agosto de 1936 los dos fueron torturados y asesinados por los milicianos en el pueblo vecino de Pedro Bernardo (Ávila). Beatificado el 13-X-2013.
Beata María Patrocinio de San José. Nació en Bigas (Barcelona) en 1903. A los 13 años, al fallecer su padre, dejó la escuela y se dedicó a los quehaceres domésticos y a ayudar a sus hermanos en las faenas agrícolas. Tuvo un noviazgo breve. En 1929, vencida la oposición de sus familiares, ingresó en el monasterio de la Presentación de las Carmelitas de clausura de Vic. El 21-VII-1936 tuvo que disolverse la comunidad a causa de la persecución religiosa. Fue asesinada la noche del 13 al 14 de agosto de 1936, cerca de la parroquia de San Martín de Riudeperas (Barcelona), en el km 4 de la carretera de Vic a San Hilario.
Beato Mario Ros Ezcurra. Nació en Lezáun (Navarra) en 1910. Profesó en la Congregación de los Sagrados Corazones en 1929, y, ordenado sacerdote en 1935, lo enviaron a su colegio de Madrid para encargarse de la sección de los pequeños, donde realizó su actividad apostólica. Al iniciarse la persecución religiosa de 1936, se refugió en la pensión de unos tíos suyos; allí celebraba la misa todos los días y repartía la comunión. Detenido y apresado en la checa de Bellas Artes, declaró que era religioso y, con toda discreción, dio la absolución a compañeros de infortunio. Fue fusilado el 14 de agosto de 1936 a las afueras de Madrid. Beatificado el 13-X-2013.
Beato Ricardo Atanes. Nació en Cualedro (Orense) en 1875. Profesó en los Paúles en 1893. Ordenado sacerdote en 1899, lo enviaron a México donde trabajó en un seminario y en la catequesis de los indios mayas. En 1914 pasó a USA para atender a la colonia mexicana. Volvió a España en 1924 y su último destino fue Gijón. Era un místico auténtico y profundo; siempre destacó por su amabilidad con los pobres. En la persecución religiosa de 1936, lo identificaron como sacerdote y lo llevaron a una checa en la que lo torturaron sin piedad. Pasó luego a otras cárceles. El 14 de agosto de 1936 lo fusilaron junto con otros presos en el cementerio de Gijón (Asturias). Beatificado el 13-X-2013.
Beato Vicente Rubiols Castelló. Nació en Gandía (Valencia, España) el año 1874. Estudió en el seminario de Valencia y se ordenó de sacerdote en 1894. Desempeñó el ministerio parroquial en varios sitios hasta que en 1898 tomó posesión del curato de La Pobla Llarga, en el que permaneció hasta su martirio. Era un hombre bondadoso, lleno de celo apostólico, amante de la liturgia, caritativo y limosnero, centrado en su ministerio sacerdotal. Ya antes de julio de 1936 tuvo que dejar su parroquia al instalarse en el pueblo el Frente Popular. El 14 de agosto de 1936 lo arrestaron unos milicianos, que lo fusilaron en el término municipal de Picassent (Valencia) mientras él gritaba: «¡Viva Jesús sacramentado!».

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
San Pablo escribió desde la prisión a los Filipenses: -Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe (Flp 1,21-25).
Pensamiento franciscano:
Dice el Señor en el Evangelio: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío; y: El que quiera salvar su vida, la perderá. Deja todo lo que posee y pierde su cuerpo el hombre que se ofrece a sí mismo todo entero a la obediencia en manos de su prelado. Y si alguna vez el súbdito ve cosas mejores y más útiles para su alma que aquellas que le ordena el prelado, sacrifique voluntariamente sus cosas a Dios, y aplíquese en cambio a cumplir con obras lo que manda el prelado. Pues ésta es la obediencia caritativa, porque satisface a Dios y al prójimo (Adm 3,1-6).
Orar con la Iglesia:
En la fiesta de san Maximiliano María Kolbe, mártir de Cristo, oremos a Dios nuestro Padre.
-Por la Iglesia: para que se sienta fortalecida con el testimonio de los mártires.
-Por los que sufren persecución, humillaciones o discriminación por su fidelidad al Evangelio: para que salgan fortalecidos de la prueba.
-Por los que se dedican al servicio de los demás con gran riesgo de sus vidas: para que su generosidad venza nuestro egoísmo.
-Por las víctimas de las guerras, del odio o del terrorismo: para que su sangre derramada no sea inútil.
-Por todos los cristianos: para que el testimonio de los mártires nos reconforte en las pruebas de cada día.
Oración: Escucha, Señor, nuestras súplicas por la intercesión de san Maximiliano, cuya sangre derramada por Cristo clama a ti en nuestro favor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE
De la Catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del 13 de agosto de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Quien ora no pierde nunca la esperanza, aun cuando se llegue a encontrar en situaciones difíciles e incluso humanamente desesperadas. Esto nos enseña la sagrada Escritura y de esto da testimonio la historia de la Iglesia. En efecto, ¡cuántos ejemplos podríamos citar de situaciones en las que precisamente la oración ha sido la que ha sostenido el camino de los santos y del pueblo cristiano! Entre los testimonios de nuestra época quiero citar el de dos santos cuya memoria celebramos en estos días: Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, cuya fiesta celebramos el 9 de agosto, y Maximiliano María Kolbe al que recordaremos mañana, 14 de agosto, vigilia de la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. Ambos concluyeron su vida terrena con el martirio en el campo de concentración de Auschwitz. Aparentemente su existencia se podría considerar una derrota, pero precisamente en su martirio resplandece el fulgor del amor que vence las tinieblas del egoísmo y del odio.
A san Maximiliano Kolbe se le atribuyen las siguientes palabras que habría pronunciado en el pleno furor de la persecución nazi: «El odio no es una fuerza creativa: lo es sólo el amor». El generoso ofrecimiento que hizo de sí en cambio de un compañero de prisión, ofrecimiento que culminó con la muerte en el búnker del hambre, el 14 de agosto de 1941, fue una prueba heroica de amor.
«¡Ave María!»: fue la última invocación salida de los labios de san Maximiliano María Kolbe mientras ofrecía su brazo al que lo mataba con una inyección de ácido fénico. Es conmovedor constatar que acudir humilde y confiadamente a la Virgen es siempre fuente de valor y serenidad. Mientras nos preparamos a celebrar la solemnidad de la Asunción, que es una de las fiestas marianas más arraigadas en la tradición cristiana, renovemos nuestra confianza en Aquella que desde el cielo vela con amor materno sobre nosotros en todo momento. Esto es lo que decimos en la oración familiar del avemaría, pidiéndole que ruegue por nosotros «ahora y en la hora de nuestra muerte».
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Os invito a contemplar con fervor el testimonio de San Maximiliano María Kolbe. Siguiendo sus huellas, acoged con humildad la Palabra de Jesucristo, meditadla cada día y llevadla a la práctica con valentía y constancia. A ejemplo suyo también, poneos bajo el dulce amparo de la Virgen María, rezando el Santo Rosario y confiando siempre en su amor de Madre. Que Dios os bendiga.
(A los peregrinos polacos) Mañana se celebra la memoria de san Maximiliano María Kolbe. El acto de amor heroico y la muerte del mártir será siempre signo del triunfo de la fuerza de Dios y la nobleza del hombre sobre la inmensidad del mal. Pidamos por su intercesión el don de la paz en el mundo. Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.
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EL IDEAL DE LA VIDA APOSTÓLICA
ES LA SALVACIÓN Y SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS

De las cartas de san Maximiliano María Kolbe
Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no sólo a los laicos, sino también a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece, esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible.
La gloria de Dios consiste en la salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvación y la santificación más perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime de nuestra vida apostólica.
Cuál sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y sólo él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. ¿Y cómo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra.
La obediencia, y sólo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse pero nosotros, obedeciendo, no nos equivocamos nunca. Se da una excepción: cuando el superior manda algo que, con toda claridad y sin ninguna duda, es pecado, aunque éste sea insignificante; porque, en este caso, el superior no sería el representante de Dios.
Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santísimo y clemente, es nuestro Señor, nuestro creador y Padre, principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea él vale tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación. Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra, nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia sí y quiere, por medio nuestro, atraer el mayor número posible de almas y unirlas a sí del modo más íntimo y personal.
Querido hermano, piensa qué grande es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia, nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, nos hacemos más fuertes que todas ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos.
Éste y sólo éste es el camino de la sabiduría y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor, Jesús nos lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta años de su vida escondida son descritos así por la sagrada Escritura: Y les estaba sujeto. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda de Jesús, leemos con frecuencia en la misma sagrada Escritura que él había venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre.
Amemos sin límites a nuestro buen Padre: amor que se demuestra a través de la obediencia y se ejercita, sobre todo, cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro más bello y auténtico donde se puede aprender y profundizar este amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho más fácilmente de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la economía de la misericordia.
La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella y estemos, bajo su dirección, tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.
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SAN MAXIMILIANO MARÍA KOLBE (1894-1941)
De la Homilía de Juan Pablo II en su canonización (10-X-82)
«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).
Hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941. Todo esto sucedía en el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), donde fueron asesinados durante la última guerra unos cuatro millones de personas, entre ellas la Sierva de Dios Edith Stein, la carmelita sor Teresa Benedicta de la Cruz.
El padre Maximiliano Kolbe, prisionero del campo de concentración, reivindicó, en el lugar de la muerte, el derecho a la vida de un hombre inocente, uno de los cuatro millones. Este hombre (Franciszek Gajowniczek) vive todavía y está aquí presente entre nosotros. El padre Kolbe reivindicó su derecho a la vida, declarando la disponibilidad de ir él mismo a la muerte en su lugar, ya que ese hombre era un padre de familia y su vida era necesaria para sus seres queridos. De este modo, el padre Maximiliano María Kolbe reafirmó así el derecho exclusivo del Creador sobre la vida del hombre inocente y dio testimonio de Cristo y del amor. Así, escribe, en efecto, el Apóstol Juan: «En esto hemos conocido la caridad: en que Él dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos» (1 Jn 3,16).
Maximiliano se preparó a este sacrificio definitivo siguiendo a Cristo desde los primeros años de su vida en Polonia. De aquellos años data el sueño arcano de dos coronas: una blanca y otra roja, entre las que nuestro santo no elige, sino que acepta las dos. Desde los años de su juventud estaba invadido por un gran amor a Cristo y por el deseo del martirio.
Este amor y este deseo lo acompañaron en el camino de su vocación franciscana y sacerdotal, para la que se preparó en Polonia y en Roma. Este amor y este deseo lo siguieron a través de todos los lugares de su servicio sacerdotal y franciscano en Polonia, y en su servicio misionero en Japón.
La inspiración de toda su vida fue la Inmaculada, a la que confiaba su amor por Cristo y su deseo del martirio. En el misterio de la Inmaculada Concepción se desvelaba a los ojos de su alma aquel mundo maravilloso y sobrenatural de la gracia de Dios ofrecida al hombre. La fe y las obras de toda la vida del padre Maximiliano indican que entendía su colaboración con la gracia como una milicia bajo el signo de la Inmaculada Concepción. La característica mariana es particularmente expresiva en la vida y en la santidad del padre Kolbe. Con esta señal quedó marcado todo su apostolado, tanto en su patria como en las misiones. En Polonia y en Japón fueron centro de este apostolado las especiales ciudades de la Inmaculada.
Estamos en la hora del rezo del Ángelus, la oración que recuerda el misterio de la Encarnación del Verbo en el seno purísimo de María Santísima. Y lo haremos con las inspiradas palabras del nuevo Santo, Maximiliano María Kolbe, apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada: «Al cumplirse el tiempo de la venida de Cristo, Dios Uno y Trino crea exclusivamente para Sí a la Virgen Inmaculada, la colma de gracia y habita en Ella ("El Señor es contigo"). Y esta Virgen Santísima con su propia humildad cautiva de tal manera su Corazón, que Dios Padre le da por Hijo a su propio Hijo Unigénito; Dios Hijo desciende a su seno virginal, mientras Dios Espíritu Santo plasma en Ella el cuerpo santísimo del Hombre-Dios. Y el Verbo se hizo carne como fruto del amor de Dios y de la Inmaculada».
María es el don maravilloso que Cristo ha hecho a la Iglesia y a la humanidad. «Para atraer a las almas y transformarlas mediante el amor -dice también el nuevo Santo-, Cristo manifestó el propio amor iluminado, el propio Corazón inflamado de amor por las almas, un amor que le ha impulsado a subir a la cruz, a permanecer con nosotros en la Eucaristía y a entrar en nuestras almas y a dejarnos en testamento su propia Madre como Madre nuestra».

lunes, 8 de agosto de 2016

Oración para Sonreír-Madre Teresa de Calcuta M.C

Una  oración  para  todos  los  días
y todo el día, para tener siempre presente,  
hasta en los momentos mas dificiles, 
si te concentras en ella te sacara la mejor de tus sonrisas. 

buen comienzo de semana.


Oración para Sonreír

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro
sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.
Que mis ojos sonrían diariamente
por el cuidado y compañerismo
de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamente
por las alegrías y dolores que compartimos.
Que mi boca sonría diariamente
con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente
de la alegría que tú me brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Amén.

-Madre Teresa de Calcuta M.C.

domingo, 7 de agosto de 2016

Vitaminas Franciscanas : Donde está tu tesoro, allí está tu corazón

Evangelio y refleccion de este Domingo, Publicado por la Hermana Esthela en su blog Vitaminas Franciscanas. 

Vitaminas Franciscanas : Donde está tu tesoro, allí está tu corazón: Reflexión domingo 7 Agosto 2016 Donde está tu tesoro, allí está tu corazón… Lucas 12,32-48 El pasaje de este domingo contiene div...

Año Cristiano Franciscano,Dia 8 De Agosto


Año Cristiano Franciscano

DÍA 8 DE AGOSTO

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SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. [Murió el 6 de agosto y su memoria se celebra el 8 del mismo mes]. Nació en Caleruega (Burgos, España) hacia el año 1171. Estudió teología en Palencia. Como sacerdote y canónigo de la diócesis de Osma, acompañó a su obispo al norte de Europa, y en aquellos viajes conoció los graves problemas de la Iglesia, los estragos que hacían las herejías, en particular la albigense en el sur de Francia, la deficiente preparación del clero, la vida poco ejemplar de clérigos y laicos. Consciente de la situación, se entregó a la predicación, y para dar mayor alcance a su tarea evangelizadora fundó, con los compañeros que se le adhirieron, la Orden de Predicadores o de los Dominicos, cuya influencia fue enorme en el siglo XIII y lo ha seguido siendo. Adoptó la Regla de San Agustín a la que se añadieron las Constituciones propias. La tradición ha unido en fraterno abrazo a santo Domingo y a san Francisco, símbolo de la comunión de sus dos familias al servicio de la Iglesia. Murió en Bolonia el 6 de agosto de 1221 y fue canonizado en 1234.- Oración: Te pedimos, Señor, que santo Domingo de Guzmán, insigne predicador de tu palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda también con bondad por nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SANTA BONIFACIA RODRÍGUEZ CASTRO. Nació en Salamanca (España) el año 1837. En el humilde taller de sastrería de sus padres aprendió a vivir con alegría la pobreza y el trabajo manual como cauce de santificación. Hechos los estudios primarios, aprendió el oficio de cordonera y pasamanera y abrió un taller para ayudar a su familia, pues su padre había fallecido, y le dio una dimensión netamente apostólica. Bajo la dirección del P. Francisco J. Butinyá, jesuita, fundó en 1874, con las jóvenes trabajadores de su taller, la Congregación de las Siervas de San José, inspirándose en el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, para la promoción cristiana y social de la mujer trabajadora mediante la oración y el trabajo. Pasó muchas y graves dificultades dentro de su propio Instituto: llegó a ser destituida como superiora y hasta calumniada; lo sufrió todo en silencio y con amor. Murió en Zamora el 8-VIII-1905. Fue canonizada en 2011.
SANTA MARÍA DE LA CRUZ McKILLOP. Nació en Fitzoroy (Melbourne, Australia) el año 1842, hija de modestos emigrantes escoceses. Desde su infancia se sintió llamada al servicio de los pobres. Estudió magisterio y con el párroco J. T. Woods abrió en Penola dos escuelas católicas gratuitas. Pronto se le unieron algunas jóvenes, y con ellas y el párroco inició lo que llegaría a ser la Congregación de las Hermanas de San José y del Sagrado Corazón. Abrió escuelas, orfanatos, hospicios, casas para ancianos. Educaban a los niños y ayudaban a sus familias; también se ocupaban de los detenidos a los que nadie atendía. Su dedicación a los excluidos de la sociedad suscitó incomprensiones y falsas acusaciones, y el obispo de Adelaida la excomulgó en 1871, pero pronto canceló tal condena. Viajó a Europa y visitó al papa Pío IX que la animó. Oraba con incansable devoción a san José y al Corazón de Jesús. Murió en Sidney el 8-VIII-1909. Canonizada en 2010.
BEATA MARÍA MARGARITA CAIANI. Nació en Poggio a Caiano (Toscana, Italia) el año 1863. Desde su juventud mostró una inclinación especial a la oración, y aprendió a servir a la gente humilde ocupándose de los más necesitados: los niños marginados, las muchachas y los muchachos del campo, los ancianos, los soldados víctimas de la guerra internados en los hospitales militares. En 1896, ella y otras dos jóvenes dejaron sus casas para vivir en comunidad, dedicadas a la santificación propia, a la catequesis, al apostolado, a la enseñanza, a la asistencia de enfermos y moribundos. Así dio comienzo a su fundación de las Franciscanas Mínimas del Sagrado Corazón, que se agregó a la Orden Franciscana. Distintivo suyo y de su obra fue el espíritu de oración y de reparación, y la intensa dedicación a las obras de misericordia en el campo de la enseñanza y de la asistencia social. Murió en Florencia el 8 de agosto de 1921.
BEATOS CRUZ LAPLANA y FERNANDO ESPAÑOL. El Obispo de Cuenca y su secretario. Cruz Laplana y Laguna nació en Plan, provincia de Huesca en España, el año 1875. A los once años ingresó en el seminario de Barbastro y en 1898 se ordenó de sacerdote. Hizo estudios superiores de derecho y teología en Zaragoza. Estuvo dedicado a la enseñanza y al ministerio parroquial hasta que, en 1921, lo nombraron obispo de Cuenca. Renovó la diócesis, cuidó la formación integral de los seminaristas, fomentó las asociaciones piadosas y caritativas. Iniciada la guerra civil, pronto lo detuvieron y encarcelaron. La noche del 7 al 8 de agosto de 1936 fue conducido junto con su secretario a la carretera de Villar de Olalla (Cuenca) y con descargas de armas de fuego los mataron. Fernando Español Bardié nació en Anciles (Huesca) el año 1875. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza y ya con el título de abogado ingresó en el seminario de Barbastro. Se ordenó de sacerdote el año 1901. Trabajó como cura de aldea y pastor dedicado directamente a las almas hasta que, en 1921, Mons. Cruz Laplana lo eligió familiar suyo. A partir de entonces acompañó a su Obispo en la vida y en la muerte. En Cuenca fue canónigo, maestro de ceremonias y profesor del seminario. Vivió en pobreza y ayudó a los indigentes. Fueron beatificados el año 2007.
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San Altmán de Passau. Nació en Paderborn (Alemania) hacia al año 1015 en el seno de una familia noble. Estudió en París y se ordenó de sacerdote. Ejerció cargos importantes en las catedrales de Paderborn y Aquisgrán. Luego fue nombrado capellán del emperador Enrique III y confesor de la emperatriz Inés de Poitou. Elegido obispo de Passau (Alemania), se dedicó con energía a poner en práctica los ideales de reforma de Gregorio VII en el clero y en el pueblo. Impulsó la vida en común del clero y fundó numerosas casas de Clérigos Regulares de San Agustín. En la lucha entre Gregorio VII y Enrique IV, se puso abiertamente del lado del Papa, lo que le valió el exilio. Murió en el monasterio benedictino de Göttweig (Austria) el año 1091.
Santos Ciríaco, Largo, Crescenciano, Memmia, Juliana y Esmaragdo. Fueron martirizados en Roma a principios del siglo IV, y sepultados en el séptimo miliario de la Vía Ostiense.
San Emiliano de Cícico. Era obispo de Cícico en el Helesponto (Turquía), y se opuso con firmeza al emperador León el Armenio que pretendía suprimir el culto de las sagradas imágenes. Su actitud le valió que el emperador lo desterrara, y murió en el destierro en una fecha del siglo IX que no conocemos con precisión.
San Eusebio de Milán. Fue obispo de Milán y trabajó intensamente en defensa de la fe verdadera. Reconstruyó la catedral, que había sido destruida por los Hunos. Murió el año 462.
San Famián. Nació en Colonia (Alemania). En su juventud distribuyó sus bienes a los pobres y emprendió una vida de peregrino y ermitaño pobre y penitente. Visitó los santuarios de Italia, también fue a Santiago de Compostela y por último marchó a Tierra Santa. Vestía el hábito cisterciense. Después se estableció como ermitaño en Gallese, junto a Viterbo (Italia), donde murió el año 1150.
San Marino de Anazarbo. Era un cristiano nacido en Ainvarza, ya anciano, que el año 303, en tiempo del emperador Diocleciano y del prefecto Lisia, fue decapitado en Tarso de Cilicia (Turquía) y su cuerpo, por orden de dicho prefecto, arrojado para pasto de las fieras.
San Múmmolo. Abad del monasterio benedictino de Fleury en Burdeos (Francia). Trasladó los restos de san Benito y santa Escolástica desde Montecasino, entonces abandonado, a su propio monasterio para que fueran venerados de manera digna. Murió el año 678.
San Pablo Ke Tingzhu. Era un laico chino, cristiano fervoroso y comprometido, al que los misioneros habían nombrado responsable de la comunidad cristiana de su pueblo Xixiaodun, cerca de Xinhexian, en la provincia china de Hebei. Era trabajador del campo y, cuando los Bóxer irrumpieron en el pueblo, lo detuvieron. Ante su firmeza en la fe, lo ataron a un árbol y le fueron cortando uno a uno los miembros hasta que murió, dando a su comunidad un ejemplo extraordinario de fidelidad a Cristo. Era el año 1900.
Santos Segundo, Carpóforo, Victorino y Severiano. Fueron martirizados el siglo III-IV en Albano (Roma).
San Severo. Sacerdote que evangelizó la región de Vienne (Francia) en el siglo V.
Beato Antero Mateo García. Nació en Valdevimbre (León, España) el año 1875. Contrajo matrimonio y tuvo ocho hijos, dos de los cuales se hicieron religiosos. En 1916 emigró a Barcelona y se empleó en los Ferrocarriles del Norte. Junto con su esposa ingresó en la Tercera Orden Dominicana, fue miembro de la Adoración Nocturna y acompañaba peregrinaciones a Lourdes. Implantada en España la persecución religiosa, lo detuvieron, pero sus familiares lograron su libertad. El 8 de agosto de 1936 no regresó ya al hogar. Un grupo de milicianos lo sacó violentamente de su lugar de trabajo, lo condujo hacia Sant Andreu de Palomar (Barcelona) y lo asesinó bajo el puente llamado del «Dragón». Fue beatificado el año 2007.
Beato Antonio Silvestre Moya. Nació en L'Ollería (Valencia, España) el año 1892. De niño ingresó en el seminario de Valencia y en 1915 recibió la ordenación sacerdotal. Ejerció el ministerio sagrado en sucesivas parroquias, estando en la de Santa Tecla de Játiva cuando estalló la persecución religiosa. En todas dio muestras de celo y buen carácter. A principios de agosto de 1936, incendiaron y saquearon las iglesias de Játiva. Él atendía de incógnito a los enfermos y celebraba la eucaristía en privado. El 7 de agosto de 1936 lo detuvieron, le dispararon y lo dejaron por muerto. Sobrevivió, pero al día siguiente lo detuvieron de nuevo y lo fusilaron en El Saler, término municipal de Valencia.
Beato Eladio López Ramos. Nació en Laroco (Orense) en 1904. Profesó en la Congregación de los Sagrados Corazones en 1924, y fue ordenado sacerdote en 1929. Trabajó en el colegio de su Congregación en Madrid, y en la iglesia de Cristo Rey, perteneciente al colegio. Fue un religioso de profunda vida interior y de piedad intensa. El confesonario fue su gran apostolado. Al estallar la persecución religiosa en 1936, se refugió en una pensión y le dijo a la dueña que era sacerdote y que no lo negaría, y no lo negó cuando, denunciado por una empleada, fueron a detenerle. Lo fusilaron el 8 de agosto de 1936. Beatificado el 13-X-2013.
Beato Juan Felton. Nació en Bermondsey y vivía en Southwark (Inglaterra). Contrajo matrimonio y el beato Tomás Felton, religioso mínimo, mártir, era hijo suyo. Llegó a sus manos un ejemplar de la bula por la que san Pío V excomulgaba a la reina Isabel I. Juan la fijó en la puerta de la residencia del obispo anglicano de Londres. Lo detuvieron, reconoció que él la había fijado y manifestó que no acataba la supremacía religiosa de la Reina, aunque no le guardaba rencor y como muestra de ello le envió su valioso anillo. Lo ahorcaron y descuartizaron en Londres el año 1570.
Beatos Juan Fingley y Roberto Bickendike. Juan nació en Barneby (Inglaterra) hacia 1555. Estudió en Cambridge y trabajó como mayordomo. Decidió abrazar la vida eclesiástica y marchó a estudiar al colegio inglés de Reims (Francia), donde se ordenó de sacerdote en 1581. Volvió a Inglaterra y trabajó con gran celo hasta que lo detuvieron. Condenado por ser sacerdote católico y por haber reconciliado con la Iglesia católica a algunos súbditos de la Reina, lo ahorcaron en York el año 1586. Roberto nació en el seno de una familia acomodada y se educó en York. Conoció el catolicismo, se reconcilió con la Iglesia católica y se negó a acudir a los templos protestantes. Lo ahorcaron en un afecha desconocida del año 1586.
Beatos Leonardo José Aragonés Mateu y Dionisio Luis Molinos Coloma. Los dos eran Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle). Leonardo José nació en Tarragona en 1886. Estudió primero en el seminario y luego eligió la vida religiosa. Hecho el noviciado, ejerció su apostolado en Berga y Barcelona. En 1928 fue nombrado Visitador de su distrito. Dionisio Luis nació en Forcall (Castellón) en 1890. Hecho el noviciado y acabada su formación, a partir de 1908 ejerció su ministerio en Tarragona y Barcelona. Estando los dos en La Seu de Urgell preparando los retiros de sus hermanos, solicitaron en la sede de la UGT un salvoconducto para volver a Barcelona; los detuvieron y sin más los fusilaron en el término de Traverseras (Lérida) el 8-VIII-1936.
Beato Manuel Aranda. Nació en Monte Lope Álvarez, localidad aneja a Martos (Jaén), en 1916. Pronto alternó la asistencia a la escuela y el trabajo en el campo. Con 15 años ingresó en el seminario diocesano; terminó el tercer curso de filosofía en junio de 1936. El 21 de julio siguiente lo detuvieron. Los milicianos se ensañaron con él: lo maltrataron física y moralmente y pretendieron que blasfemara, etc. El 8 de agosto de 1936 lo sacaron de la cárcel y lo asesinaron en el término municipal de Martos; tenía 20 años. Fue un seminarista devoto, estudioso, apóstol en tiempo de vacaciones, sensible a los problemas de su época. Beatificado el 13-X-2013.
Beatas María del Carmen Zaragoza y María Rosa Adrover. Las dos habían ingresado, en 1916 y 1920 respectivamente, en la comunidad de Dominicas de Santa Catalina de Siena, de Barcelona, hoy Congregación de la Enseñanza de la Inmaculada. El 18-VII-1936 la comunidad tuvo que dispersarse a causa de la persecución. Estuvieron acogidas en hogares amigos. Ante la inminencia de registros, el 7-VIII-1936 dejaron su refugio y salieron a la calle. Apresadas poco después en la noche del 7 al 8, se las llevaron y las martirizaron en el término municipal de Vallirana (Barcelona). María del Carmen nació en Villajoyosa (Alicante) en 1888. A los 24 años se trasladó a Barcelona, donde visitaba a ancianos pobres, niños huérfanos y enfermos acogidos en asilos y hospitales. De religiosa dio clase a niñas y tuvo el oficio de portera. María Rosa nació en San Roque (Cádiz) en 1888. Muy niña todavía se trasladó con sus padres a Cataluña, luego a Villajoyosa y por último a Barcelona. De religiosa impartió clases gratuitas a niñas y desempeñó el cargo de sacristana. Estaba dotada de notables dotes pedagógicas.
Beatas María del Niño Jesús Baldillou y compañeras mártires. En julio de 1936, desatada la persecución religiosa en España, la comunidad de MM. Escolapias del Colegio de Valencia tuvo que abandonarlo y refugiarse en un piso. El 8 de agosto de 1936 los milicianos se llevaron del piso a las cinco que cabían en el coche que traían. Las llevaron a la playa del Saler, en el término de Valencia, y después de toda clase de vejaciones e insultos, las acribillaron con armas de fuego y usaron también armas blancas. Estos son sus nombres, con el lugar y año de su nacimiento: María del Niño Jesús Baldillou y Bullit, Balaguer (Lleida) 1905; Presentación de la Sagrada Familia Gallén Martí, Morella (Castellón) 1872; María Luisa de Jesús Girón Romera, Bujalance (Córdoba) 1887; Carmela de San Felipe Neri Gómez Lezaun, Eulz (Navarra) 1869; y Clemencia de San Juan Bautista Riba Mestres, Igualada (Barcelona) 1893.
Beato Mariano Pina. Nació en Híjar (Teruel) en 1867. Profesó en la Orden de la Merced en 1889. Recibió la ordenación sacerdotal en 1896. Fue muchos años maestro de novicios. Cuantos lo trataban lo apreciaban por su bondad y afabilidad, humildad y sencillez. Estaba de familia en la comunidad del Olivar en Estercuel cuando arreció la persecución religiosa de 1936. Su salud se hallaba ya muy quebrantada y por eso, cuando los religiosos se dispersaron, él no pudo acompañarlos. Buscando penosamente la salida hacia Zaragoza, el 8 de agosto de 1936 lo reconocieron los milicianos como fraile, lo apresaron y lo mataron a tiros en el término de Muniesa (Teruel). Beatificado el 13-X-2013.
Beato Nicolás de la Torre Merino. Nació en Béjar (Salamanca) en 1892, hizo la profesión religiosa en los Salesianos, como coadjutor, en 1910. Desempeñó sus actividades en Barcelona, Valencia, La Coruña, Vigo y Madrid, donde le sorprendió la persecución religiosa de 1936. Vestido de seglar pudo continuar durante algún tiempo ocupándose de sus trabajos, hasta que, reconocido como religioso, fue encarcelado y fusilado el 8 de agosto de 1936.
Beato Vladimiro Laskowski. Nació en Rogozno (Polonia) el año 1886. Se ordenó de sacerdote en la diócesis de Poznan el año 1914. Estuvo ejerciendo su ministerio en el ámbito parroquial y luego en el diocesano hasta que en marzo de 1940 fue arrestado por los nazis. Lo internaron en el campo de concentración de Dachau, en Alemania, del que pasó al de Gusen, también en Alemania. A consecuencia de las pésimas condiciones del campo y de las torturas a que lo sometieron, falleció el 8 de agosto de 1940.

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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico :
Jesús dijo a sus discípulos: -Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo (Mt 5,13-16).
Pensamiento franciscano :
Santa Clara escribió a santa Inés de Praga: -Vos sabíais que el Señor no da ni promete el reino de los cielos sino a los pobres, que no se puede servir a Dios y al dinero, y que no se puede permanecer glorioso en el siglo y luego reinar allá con Cristo; y que antes podrá pasar un camello por el ojo de una aguja, que subir un rico al reino de los cielos. Por eso vos os habéis despojado de las riquezas temporales. Qué negocio tan grande y loable: dejar las cosas temporales por las eternas, merecer las cosas celestiales por las terrenas, recibir el ciento por uno, y poseer la bienaventurada vida eterna (1CtaCl 19-24).
Orar con la Iglesia:
Al recordar a santo Domingo, que fue una guía luminosa para el pueblo con el ejemplo y la palabra, pidamos al Padre que continúe dando a la Iglesia apóstoles de la verdad y santidad.
-Para que el testimonio de los santos pastores nos estimule a caminar por las sendas de la perfección evangélica.
-Para que la palabra de la Iglesia y de sus ministros sea portadora de luz y de esperanza.
-Para que Dios ilumine a los que tienen responsabilidades en la vida pública a fin de que respeten y promuevan los valores espirituales y morales.
-Para que el Señor conceda a los ministros de la palabra la inteligencia y el valor suficientes para consolidar la verdad y corregir los errores.
Oración: Señor, dirige tu mirada bondadosa sobre tu pueblo y concédele pastores virtuosos y sabios que lo guíen hacia la patria eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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SANTO DOMINGO DE GUZMÁN
De la Catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del 3 de febrero de 2010
Domingo nació en España, en Caleruega, en torno al año 1170. Pertenecía a una noble familia de Castilla la Vieja y, con el apoyo de un tío sacerdote, se formó en una célebre escuela de Palencia. Se distinguió en seguida por el interés en el estudio de la Sagrada Escritura y por el amor a los pobres, hasta el punto de vender los libros, que en su tiempo constituían un bien de gran valor, para socorrer, con lo obtenido, a las víctimas de una carestía.
Ordenado sacerdote, fue elegido canónigo del cabildo de la catedral en su diócesis de origen, Osma. Aunque este nombramiento podía representar para él un cierto motivo de prestigio en la Iglesia y en la sociedad, no lo interpretó como un privilegio personal, ni como el inicio de una brillante carrera eclesiástica, sino como un servicio que debía prestar con entrega y humildad.
El obispo de Osma, que se llamaba Diego, un pastor auténtico y celoso, notó muy pronto las cualidades espirituales de Domingo, y quiso contar con su colaboración. Juntos se dirigieron al norte de Europa, para realizar misiones diplomáticas que les había encomendado el rey de Castilla. Durante el viaje, Domingo se dio cuenta de dos enormes desafíos que debía afrontar la Iglesia de su tiempo: la existencia de pueblos aún sin evangelizar, en los confines septentrionales del continente europeo, y la laceración religiosa que debilitaba la vida cristiana en el sur de Francia, donde la acción de algunos grupos herejes creaba desorden y alejamiento de la verdad de la fe. Así, la acción misionera hacia quienes no conocen la luz del Evangelio, y la obra de nueva evangelización de las comunidades cristianas se convirtieron en las metas apostólicas que Domingo se propuso conseguir. Fue el Papa, al que el obispo Diego y Domingo se dirigieron para pedir consejo, quien pidió a este último que se dedicara a la predicación a los albigenses. Domingo aceptó con entusiasmo esta misión, que llevó a cabo con el ejemplo de su vida pobre y austera, con la predicación del Evangelio y con debates públicos. A esta misión de predicar la Buena Nueva dedicó el resto de su vida.
A Domingo de Guzmán se asociaron después otros hombres, atraídos por la misma aspiración. De esta forma, progresivamente, desde la primera fundación en Tolosa, tuvo su origen la Orden de Predicadores. En efecto, Domingo, en plena obediencia a las directrices de los Papas de su tiempo, Inocencio III y Honorio III, adoptó la antigua Regla de san Agustín, adaptándola a las exigencias de la vida apostólica, que lo llevaban a él y a sus compañeros a predicar trasladándose de un lugar a otro, pero volviendo después a sus propios conventos, lugares de estudio, oración y vida comunitaria. De modo especial, Domingo quiso dar relevancia a dos valores que consideraba indispensables para el éxito de la misión evangelizadora: la vida comunitaria en la pobreza y el estudio.
Ante todo, Domingo y los Frailes Predicadores se presentaban como mendicantes, es decir, sin grandes propiedades de terrenos que administrar. Este elemento los hacía más disponibles al estudio y a la predicación itinerante y constituía un testimonio concreto para la gente. En segundo lugar, Domingo, con un gesto valiente, quiso que sus seguidores adquirieran una sólida formación teológica, y no dudó en enviarlos a las universidades de la época, aunque no pocos eclesiásticos miraban con desconfianza a esas instituciones culturales. Las Constituciones de la Orden de Predicadores dan mucha importancia al estudio como preparación al apostolado. Domingo quiso que sus frailes se dedicasen a él sin reservas, con diligencia y piedad; un estudio fundado en el alma de cada saber teológico, es decir, en la Sagrada Escritura, y respetuoso de las preguntas planteadas por la razón. El desarrollo de la cultura exige que quienes desempeñan el ministerio de la Palabra, en los distintos niveles, estén bien preparados.
Cuando Domingo murió en 1221, en Bolonia, la Orden de Predicadores, con el apoyo de la Santa Sede, se había difundido en muchos países de Europa en beneficio de toda la Iglesia.
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HABLABA CON DIOS O DE DIOS
De varios escritos de la Historia de la Orden de Predicadores
La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor del espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido de la gracia divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.
En todas partes se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.
Con frecuencia pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.
Con frecuencia exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.
Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».
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MENSAJE DE S. S. JUAN PABLO II A LAS CLARISAS
CON MOTIVO DEL VIII CENTENARIO DEL NACIMIENTO
DE SANTA CLARA DE ASÍS (11-VIII-1993)
4. Si Catalina de Siena es la santa llena de pasión por la sangre de Cristo; si Teresa la Grande es la mujer que va de «morada» en «morada» hasta llegar al umbral del gran Rey en el Castillo interior; y si Teresa del Niño Jesús es la que recorre con sencillez evangélica el camino, Clara es la amante apasionada del Crucificado pobre, con quien quiere identificarse totalmente.
En una de sus cartas se expresa de la siguiente manera: «Mira que él por ti se ha hecho objeto de desprecio, y sigue su ejemplo, haciéndote, por amor suyo, despreciable en este mundo. Mira… a tu Esposo, el más hermoso de entre los hijos de los hombres, que por tu salvación se hizo el más vil de los hombres, despreciado, maltratado y flagelado repetidamente en todo el cuerpo, e incluso agonizante entre los dolores más terribles en la cruz. Medita, contempla y trata de imitarlo. Si con él sufres, con él reinarás; si con él lloras, con él gozarás; si con él mueres en la cruz de la tribulación, poseerás con él las moradas celestiales en el esplendor de los santos, y tu nombre quedará escrito en el Libro de la vida…» (2CtaCl 19-22).
Clara, que ingresó en el monasterio cuando tenía apenas 18 años, muere allí a los 59, tras una vida de sufrimientos, oración constante, austeridad y penitencia. Por este deseo ardiente del Crucificado pobre nada le pesará jamás, hasta el punto de que, ya agonizante, dijo a fray Reinaldo, que la asistía «en el largo martirio de tan graves enfermedades»…: «Desde que conocí la gracia de mi Señor Jesucristo por medio de su siervo Francisco, ninguna pena me ha resultado molesta y ninguna penitencia, gravosa; ninguna enfermedad me ha resultado dura, hermano querido» (LCl 44).
5. Pero Cristo, al sufrir en la cruz, también refleja la gloria del Padre y atrae hacia sí en su Pascua a quien lo ha amado hasta compartir sus sufrimientos por amor.
La frágil joven de 18 años que, al huir de su casa la noche del domingo de Ramos del año 1212, se lanza sin titubear a esa nueva experiencia, creyendo sólo en el Evangelio que le indicó Francisco, completamente sumergida con los ojos del rostro y con los del corazón en el Cristo pobre y crucificado, experimenta esta unión que la transforma: «Coloca tus ojos -escribe a Inés de Praga- ante el espejo de la eternidad, coloca tu alma en el esplendor de la gloria, coloca tu corazón en aquel que es figura de la sustancia divina y transfórmate totalmente, por medio de la contemplación, en la imagen de su divinidad. Entonces también tú experimentarás lo que está reservado únicamente a sus amigos, y gustarás la dulzura secreta que Dios mismo ha reservado desde el inicio a los que lo aman. Sin conceder siquiera una mirada a las seducciones, que en este mundo falaz y agitado tienden lazos a los ciegos para atraer hacia ellas su corazón, con todo tu ser ama a aquel que por tu amor se entregó» (3CtaCl 12-15).
Encerrada en el monasterio de San Damián, en una vida marcada por la pobreza, el cansancio, la tribulación y la enfermedad, pero también por una comunión fraterna tan intensa que, en el lenguaje de la Forma de vida, recibe el nombre de «santa unidad», Clara siente la alegría más pura que se haya concedido experimentar a una criatura: la de vivir en Cristo la unión perfecta de las tres Personas divinas, entrando casi en el inefable circuito del amor trinitario.
6. La vida de Clara, bajo la guía de Francisco, no fue una vida eremítica, aunque fue contemplativa y de clausura. Alrededor de ella, que quería vivir como las aves del cielo y los lirios del campo, se reunió un primer núcleo de hermanas, contentas con solo Dios. Esta pequeña grey, que rápidamente fue aumentando, no alimentaba ningún temor: la fe era para ella motivo de tranquilidad y seguridad frente a todo peligro. Clara y las hermanas tenían un corazón tan grande como el mundo: como contemplativas, intercedían por toda la humanidad. Como almas sensibles a los problemas cotidianos de cada uno, sabían hacerse cargo de toda aflicción: no había ninguna preocupación, ningún sufrimiento, ninguna angustia o desesperación ajena que no hallara eco en su corazón de mujeres entregadas a la oración. Clara lloró y suplicó al Señor por la amada ciudad de Asís, asediada por las tropas de Vitale di Aversa, y logró que la ciudad fuera librada de la guerra. Oraba todos los días por los enfermos y muchas veces los curaba con el signo de la cruz. Persuadida de que sólo tiene vida apostólica quien se sumerge en el pecho desgarrado de Cristo crucificado, escribía a Inés de Praga con las palabras de san Pablo: «Te considero colaboradora de Dios mismo y apoyo de los miembros débiles y vacilantes de su Cuerpo inefable» (3CtaCl 8).
Toda la vida de Clara era una eucaristía, porque -al igual que Francisco- elevaba desde su clausura una continua acción de gracias a Dios con la oración, la alabanza, la súplica, la intercesión, el llanto, el ofrecimiento y el sacrificio. Acogía y ofrecía todo al Padre en unión con la infinita acción de gracias del Hijo unigénito, niño, crucificado, resucitado y vivo a la derecha del Padre.

domingo, 24 de julio de 2016

Año Cristiano Franciscano DÍA 25 DE JULIO

DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 25 DE JULIO

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SANTIAGO EL MAYOR, APÓSTOL, patrono de España. Nació en Betsaida; era hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Juan. Jesús, pasando junto al lago de Galilea, vio a los dos hermanos, que estaban repasando las redes, y los llamó a su seguimiento. Junto con su hermano y Pedro, Santiago fue uno de los tres discípulos más cercanos a Jesús, en la curación de la hija de Jairo (Mc 5,37), en la Transfiguración (Mt 17,1), en Getsemaní. Por su carácter pronto e impetuoso, el Señor le impuso a él y a su hermano el sobrenombre de «hijos del trueno» (Mc 3,17). Fue decapitado por Herodes Agripa en Jerusalén el año 44. Desde la antigüedad está muy difundida la persuasión de que Santiago predicó el Evangelio en los confines de Occidente, o sea, en España, y de que sus discípulos recogieron sus restos en Jerusalén y vinieron a enterrarlos en lo que hoy es Compostela. Su sepulcro, a lo largo de la Edad Media y hasta nuestros días, es meta de innumerables peregrinaciones de toda la Cristiandad. -Oración: Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España (nuestro pueblo) se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
SANTA MARÍA DEL CARMEN SALLÉS Y BARANGUERAS. Nació en Vich (Barcelona) el año 1848. En su juventud se embebió de la devoción mariana que crecía en torno a la declaración del dogma de la Inmaculada (1854), y se sintió llamada a trabajar en el campo de la enseñanza y en la formación humana y cristiana de la mujer, entonces muy deficiente. Para abrazar la vida religiosa, rehusó el matrimonio que le proponían. A los 21 años ingresó el noviciado de las religiosas Adoratrices. Las dejó y, de acuerdo con las religiosas y con la ayuda de su director espiritual, se dedicó a la enseñanza en las Dominicas de la Anunciata durante muchos años. Por las circunstancias, tuvo que salir de esta congregación y, en 1892, apoyada por el arzobispo de Burgos, inició la fundación de la Congregación de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, para la formación integral de la mujer. Cristo Redentor y María Inmaculada fueron sus dos grandes amores. Murió en Madrid el 25-VII-1911. Canonizada el 21-X-2012.
BEATO PEDRO DE MOGLIANO. Nació en Mogliano (Las Marcas, Italia) el año 1442. Estudió derecho en Perusa y, apenas iniciado el ejercicio de la abogacía, lo cautivó la predicación de un franciscano, Domingo de Leonessa, con el que compartió más tarde tareas de pacificación entre ciudades. En 1467 vistió el hábito de san Francisco entre los Observantes en el eremitorio de Las Cárceles (Asís). Ordenado de sacerdote, se dedicó a predicar por toda la Italia central con gran provecho del pueblo; durante muchos años fue compañero de san Jaime de la Marca. Llegó como predicador a la isla de Creta. En Camerino conoció a la beata Bautista Varano, clarisa, y entre los dos se estableció una profunda amistad espiritual; la beata fue quien escribió la primera biografía de nuestro beato. Murió serenamente en Camerino (Las Marcas) el 25 de julio de 1490, mientra murmuraba los nombres de Jesús y de María.
BEATO ANTONIO LUCCI. Nació en Agnone (Molise, Italia) el año 1682. De joven entró en la Orden de los Hermanos Menores Conventuales. Emitió los votos religiosos en 1698 y recibió la ordenación sacerdotal en 1705. Se doctoró en teología, que luego enseñó en Nápoles y en Roma. Al mismo tiempo ejercía con celo la predicación y atendía con generosidad a los pobres. Era amante de la Eucaristía, de la Liturgia de las Horas, de la Virgen y de los santos franciscanos. Observaba la Regla y de ella nutría su espíritu. Ocupó cargos importantes en su Orden. Benedicto XIII lo nombró obispo de Bovino (Foggia) en 1729. Como fraile, se dedicó a la oración y al estudio y docencia de la teología; como obispo, cuidó la formación del clero y del pueblo y se entregó a obras de caridad y asistencia social. Murió en Bovino el 25 de julio de 1752. Juan Pablo II lo beatificó en 1989.
BEATA MARÍA TERESA KOWALSKA. Es una de los 108 Mártires de la II Guerra Mundial (1940-43) beatificados por Juan Pablo II en 1999. Nació en Varsovia (Polonia) el año 1902. En 1923 ingresó en las Clarisas Capuchinas de Przasnysz, ofreciéndose como reparación por su familia que se había vuelto atea. En la profesión tomó el nombre de María Teresa del Niño Jesús. Los rasgos principales de su espiritualidad fueron la contemplación de la Pasión de Jesús y la devoción mariana según las enseñanzas de san Luis María Griñón de Monfort. Arrestada por los nazis el 2 de abril de 1941, ofreció su vida por la liberación de las otras religiosas, liberación que tuvo lugar poco después de su muerte. Murió de agotamiento, por la tuberculosis y las condiciones inhumanas del campo de concentración de Dzialdowo (Polonia), el 25 de julio de 1941.
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Santos Beato y Banto. Sacerdotes santos que, en tiempo de san Magnerico, llevaron vida eremítica en Tréveris (Alemania).
San Cristóbal. Sufrió el martirio en la región de la antigua Licia (Turquía), a mediados del siglo III. Según la tradición, fue un gigante que decidió servir al Señor haciendo la obra caritativa de trasportar en sus hombros a las personas de una a otra orilla de un gran río. Un día llevaba a un niño que se le hizo sumamente pesado, y el Niño le manifestó que era el mismo Jesucristo. Su devoción se extendió muchísimo y su imagen, con el Niño a hombros, se hizo muy popular. Se le tomó como patrono de trasportistas y del apostolado de la carretera.
San Cucufate (o Cugat). Sufrió el martirio a espada en Barcelona a principios del siglo IV, durante la persecución del emperador Diocleciano. El gran poeta cristiano Aurelio Prudencio le dedicó un verso.
Santa Glodesinda. Era hija del duque Wintrom y nació el año 578. Rehusó dos matrimonios que le propuso su familia e ingresó en el monasterio de Tréveris, del que era abadesa su tía Rotilde. Más tardé fundó en Metz, en terrenos que le dieron sus padres, un monasterio que puso bajo la Regla de San Benito y del que fue abadesa hasta su muerte, a los 30 años de edad, en el 608.
San Magnerico. Fue discípulo del obispo de Tréveris (Alemania) san Niceto, a quien acompañó fielmente cuando éste fue desterrado y al que emuló, al sucederle en la sede episcopal, en el celo por la salvación de las almas. Murió el año 596.
Santa Olimpiades (u Olimpias). Nació en Constantinopla de familia acomodada, bien relacionada incluso con el emperador, en la década de los 360. Recibió una esmerada educación y contrajo matrimonio, pero quedó viuda siendo aún muy joven. Rehusó nuevas nupcias y decidió consagrarse a las obras de piedad y de caridad permaneciendo entre las mujeres consagradas a Dios. Se dedicó a asistir a los pobres y a colaborar fielmente con san Juan Crisóstomo, a quien acompañó incluso durante su destierro. Murió en Nicomedia de Bitinia (Turquía) el año 408.
San Teodomiro de Córdoba. Cuenta su martirio san Eulogio de Córdoba. Teodomiro era natural de Carmona (Sevilla), y abrazó la vida monástica en su misma ciudad natal o en Córdoba donde, siendo aún joven, se presentó ante las autoridades musulmanas para profesar su fe cristiana. Fue martirizado de inmediato. Era el año 851.
Santa Valentina, santa Tea y san Pablo. Sufrieron el martirio en Cesarea de Palestina el año 308, durante la persecución llevada a cabo en tiempo del emperador Maximiano. Valentina, virgen, había derribado a puntapiés un altar dedicado a los ídolos paganos, por lo que, después de someterla a crueles tormentos, la arrojaron viva, junto con Tea, también virgen, a una hoguera. Pablo, condenado a muerte, consiguió un breve espacio de tiempo para orar y pedir con todo el corazón a Dios la salvación de todos. Luego fue decapitado.
Beatos Ángel de San José y Vicente de la Cruz, Carmelitas descalzos. Al estallar en España la persecución religiosa de 1936, los dos pertenecían a su comunidad de Tarragona. Buscaron refugio donde pudieron, pero el 25 de julio de 1936 los detuvieron los milicianos y los fusilaron en el muelle de Tarragona. Ángel de San José nació en L'Espluga de Francolí (Tarragona) en 1896. Profesó el año 1921 como hermano laico en Tucson (USA), donde trabajó especialmente en la pastoral juvenil. En 1934 fue destinado a Tarragona como portero. Vicente de la Cruz nació en Vallat (Castellón) en 1908. Hizo la profesión temporal en 1924 y en 1930 fue destinado a Washington, donde recibió la ordenación sacerdotal en 1934. En 1935 lo destinaron a Tarragona como profesor. Era observante, con una atención especial a la liturgia, y con gran dedicación a los niños y a los pobres.- Beatificados el 13-X-2013.
Beatos Antonio Varona Ortega y 3 compañeros mártires, Dominicos. El 25 de julio de 1936, apenas iniciada en España la persecución religiosa, estos cuatro religiosos apresados en Nambroca (Toledo), fueron fusilados junto a la estación ferroviaria de Algodor (Madrid). Antonio Varona nació en Zumel (Burgos) en 1901, y profesó en 1918. En 1922 lo enviaron a Estados Unidos, donde completó los estudios de teología e hizo cursos superiores de pedagogía. En 1926 fue ordenado sacerdote y aquel mismo año llegó a Filipinas, donde fue un gran profesor. Regresó a España en 1933 enfermo de tuberculosis, enfermedad que sobrellevó con gran resignación, mansedumbre y dulzura. Higinio Roldán nació en Ollogoyen (Navarra) en 1895; de joven se dedicó a faenas del campo y otros menesteres de la familia. Comenzó el noviciado como hermano cooperador en 1921, pero tuvo que interrumpirlo para cumplir el servicio militar. Su último destino fue Nambroca, donde llevó la administración. Era afable, generoso, entregado a la oración. Juan Crespo nació en Villada (Palencia) en 1895, profesó como hermano cooperador en 1919 y se dedicó a tareas de procurador y administrador. Enseñaba el catecismo a los obreros. José Luis Palacio nació en Tiñana, Siero (Asturias) en 1870, profesó en 1895 y fue ordenado sacerdote en 1899. Llevado de su espíritu misionero estuvo en Perú hasta 1921. Ya en España, ejerció el sagrado ministerio en diversas casas.
Beato Bernardo Vendrell. Nació en Sant Esteve d'Ordal (Barcelona) en 1878. Profesó como hermano laico en los benedictinos de Montserrat en 1900. Ejerció los oficios de herrero y sacristán. Se distinguió por su discreción y fidelidad, y por su observancia de la Regla. Desatada la persecución religiosa, el 25 de julio de 1936 se dirigió a su pueblo natal; en un control de la carretera declaró sin titubeos que era monje de Montserrat; lo asesinaron a la salida de Gélida, en la misma carretera. Beatificado el 13-X-2013.
Beato Darío Acosta Zurita. Nació en Naolinco (Veracruz, México) el año 1908. Huérfano de padre y con cuatro hermanos, tuvo que ayudar a los suyos. Mons. Rafael Guizar no quería llevárselo al seminario por no dejar a su madre desamparada, pero fue ésta la que lo ofreció generosamente. Se ordenó de sacerdote el 25 de abril de 1931. Lo destinaron como vicario a la parroquia de la Asunción de Veracruz. Iniciada la persecución religiosa, el 25 de julio de 1931, a los tres meses de su ordenación sacerdotal, cuando acababa de bautizar a un niño, lo alcanzaron las balas de unos soldados que habían asaltado la iglesia, y murió. Tenía 23 años. Fue beatificado el 2005.
Beatos Deogracias Palacios y compañeros mártires. El 25 de julio de 1936 fueron sacrificados en Motril (Granada, España) cinco religiosos agustinos recoletos, miembros de la comunidad que trabajaba en aquella ciudad. Temprano, una masa de exaltados, llenos de odio a la religión, incendió el convento y acribilló a tiros en la vía pública a los cinco mártires. Éstos son sus nombres, los cuatro primeros eran sacerdotes y el quinto religioso profeso: Deogracias Palacios, nació en Baños de Valdearados (Burgos) en 1901 y vistió el hábito de los agustinos en Ágreda (Soria); León Inchausti, nació en Ajánguiz (Vizcaya) en 1859 y a los 19 años ingresó en los agustinos recoletos; José Rada, nació en Tarazona (Zaragoza) en 1861 e hizo su profesión simple en 1878; Julián Moreno, nació en Alfaro (La Rioja) en 1871 y en 1887 hizo la profesión en manos de su tío san Ezequiel Moreno; José Ricardo Díez, nació en Camposalinas (León) en 1909 y comenzó su primer noviciado (hizo un segundo) en 1925.
Beato Dionisio Pamplona Polo. Nació en Calamocha, provincia de Teruel (España), el año 1868. Vistió el hábito de los Clérigos Regulares de las Escuelas Pías en 1882 y se ordenó de sacerdote en 1893. Luego se dedicó a la tarea educadora, propia de los escolapios, en diferentes colegios de su Orden. Estuvo trabajando unos años en Argentina, y también ejerció el apostolado parroquial. Al estallar la guerra y la persecución religiosa de España, sufrió muchas angustias y peripecias hasta que, después de hacer la señal de la cruz y gritar: «¡Viva Cristo Rey!», lo fusilaron en Monzón (Huesca) el año 1936.
Beatos Eduardo del Niño Jesús y Gabriel de la Anunciación. El 20 de julio de 1936, cuando estalló en España la persecución religiosa, estos dos Carmelitas Descalzos estaban ocasionalmente en Tiana (Barcelona). Se refugiaron en una casa particular, pero el 25-VII-1936 los arrestaron en un registro, los llevaron a Montcada y allí los fusilaron. Eduardo nació en Torms (Lérida) en 1897. Hizo la profesión en 1913. Fue ordenado sacerdote, con dispensa de edad, en 1920. Estuvo en México y Estados Unidos hasta 1933, en que lo destinaron a Barcelona como profesor de teología. El 1936 fue elegido prior de Tarragona. Gabriel nació en Valls (Tarragona) en 1908. Hizo la profesión en 1924. En 1929 lo enviaron a Roma, donde se ordenó sacerdote en 1932. Se especializó en historia de su Orden. Para cumplir el servicio militar en las misiones extranjeras, marchó al Monte Carmelo (Israel). Después estudió y enseñó en la Escuela Apostólica Vaticana. Vino a España de vacaciones.
Beato Enrique Morante. Nació en Lérida el año 1896. Profesó en la Orden de la Merced en 1915 y fue ordenado sacerdote en 1924. Tuvo varios destinos y pasó unos años en Puerto Rico. Fue maestro de sus estudiantes profesos, le encargaron la catequesis y la asistencia a los pobres y enfermos, se tomó muy en serio la práctica de la caridad cristiana. Lo destinaron a Lérida en 1936 y, al desatarse la persecución religiosa, se refugió en casa de sus padres. El 25 de julio de 1936 fue sorprendido por los milicianos en los alrededores de la ciudad y lo mataron en la plaza de la estación del tren. Beatificado el 13-X-2013.
Beatos Federico Rubio Álvarez y compañeros mártires. La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios abrió en 1935 una escolanía misionero-hospitalaria con finalidad vocacional en Talavera de la Reina (Toledo, España). El 25 de julio de 1936, los milicianos registraron una vez más la casa religiosa y se llevaron a los 4 hermanos, que fueron objeto de burlas y malos tratos por parte de la plebe. Tras un simulacro de juicio popular, los llevaron a las afueras del pueblo y los fusilaron. Éstos son sus nombres, el primero era sacerdote y los otros tres hermanos profesos: Federico Rubio Álvarez, nacido en Benavides (León) en 1862; Primo Martínez de San Vicente Castillo, nacido en San Román de Campeza (Álava) en 1869; Jerónimo Ochoa Urdangarín, nacido en Goñi (Navarra) y Juan de la Cruz Delgado Pastor, nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz) en 1914.
Beatos Ildefonso M. Civil y Francisco de Paula Sánchez, Benedictinos. Iniciada en España la persecución religiosa de 1936, estos dos monjes de Montserrat dejaron el monasterio el 25 de julio de 1936 y buscaron refugio en Molins de Rey (Barcelona), en casa de familiares suyos. Aquel mismo día fueron detenidos por los milicianos y se cree que, como solía hacerse entonces, fueron asesinados en los pozos de Can Campmany de Santa Creu de Olorde. Ildefonso M. Civil nació en Molins de Rey en 1889. Desde niño manifestó buenas aptitudes para la música, en la que se perfeccionó en Barcelona y París. Cumplido el servicio militar, ingresó en Montserrat, y emitió la primera profesión como hermano laico en 1916. Fue maestro de música en la escolanía y secretario particular del abad. Francisco de Paula Sánchez nació en Barcelona el año 1880. Hizo la primera profesión en 1905 y empezó los estudios eclesiásticos que una grave enfermedad le impidió continuar, por lo que se quedó como hermano laico. Tenía cualidades para la música y trabajó en la Schola cantorum.- Beatificados el 13-X-2013.
Beato Jesús Massanet. Nació en Capdepera (Mallorca) en 1899, de familia muy acomodada. Vistió el hábito mercedario en 1917 y fue ordenado sacerdote en 1923. Hizo un gran apostolado, como capellán militar, en la campaña del Rif. Fue predicador fervoroso en sus sermones de misión, en las pláticas de los jueves eucarísticos y en las horas santas. Era morador de Lérida y tuvo que buscar refugio fuera del convento cuando estalló la persecución religiosa. El 25 de julio de 1936 lo encontraron los milicianos por denuncia de una vecina, y lo acribillaron a balazos en plena calle. Beatificado el 13-X-2013.
Beato José Benito y compañeros mártires. Son 5 Hermanos de las Escuelas Cristianas: José Benito, Mariano León, Vicente Justino, Arnoldo Julián y Benedicto José. Todos ellos pertenecían a la comunidad de Montcada (Barcelona) cuando en 1936 se desató la persecución religiosa en España. Al tener que dejar el convento, los cuatro primeros se escondieron en una finca de D. Pedro Garau, pero, el 25 de julio de 1936, los milicianos los detuvieron y dijeron que los llevarían a Francia, sin embargo los llevaron al cementerio del pueblo y allí los acribillaron a balazos. El quinto de los hermanos, Benedicto José, buscó refugio por su parte, pero también fue detenido y fusilado en la misma fecha junto al río Besós. José Benito nació en Mieras (Gerona) en 1913 y tomó el hábito religioso en 1929. Mariano León nació en Viñambres de Valduerna (León) en 1910 y tomó el hábito religioso en 1927. Vicente Justino nació en Piedrahita de Muño (Burgos) en 1912 y tomó el hábito religioso en 1929. Arnoldo Julián nació 1902 en Abastas (Palencia) y tomó el hábito religioso en 1918. Benedicto José nació en Capsanes (Tarragona) en 1903 y tomó el hábito religioso en 1919.
Beato José Garriga. Nació en Cabra del Camp (Tarragona) en 1872. Ordenado sacerdote en 1899, ejerció el ministerio en Reus, Cambrils y por último en Montbrió del Camp. Fue un verdadero padre de los pobres, tanto material como espiritualmente, cuidó con esmero el catecismo, dedicó muchas horas al confesonario. Al estallar la persecución religiosa, buscó refugio en Reus. El 25 de julio de 1936 los milicianos lo detuvieron, lo maltrataron con sevicia y lo mataron a tiros junto a la puerta del santuario de Ntra. Sra. de la Misericordia de Reus; luego quemaron su cadáver. Beatificado el 13-X-2013.
Beato José López Tascón, dominico. Nació en Aviados (León) en 1896, profesó en 1914 y recibió la ordenación sacerdotal en 1921. Fue escritor y profesor. En 1930 lo destinaron al convento de Atocha en Madrid. El 20-VII-1936, tras el asalto al convento, lo hirieron gravemente en la calle; al día siguiente, el personal de la Cruz Roja lo condujo a un hospital de la calle Navas de Tolosa, donde dio muestras de resignación y aceptación del sufrimiento. Lo atendió una dominica de la Anunciata, y un dominico le administró los sacramentos. Y allí murió el 25-VII-1936 ofreciendo su vida a Dios por la paz de España y la conversión de sus perseguidores.
Beatos Juan de Jesús y Bartolomé de la Pasión. Estos carmelitas descalzos de la comunidad de Lérida, cuando empezó la persecución religiosa, se escondieron en los alrededores del convento. Días después, buscando un lugar más seguro, marcharon hacia Alcarràs, pero enseguida fueron descubiertos por un grupo de milicianos. Cuando confesaron que eran "frailes de Santa Teresita", les dispararon, y murieron en el acto. Era el 25 de julio de 1936. Juan de Jesús nació en Vich (Barcelona) en 1907. Tuvo bastante relación con los franciscanos de su barrio. Profesó en los carmelitas en 1923. Ordenado sacerdote en 1930, fue destinado al santuario de Santa Teresita de Lérida, entonces en construcción. Allí se dedicó a la administración de la revista "Lluvia de Rosas" y a la catequesis infantil. Bartolomé de la Pasión nació en Pla de Cabra, hoy Pla de Santa María (Tarragona), en 1894. Profesó en los carmelitas, co! mo hermano laico, en 1921. Después estuvo en los nuevos conventos de Badalona y Lérida participando en las obras de construcción. Siempre mantuvo un espíritu alegre. Beatificados el 13-X-2013.
Beato Juan Soreth. Nació en Caen (Francia) el año 1394. Vistió el hábito carmelita en su ciudad natal, y recibió la ordenación sacerdotal hacia 1417. Ejerció muchos cargos de responsabilidad: maestro de teología en París, regente de estudios, provincial de Francia (1440-51) y Prior General de su Orden de 1451 hasta su muerte. Desarrolló una incansable labor reformadora en un periodo crítico para la Iglesia y para su Orden. Recorrió Europa para promover la «observancia». Escribió un comentario a la Regla y publicó las Constituciones de 1462. También contribuyó considerablemente al desarrollo y establecimiento de las monjas carmelitas, y al florecimiento de la Tercera Orden Secular Carmelita. Murió en Angers (Francia) el año 1471.
Beato Miguel Luis Brulard. Nació en Chartres el año 1758. Estudió teología en la Universidad de París, pero en 1772 ingresó en los carmelitas descalzos de Charenton y se ordenó de sacerdote. Se negó a seguir las directrices de la Revolución Francesa, por lo que lo arrestaron en 1793. Condenado a la deportación, lo embarcaron en el pontón Les Deux Associés, anclado en la costa de Rochefort. Los compañeros de prisión lo tuvieron por un verdadero ángel de aliento y de paz. Exhausto por las condiciones inhumanas del lugar, murió de pulmonía en 1794.
Beato Miguel Peiró Victori. Nació en Aiguafreda (Barcelona) el año 1887. Contrajo matrimonio en 1915 con Francisca Ribes y tuvieron dos hijos. Ingresó en la Orden seglar dominicana. Trabajó en una fábrica de tejidos y colaboró en un círculo de obreros católicos. Fue a Barcelona en busca de su hermano el beato Ramón Peiró. Regresó a Hospitalet de Llobregat, donde vivía, y allí fueron los milicianos a buscarlo a él y a su hijo fray José, dominico. Se lo llevaron y poco después se oyeron unos disparos que le causaron la muerte. Era el 25 de julio de 1936. Fue beatificado el año 2007.
Beatos Pedro Largo Redondo y compañeros mártires. Pedro del Sagrado Corazón Largo Redondo, sacerdote, Félix de las Cinco Llagas Ugalde Irurzum y Benito de la Virgen del Villar Solana Ruiz, religiosos, de la Congregación de la Pasión, formaban parte de la comunidad de pasionistas de Daimiel (Ciudad Real). Varios miembros de esta comunidad fueron martirizados en otras fechas. Los tres que ahora conmemoramos fueron fusilados por lo milicianos el 25 de julio de 1936 en Urda, provincia de Toledo (España), sin otro motivo que su condición de religiosos. Pedro nació en Alda de los Cardaños (Palencia) en 1907 y se ordenó de sacerdote en 1932. Félix nació en Mendigorría (Navarra) en 1915, y cuando lo martirizaron era estudiante y tenía veinte años. Benito nació Cintruénigo (Navarra) en 1898, era hermano profeso y había estado varios años en Cuba y en México.
Beatos Rodolfo Aquaviva y compañeros mártires. Son cinco jesuitas masacrados por los paganos en la península de Salsette, junto a Goa, en la India, el 25 de julio de 1583. Los misioneros contaban con el apoyo de las autoridades portuguesas, pero los nativos estaban disgustados por la destrucción de sus templos e ídolos, y los asaltaron cuando iban a abrir una residencia para los misioneros. Éstos son los mártires, los cuatro primeros eran sacerdotes, y el quinto hermano profeso: Rodolfo Acquaviva nació en Atri, reino de Nápoles (Italia), en 1550, hijo del duque de Atri; Alfonso Pacheco nació en Minaya (Albacete, España) en 1551; Pedro Berna nació en Ascona (Ticino, Suiza) en 1553; Antonio Francisco nació en Coimbra (Portugal) en 1553; y Francisco Aranha era también portugués y había ido a la India con su tío, el primer obispo de Goa, donde ingresó en la Compañía de Jesús.
Beato Tomás Carbonell. Nació en Jijona (Alicante) en 1888. Profesó en la Orden de la Merced en 1908. Fue ordenado sacerdote en 1911. Lo destinaron a la enseñanza, y se reveló como un gran educador. En el ministerio de la palabra fue elocuente e incansable. Desempeñó cargos de autoridad. Al frente del reformatorio de Godella, supo ser padre y amigo de los muchachos. Como provincial, renovó la forma de gobernar. El 21-VII-1936, estando de visita en Lérida, se cerró el convento a causa de la persecución. Él se refugió en casa de un sacerdote, de donde lo sacaron los milicianos que lo asesinaron a sólo unos pasos, en plena calle; era el 25 de julio de 1936. Beatificado el 13-X-2013.
PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
A raíz de la petición de la madre de los Zebedeos a Jesús, éste dijo a sus apóstoles: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,25-28).
Pensamiento franciscano:
San Francisco escribió a todos los fieles: «Amemos a Dios y adorémoslo con corazón puro y mente pura, porque Él mismo, buscando esto sobre todas las cosas, dijo: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad» (2CtaF 19).
Orar con la Iglesia:
Oremos a Dios, Padre todopoderoso, y pidámosle que derrame de continuo sobre su pueblo los beneficios de su misericordia.
-Por la santa Iglesia de Dios: para que anuncie a todos con humidad y valentía el mensaje apostólico del Reino.
-Por la Conferencia Episcopal Española: para que el Espíritu Santo la ilumine y guíe en sus deliberaciones y decisiones.
-Por todas las regiones de nuestra nación: para que construyamos una convivencia justa y pacífica a través del diálogo y la mutua comprensión.
-Por todos los que se ven forzados a vivir alejados de su patria: para que no vacile su fe y sus buenas costumbres, y encuentren amor y acogida.
Oración: Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia que está en España, que reconoce al apóstol Santiago como su patrono e intercesor, y danos salud, trabajo, paz, solidaridad y aprecio mutuo entre todos sin excepción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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SANTIAGO EL MAYOR, APÓSTOL
De la catequesis de S. S. Benedicto XVI
en la audiencia general del miércoles 21-VI-2006
Las listas bíblicas de los Doce mencionan dos personas con este nombre: Santiago, el hijo de Zebedeo, y Santiago, el hijo de Alfeo, que por lo general se distinguen con los apelativos de Santiago el Mayor y Santiago el Menor. Santiago el Mayor, juntamente con Pedro y Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a los momentos importantes de su vida.
Dado que hace mucho calor, quisiera abreviar y mencionar ahora sólo dos de estas ocasiones. Santiago pudo participar, juntamente con Pedro y Juan, en el momento de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración de Jesús. Se trata, por tanto, de situaciones muy diversas entre sí: en un caso, Santiago, con los otros dos Apóstoles, experimenta la gloria del Señor, lo ve conversando con Moisés y Elías, y ve cómo se trasluce el esplendor divino en Jesús; en el otro, se encuentra ante el sufrimiento y la humillación, ve con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilla haciéndose obediente hasta la muerte.
Ciertamente, la segunda experiencia constituyó para él una ocasión de maduración en la fe, para corregir la interpretación unilateral, triunfalista, de la primera: tuvo que vislumbrar que el Mesías, esperado por el pueblo judío como un triunfador, en realidad no sólo estaba rodeado de honor y de gloria, sino también de sufrimientos y debilidad. La gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, participando en nuestros sufrimientos.
Esta maduración de la fe fue llevada a cabo en plenitud por el Espíritu Santo en Pentecostés, de forma que Santiago, cuando llegó el momento del testimonio supremo, no se echó atrás. Al inicio de los años 40 del siglo I, el rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, como nos informa san Lucas, «por aquel tiempo echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan» (Hch 12, 1-2). La concisión de la noticia, que no da ningún detalle narrativo, pone de manifiesto, por una parte, que para los cristianos era normal dar testimonio del Señor con la propia vida; y, por otra, que Santiago ocupaba una posición destacada en la Iglesia de Jerusalén, entre otras causas por el papel que había desempeñado durante la existencia terrena de Jesús.
Una tradición sucesiva, que se remonta al menos a san Isidoro de Sevilla, habla de una estancia suya en España para evangelizar esa importante región del imperio romano. En cambio, según otra tradición, su cuerpo habría sido trasladado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela.
Como todos sabemos, ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y sigue siendo meta de numerosas peregrinaciones, no sólo procedentes de Europa sino también de todo el mundo. Así se explica la representación iconográfica de Santiago con el bastón del peregrino y el rollo del Evangelio, características del apóstol itinerante y dedicado al anuncio de la «buena nueva», y características de la peregrinación de la vida cristiana.
Por consiguiente, de Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la «barca» de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. Así, Santiago el Mayor se nos presenta como ejemplo elocuente de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en compartir con los Apóstoles el martirio.
Y al final, resumiendo todo, podemos decir que el camino no sólo exterior sino sobre todo interior, desde el monte de la Transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza toda la peregrinación de la vida cristiana, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, como dice el concilio Vaticano II. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino.
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PARTÍCIPES DE LA PASIÓN DE CRISTO
San Juan Crisóstomo, Homilía 65, 2-4,
sobre el evangelio de san Mateo
Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: «No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís». Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?Es como si les dijera: «Vosotros me habláis de honores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Este no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros».
Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: «¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?», sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber. De este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su pasión le da el nombre de «bautismo», para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.
¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: «Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.
Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez, que envidiaban a sus dos colegas. Pero -como ya dije en otro lugar- si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los apóstoles. En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio.
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LA ORACIÓN, DESARROLLO
DE LA «VIDA DE PENITENCIA»

por Kajetan Esser - Engelbert Grau, OFM
Francisco, maestro de oración (I)
Ya los primeros hermanos pidieron encarecidamente a san Francisco que «les enseñara a orar». Francisco aceptó seriamente esta petición y se volcó a la tarea de educar a sus hermanos en la oración vocal y mental, invitándoles a dedicarse con celo a la oración desinteresada. En las Reglas les inculcó repetidamente este deber: «Por eso, los siervos de Dios deben perseverar siempre en la oración o en alguna obra buena» (1 R 7,12). Dado que el trabajo, sin excluir el manual, ocupaba un gran papel en la vida de los Hermanos Menores y, por ello, existía el riesgo de que los hermanos se perdieran en sus ocupaciones, malogrando con ello la unión viva con Dios, Francisco determinó en la Regla definitiva la exhortación áurea, valedera para siempre, que Clara transcribió para sus hermanas: «Los hermanos a quienes el Señor ha dado la gracia de trabajar, trabajen fiel y devotamente, de tal suerte que, desechando la ociosidad, enemiga del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, al cual las demás cosas temporales deben servir» (2 R 5,1-2; RCl 7).
Además, la carta de san Francisco a san Antonio de Padua nos demuestra que, con la anterior exhortación, Francisco no se refería únicamente al trabajo manual. Dice, en efecto: «Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos, con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción, como se contiene en la Regla». Francisco quiere, por tanto, que cualquier trabajo y cualquier ocupación de sus hermanos estén impregnados por el espíritu de oración y que éstos, en todo cuanto hacen, se consagren por entero a Dios, para convertirse en un único sacrificio a Dios y, así, darle gloria.
Con esto queda ya expuesto lo esencial sobre la enseñanza de san Francisco respecto a la oración. Se trata, ante todo, de que el hombre, completamente purificado, se vacíe de sí mismo para que Dios pueda tomar posesión plena de él; Francisco expresa esto de forma inimitablemente breve en la Regla a los hermanos -y Clara repite con fidelidad estas palabras a sus hermanas-: «Los hermanos atiendan a que sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación, orar siempre a él con puro corazón...» (2 R 10,8-9; RCl 10).
Tanto Francisco como Clara exponen en el mismo capítulo con gran concretez en qué consiste dicha «pureza de corazón»: «Amonesto de veras y exhorto en el Señor Jesucristo que se guarden los hermanos de toda soberbia, vanagloria, envidia, avaricia, cuidado y solicitud de este siglo, detracción y murmuración». Cuando estos vicios se señorean en la vida de un hombre, manifiestan con toda evidencia que dicho hombre es egoísta y que todo su pensar, sus aspiraciones y su actuar giran en torno al propio yo y que, por tanto, se encuentra dominado por el espíritu impuro del propio yo, por el «espíritu de la carne», como lo llama Francisco. Por el contrario, cuanto más domina el hombre redimido los vicios aquí enumerados, tanto más libremente y sin impedimentos puede el Espíritu del Señor llenar a este hombre, porque reza con puro corazón.
Francisco había expuesto este pensamiento con más detalle en la Regla no bulada: «Mas en la santa caridad que es Dios, ruego a todos los hermanos que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, del mejor modo que puedan, hagan servir, amar, honrar y adorar al Señor Dios con corazón limpio y mente pura, que es lo que él busca sobre todas las cosas; y hagámosle siempre allí habitación y morada a aquél que es Señor Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo» (1 R 22,26-27). A la unión del hombre con Dios precede, pues, la pureza de corazón, el desprendimiento de sí mismo y de todo lo que no es de Dios.
[En Selecciones de Franciscanismo, vol. III, núm. 8 (1974) 174-181]
 

 

jueves, 14 de julio de 2016

El padre Valentín Goldie nombrado mejor técnico en Roma

Flickr/Ford Europe

El padre Valentín Goldie hace historia en la Clericus Cup

Los equipos esperan la salida a la cancha. Ambas escuadras, impecablemente vestidas y ordenadas de forma paralela, caminan hacia el rectángulo de juego. En las tribunas, los hinchas, torcedores o tifosi (llámelos como quiera) alientan a su equipo con cantos, bombos y hasta guitarras. El juez llama a los capitanes, realiza el sorteo y comprueba que todo esté en orden para comenzar el partido. Mira el reloj, se persigna, pita el inicio y rueda el balón. Hasta aquí una imagen que podemos ver cada domingo o miércoles en nuestras pantallas, en el estadio o en cualquier cancha de fútbol profesional. Pero los jugadores de este partido tienen una particularidad, son sacerdotes… o seminaristas en camino de serlo. Son imágenes de la denominada Clericus Cup; un torneo que se realiza todos los años en Roma y que tiene como objetivo integrar el deporte a la experiencia de vida del sacerdote y del seminarista. Justamente sacerdotes y seminaristas son los únicos habilitados a participar de esta competencia que se realiza desde el año 2007 en Roma, fue creada por el Cardenal Tarsicio Bertone y organizada y financiada por el propio Vaticano. Entre los 350 participantes hay jugadores de 65 países, de los cinco continentes, de las edades, estado físico y capacidad técnica más variadas; es que lo importante es competir, más que ganar (aunque a cualquiera que se haya calzado los zapatos de fútbol no le sea tan fácil discernirlo).
El padre Valentín Goldie recibe su premio a mejor Director Técnico. /Flickr: Centro Sportivo Italiano-Presidenza Nazionale
El padre Valentín Goldie recibe su premio a mejor Director Técnico. /Flickr: Centro Sportivo Italiano-Presidenza Nazionale
Y como siempre hay un uruguayo donde ruede una pelota, la Clericus Cup no es la excepción; en este caso no desde el verde césped sintético de la cancha donde se juegan los encuentros, sino desde la línea de cal, desde el banco, como técnico. Su nombre es Valentín Goldie, sacerdote de la Arquidiócesis de Montevideo, que está realizando un doctorado en dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana, y que tiene el orgullo de dirigir el equipo de fútbol del Colegio Pio Latinoamericano, donde habita con sacerdotes de todo el continente que también están cursando sus estudios en Roma. Cuando arribó a la capital italiana, hace dos años, llegó a calzarse los guantes (era uno de los goleros del equipo), pero confiesa que este año ya le iba a ser complicado afrontar “comer banco” como él dice, así que prefirió ser el técnico del equipo. Mal no le fue, el Pio Latinoamericano consiguió un histórico cuarto puesto, y él fue nombrado mejor técnico del torneo. “Fue muy emotivo, me dieron como premio un cubre ambón que ahora está vistiendo el templo de Nuestra Señora de Lourdes en Malvín, la parroquia en la que nací a la fe” comentó.
Para el padre Valentín la experiencia es sumamente enriquecedora, ya que todos los jugadores, técnicos y hasta los propios tifosi, se toman muy en serio los partidos, además comenta entre risas: “Cuantas veces entrás a una cancha y tenés San Pedro como panorámica”. Muchos equipos realizan entrenamientos por lo menos una vez a la semana y afrontan los encuentros con mucha intensidad. “Tenemos que ordenar muy bien los horarios porque celebramos misa, estudiamos y algunos tienen actividades pastorales, pero el entrenamiento es necesario” advierte. No solo es una forma de distraerse un poco, de realizar una actividad deportiva (en este caso la más popular del mundo), sino también de trabajar en equipo por una causa e integrarla en esa experiencia vital del sacerdote, de estar viviendo y estudiando lejos de su diócesis, en muchos casos, durante tres o más años.
El árbitro da los tres silbatazos que marcan el final, los jugadores se saludan. Luego de 60 minutos de fútbol están agotados, listos para una ducha, un refrigerio y descansar un poco. Los espera el estudio, el trabajo pastoral y la oración.

El Presidente de la República recibió al Consejo Permanente de la CEU


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El Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, recibió esta tarde a los Obispos integrantes del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU): Mons. Carlos Collazzi (Presidente, Obispo de Mercedes), Mons. Arturo Fajardo (Vicepresidente, Obispo de San José de Mayo) y Mons. Milton Tróccoli (Secretario General, Obispo Auxiliar de Montevideo).
En la reunión, que se desarrolló en la Residencia Presidencial de Suárez, los obispos miembros del nuevo Consejo Permanente de la CEU, que asumió en el mes de abril del año en curso, le presentaron al Primer Mandatario su saludo y le expresaron su disposición para seguir colaborando en todo lo que atañe al bien común de los uruguayos, especialmente aquellos más vulnerables. 
Asimismo, departieron sobre los pasos a seguir respecto a la apertura de los archivos vaticanos para la búsqueda de posibles datos sobre personas desaparecidas en el período de la dictadura militar. 
Finalmente, conversaron sobre otras temáticas de interés común.